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Está claro que no todas las personas crecen y se desarrollan al mismo ritmo. Sin embargo, mientras que el desarrollo físico depende básicamente de los genes y de la alimentación y en la mayoría de los casos va progresando sin que tengamos que preocuparnos por él, con el desarrollo psicológico y emocional ocurre algo distinto.

Nuestras competencias y habilidades a la hora de gestionar las emociones y relacionarnos con los demás no dependen de procesos biológicos automáticos, sino de la manera en la que aprendemos a interactuar con el entorno (y con las personas que se encuentran en este).

Eso significa que las personas que no se preocupen por llevar sus habilidades emocionales y sociales a un mínimo se quedan estancadas antes de llegar a la mayoría de edad, o bien poco después. En estos casos podemos hablar de adultos emocionalmente inmaduros.

¿Cómo son las personas emocionalmente inmaduras?

Las personas emocionalmente inmaduras lo son profundamente, no desde las apariencias.

Jugar a videojuegos, ser fan de películas de animación o disfrutar de la espontaneidad de ciertas situaciones no nos dice nada sobre el nivel de madurez de una persona; tan solo expresa gustos personales. Pero otros patrones de conducta sí nos hablan sobre el grado en el que la manera de experimentar las emociones de un adulto se ha quedado estancada en una etapa juvenil o casi adolescente.

En resumidas cuentas, una persona emocionalmente inmadura se caracteriza por no regular sus emociones de acuerdo a objetivos a largo plazo que incluyen el bienestar de los demás.

Además, esta es una característica que afecta a todas las facetas de su vida; no podemos hablar de adultos emocionalmente inmaduros, por ejemplo, en el caso de artistas que expresen sus sentimientos de manera unilateral y explosiva específicamente a través de formas de representación artística.

Ahora bien, esta definición puede parecer demasiado abstracta, así que pasemos a ver las principales características de este tipo de personas adultas.

1. No asumen compromisos

Los adultos emocionalmente inmaduros evitan de forma sistemática los compromisos. Esto significa que no lo hacen a partir de un análisis de los costes y beneficios de llegar a un pacto con alguien, sino que, por defecto, ni se plantean cumplir una serie de tareas y responsabilidades para hacer el bien en otros.

Establecer compromisos implicaría establecer un equilibrio entre al menos dos personas que, como sienten de manera distinta y experimentan diferentes cosas, necesitan crear un acuerdo de estabilidad para que la relación pueda seguir adelante.

Pero los adultos emocionalmente inmaduros se caracterizan porque su apreciación de las emociones se limita a las suyas propias, sin tener demasiado en cuenta las de los demás. Por consiguiente, como un compromiso solo puede existir cuando hay una cierta simetría entre la importancia de las emociones propias y las ajenas, para estas personas no tiene sentido hacer esto.

A fin de cuentas, cuando solo se presta atención a lo que se siente uno, la única conclusión que se puede extraer es que estos sentimientos siempre cambian de manera imprevista y que no se puede anticipar lo que ocurrirá.

2. Son egocéntricas

Una de las características de los niños y las niñas es que, a pesar de que su comportamiento muchas veces es interpretado como "naturalmente bueno" y bondadoso, se basa en el egocentrismo.

Pero no es un egocentrismo moral, sino cognitivo. La idea de llegar a imaginar el mundo mental de los demás es un reto que a menudo no se consigue y que implica dedicar muchos esfuerzos a pensar en lo que pasa por la cabeza de los otros. Esta capacidad irá mejorando a medida que las partes del cerebro vayan quedando mejor interconectadas mediante las zonas de sustancia blanca.

Los adultos emocionalmente inmaduros sí tienen un cerebro lo suficientemente desarrollado como para ponerse en la piel de los otros, pero por inercia no se han acostumbrado a hacer uso de esta habilidad. En muchos casos, simplemente, no han necesitado hacerlo para gozar de un nivel de bienestar aceptable, y por consiguiente mantienen una personalidad egocéntrica.

Así pues, pensar en el interés de los otros será la excepción, y no la norma, en esta clase de personas.

3. Viven en un lazo de dependencia

De una persona egocéntrica e individualista cabría esperar que fuese independiente, pero paradójicamente esta característica no se cumple en el caso de los adultos emocionalmente inmaduros. Si pueden vivir al margen de los compromisos es justamente porque disponen de un entorno social o familiar que los protege par que no tengan tejer relaciones sociales mediadas por la empatía.

En ocasiones, este tipo de protección ofrecido por padres, madres o amigos resulta tóxico y poco satisfactorio incluso para estas personas, porque actúa como una zona de confort muy grande de la que cuesta salir para experimentar sensaciones intensas.

Sin embargo, esta "burbuja" social persiste, pese a sus fallos, porque produce dependencia: una vez ha ganado fuerza, cuesta romper esta clase de dinámicas de relaciones, ya que hacer eso implicaría tomar muchas decisiones drásticas a la vez y normalmente no se sabe por dónde empezar.

4. Culpan a los demás de sus errores

Las estrategias de afrontamiento de estas personas suelen ser muy pobres, lo que significa que evitan la posibilidad de examinar sus propios errores. Para hacer esto, nada como la salida fácil e inmediata: culpar a los demás de sus errores.

Gracias a esta clase de acciones, los adultos emocionalmente inmaduros se pueden permitir seguir viviendo sin necesidad de echar la vista atrás y dedicar esfuerzos a dejar de satisfacer sus deseos inmediatos en favor de evitar tener más problemas en el futuro.

5. Muestran irresponsabilidad financiera

Las personas emocionalmente inmaduras viven por y para la impulsividad. Eso, llevado a la economía doméstica, significa que administran muy mal sus gastos. Por ejemplo, es posible que se gasten mucho dinero en cenas a la vez que acumulan deudas.

De algún modo, este comportamiento las asemeja a las personas adictas a sustancias, aunque la impulsividad de estas últimas se debe a cambios neuroquímicos en su cerebro que las hace pensar solo en consumir la sustancia en cuestión, mientras que los adultos emocionalmente inmaduros son impulsivos en general.