Estas experiencias nos llevan a despertar súbitamente. Unsplash

Pasamos buena parte de nuestras vidas durmiendo, lo cual no sorprende teniendo en cuenta la gran cantidad de energía que debemos reponer para hacer frente al día a día. Sin embargo, hay momentos en los que la etapa del sueño, que solemos asociar a la calma y el bienestar, se transforma en un infierno del que tratamos desesperadamente de salir.

Y es que lo que conocemos como pesadillas ha llegado a ejercer un impacto tan fuerte sobre la humanidad que hace tiempo dejaron de ser una simple experiencia desagradable que experimentamos de manera individual para pasar a ser una fuente de todo tipo de mitologías o, directamente, la definición de aquello de lo que queremos huir. De hecho, utilizamos la palabra “pesadilla” para referirnos a cualquier vivencia altamente desagradable o traumática, equiparando lo real a lo que solo ocurrió en nuestra cabeza.

Ahora bien… ¿qué son las pesadillas y qué es lo que las produce? Veámoslo.

¿Qué son las pesadillas?

Las pesadillas son un estado de ansiedad y agitación que aparece en el momento de soñar, muchas veces asociado a imágenes y sensaciones que causan miedo, tristeza o cualquier otra emoción negativa, de un modo tan intenso que se genera la interrupción del sueño.

Así pues, se considera que un mal sueño no llega a ser una pesadilla si no hace que nos despertemos o que lleguemos a un estado de consciencia entre el sueño y la vigilia.

Esta ruptura repentina con el sueño se produce fácilmente, ya que la fase REM, que es la que transcurre mientras dormimos y soñamos (es decir, cuando al dormir estamos a la vez en un estado de consciencia dirigida hacia el interior, no hacia el exterior), es la etapa del sueño que más se parece a la vigilia atendiendo a los patrones de activación de las neuronas en ese momento. Un pequeño “empujón” nos puede llevar a volver al mundo real.

¿Por qué aparece una pesadilla?

Como todo lo que rodea el estudio de los sueños, hay poco que se sepa con seguridad acerca de las causas de las pesadillas. Pero sí hay varias cosas sobre las que hay consenso.

Lo primero que hay que saber es que es muy improbable que exista una sola causa que explique la existencia de las pesadillas. Esto, que es aplicable a prácticamente cualquier proceso psicológico, en el caso de las pesadillas se plasma en el efecto que varios elementos tienen en la frecuencia de aparición de estas desagradables vivencias. Por ejemplo, llevar un estilo de vida ajetreado y con estrés hace que aparezcan con mayor frecuencia, y la adicción al alcohol tiene un efecto similar, haciendo que lo que soñamos tienda a ser más desagradable y ansiógeno.

Por otro lado, hay otra cosa segura acerca de las pesadillas: Sigmund Freud se equivocaba acerca de su origen. Para el padre del psicoanálisis, la pesadilla es lo que ocurre cuando una parte de lo inconsciente emerge al estado de sueño sin que seamos capaces de reprimir sus contenidos, aquello por lo que nos hemos visto forzados a mantener selladas esas ideas, recuerdos o creencias. El estado de ansiedad que nos produce el hecho de empezar a ver aquello que queremos seguir ignorando hace que nos veamos impulsados a despertar para hacer que este tipo de revelaciones se detengan.

¿Por qué sabemos que esto no ocurre? Entre otras cosas, porque las teorías en las que Sigmund Freud se basó para aportar esta explicación al fenómeno no son válidas, dado que se basan en especulaciones sobre estudios de caso. No existen partes de nuestra mente que traten de ocultar ciertos contenidos y evitar que emerjan a la consciencia, simplemente hay contenidos que en un momento determinado no son lo suficientemente relevantes como para hacer que nuestra atención llegue a ellos.

¿Son útiles?

Teniendo en cuenta que las ideas freudianas sobre las pesadillas no sirven para comprender la naturaleza de esta clase de experiencias… ¿Para qué sirven las pesadillas? Algunas teorías apuntan a que las pesadillas no tienen ninguna utilidad, y son una consecuencia de la evolución que no ha sido promovida por la selección natural como rasgo ventajoso; simplemente están ahí, y son lo suficientemente inofensivas como para que los genes que las hacen posibles no desaparezcan con el paso de las generaciones.

Otras teorías, en cambio, si atribuyen una utilidad a las pesadillas. Concretamente, señalan que su presencia en el día a día puede hacer que nos preparemos para eventos estresantes, manteniendo un cierto estado de ansiedad que nos será útil a corto plazo para vencer obstáculos concretos, y que aparecen cuando hay algo en nuestras previsiones que nos preocupa. De este modo, la pesadilla sería una especie de entrenamiento mental para entrar en estado de alerta con mayor facilidad y, por consiguiente, reaccionar de manera rápida.

Sin embargo, en algunos casos la posible utilidad de las pesadillas no compensaría los daños que producen, de modo que entramos en un círculo vicioso de estrés y ansiedad que repercute negativamente en nuestra salud. En cualquier caso, la mayoría de las personas no se ven significativamente afectadas por la aparición de las pesadillas, ya que no suelen darse de manera muy seguida y, a pesar de que en muchos casos lo que se ve en ellos resulta muy perturbador, no se experimenta con la misma crudeza con la que se viviría si fuese real.