La declaración oficial de Pandemia por la OMS ha aportado el mensaje necesario para reforzar acciones decididas para responder a la proliferación del COVID-19 en todos los países, incluso el centenar de ellos que aún no se han dado por aludidos.

Con los pocos medios con que cuenta, la OMS, sus científicos, ha resultado esencial para activar las medidas en marcha para limitar y ralentizar la propagación del coronavirus, y para otras que deberán tomarse. Su función, lo más que puede hacer, es, precisamente, alarmar: estamos ante una epidemia grave que se propaga a nivel mundial y aún no contamos con un tratamiento efectivo. Cabe destacar que la OMS, aún a riesgo de ser calificada de alarmista, hace ya tiempo que dio la voz de alarma, desde el principio y, como suele ocurrir, los que entonces no escucharon, que también criticaron las medidas frente a otras alarmas que afortunadamente no fueron a más, son los que ahora la acusan de pasividad.

Ahora, la OMS también insistirá en la importancia de detectar el máximo número de afectados y el establecimiento de medidas adicionales.

La OMS insiste: hay que seguir combatiendo al virus con medidas drásticas

Y que deben dedicarse más esfuerzos a recursos para enfrentar posibles nuevas oleadas. El caso es que la oficialización (inevitable) de la pandemia no puede conllevar a ningún conformismo o inacción, como parece (parecían) considerar los británicos, ni tampoco desánimo pues los ejemplos de China y Corea del Sur demuestran que este virus puede combatirse y controlarse, en base a varias estrategias diferentes. La primera, el distanciamiento social, incluida la cuarentena generalizada en domicilios que ahora afrontamos, parece la más limitante, aunque no hay duda que ha sido eficaz en China. Otra, la que ha seguido Corea del Sur, con un planteamiento agresivo desde los inicios, encaminado a identificar el mayor número de casos positivos posible, incluyendo las etapas más tempranas, utilizando incluso unidades móviles en la búsqueda de positivos en personas con síntomas muy leves, para poder aislarlos precozmente en su domicilio, junto a medidas específicas para las personas más mayores, implicando un despliegue de recursos.

Podemos pensar que este sistema es el más exigente en recursos y organización, y el más eficaz, en el sentido de que se obtiene un panorama más preciso de la situación, con una tasa de fallecimientos inferior al 1%, y que ha conseguido no saturar el sistema sanitario. Pero el caso es que Corea del Sur, a diferencia de Europa, estaba preparada para actuar decididamente desde el principio, no solo por tener más cerca el primer foco de China sino también por la experiencia de haberse enfrentado al MERS (síndrome respiratorio del Medio Oriente) el año pasado, que aquí pasó bastante desapercibido para la población general. Sobretodo han sido valientes, obviando el impacto de las nuevas tecnologías y redes sociales, que implica poder saber si tu compañero o tu vecino tienen el virus cuando la situación no se percibe tan alarmante, algo que en Europa hubiera generado serias objeciones. Probablemente ahora aquí ya sea más asumible.

España: se actuó tarde, pero se actuó adecuadamente

Así las cosas, como observador de cómo nos va en nuestro país, se está actuando de forma adecuada, no sólo en nuestra comunidad que ha ido tan lejos como era posible, sino en el conjunto español, con un planteamiento ahora agresivo, centrado en una estrategia de distanciación social, que a corto plazo puede endurecerse, y que, posiblemente, se pueda ir complementando progresivamente con la estrategia surcoreana. Está claro que no todos los gobiernos se han tomado suficientemente en serio la amenaza, pero no es el caso de España en que ya tenemos acumuladas experiencias aleccionadoras. Además, hemos tenido la ventaja de ir por detrás de los países asiáticos e Italia y junto a otros como Alemania y Francia, a los que ya hemos superado en casos y que ya están tomando medidas similares.

Está claro que las actuales medidas no son el resultado de la improvisación sino una respuesta que, hasta el momento ha sido razonable y acertada en nuestra comunidad, con los medios y competencias disponibles, fundamentada en el conocimiento científico y proporcional a una situación que evoluciona y seguirá evolucionando en cuestión de pocos días, durante algunas semanas y con la vista también puesta en las diferentes alternativas y oleadas que son posibles en el futuro.

Se ha repetido y es verdad, la importancia de mantener la tensión y cumplir con estos días de confinamiento en nuestras casas. Esperemos que así podamos completar con éxito esta estrategia de distanciamiento social, con confinamiento generalizado, seguramente más largo de lo marcado por la legislación en que se sustenta, quizás menos en algunas comunidades con menos casos, y pensando también que, enseguida que se pueda, lo complementaremos con otras estrategias, como la búsqueda masiva de afectados, un confinamiento cada vez más selectivo, y pasar progresivamente a una etapa más controlada en la que se seguirá inmunizando (esperemos) una parte importante de la población, y los casos más graves, actualmente las personas más mayores pero no solo, podrán seguir recibiendo la mejor atención sanitaria.

Fernando Simón
Fernando Simón Soria, director desde 2012 del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, aportando nuevos datos ayer por la mañana en rueda de prensa.

La investigación progresa

En los platos de la balanza podemos recordar otros datos favorables: conocemos el C coronavirus que causa la enfermedad COVID-19; se tardó menos de una semana en identificarlo y pocos días más en secuenciar su genoma; sabemos como detectarlo, los métodos disponibles son muy útiles y asequibles y además se progresa en el desarrollo de otros aún más rápidos (pocos minutos); presenta síntomas leves en la mayoría de casos, aunque con un porcentaje de mortalidad elevado en personas muy mayores o que sobrellevan otros problemas de salud; la mayoría de pacientes se curan, el virus se inactiva con relativa facilidad con el lavado de manos, con agua y jabón o con geles hidroalcohólicos (mezclas de alcohol de 75º con glicerina) si no se tiene agua y jabón a mano; los tratamientos a base de lejía diluida u otros desinfectantes para las superficies, etc., son asequibles.

Además, hay bastantes ensayos clínicos en marcha con antivirales y aunque las vacunas tardarán, ya se está trabajando con varios prototipos, además de las investigaciones científicas de todo tipo que se están desarrollando y sobre los que, una vez más recordamos que la dotación de recursos para actividades de I+D es esencial.

Contamos sobretodo con los mejores profesionales en la sanidad, con un esfuerzo heroico y medios a menudo limitados, que nos emociona a todos, y con iniciativas como la de los alumnos de la facultad de medicina, contagiando a sus compañeros de otras facultades y escuelas, organizándose espontáneamente como refuerzo disponible y preparado en esta fase de contención reforzada, si se considera necesario. El principal problema que se afronta ahora sigue siendo el de limitar o ralentizar la propagación, evitar la acumulación de casos graves en periodos cortos de tiempo, que sobrepasen la capacidad de respuesta de nuestro sistema sanitario. Veremos pronto una disminución de la tasa de expansión, también hay que pensar más allá de esta oleada, ya que, aunque aquí estemos en plena epidemia, a nivel mundial no ha hecho más que empezar.