Ninguna sociedad está plenamente desarrollada si sus ciudadanos no tienen bienestar, dentro del cual se encuentra la salud física, mental y social.

Para que haya una buena salud a nivel público es necesario que a nivel gubernamental se apliquen y promuevan estrategias de higiene colectiva, es decir, fomentar unos buenos hábitos higiénicos pensando en la salud de uno mismo y en la de los demás.

A continuación veremos qué es la higiene colectiva, su importancia a nivel social y también identificaremos algunas conductas y estrategias cuyo objetivo es el de promoverla.

¿Qué es la higiene colectiva?

El término higiene colectiva hace referencia a todas las actividades, conocimientos y prácticas que un grupo de personas aplica de manera generalizada con el fin de cuidar la salud de la población. Estas medidas pueden ser fomentadas por las entidades gubernamentales, el área de salud y de educación, además de también estar dentro de esta idea los hábitos higiénicos promovidos por las familias o adquiridos a nivel individual. El desarrollo de la higiene colectiva implica abordar la salud física, la mental y la social.

Las personas estamos expuestas a diferentes factores que pueden perjudicar nuestra salud a diferentes niveles, como pueden ser los desechos urbanos, calidad del agua, uso de métodos de prevención de enfermedades (mascarillas, condones...), dieta, exposición a contaminantes, estrés, práctica de deportes y muchos más.

La higiene colectiva busca mitigar el impacto negativo de los factores perjudiciales y fomentar el de los beneficiosos, aplicando estrategias globales en la población y tratando de concienciarla acerca su promoción y protección de su salud.

¿Cuál es su importancia?

Una sociedad en la cual sus ciudadanos no toman la adecuada responsabilidad sobre su salud es una sociedad condenada al desastre. Para que se pueda desarrollar de la forma más próspera y eficiente en toda sociedad es necesario que se disfrute de unos bueno niveles de salubridad pública. Las estrategias de promoción de la higiene colectiva son clave para proteger la salud pública educando a la población en la prevención de enfermedades infecciosas y asociadas a la nutrición, evitando que se expongan a contaminantes y que mantengan unos hábitos higiénicos y alimenticios adecuados.

El bienestar de las personas que viven en una comunidad, sea esta una gran ciudad o un pequeño pueblo, depende de las medidas de higiene colectiva promovidas por la administración y llevadas a cabo por los ciudadanos. Haciendo que los ciudadanos sean responsables y cuiden su salud e higiene por medio del cuidado corporal, la buena gestión de los recursos, el aprovechamiento del espacio y la eliminación de los residuos urbanos se consigue que se impliquen activamente en la protección de su salud.

Si bien las medidas presentadas por la administración tienen como objetivo mejorar la salud pública en términos generales, también se le da un papel protagónico a cada uno de los miembros de la sociedad puesto que gracias a su responsabilidad individual se beneficia toda la población. Es por ello que muchas estrategias de promoción de higiene colectiva lo que hacen es fomentar la empatía de los ciudadanos para con sus familiares, amigos y vecinos, haciéndoles saber que ellos, tomando responsabilidad individual en su salud, ayudan a proteger la salud de sus seres queridos.

Hábitos y medidas de higiene colectiva

Son muchos los ejemplos de medidas y hábitos, tanto promovidos por los gobiernos como compartidos por el pueblo, que ayudan a que todos y todas estemos sanos. Muchas veces la salud pública es elevada gracias a pequeños gestos individuales de autocuidado y prevención que previenen la transmisión y agravamiento de enfermedades, el colapso de la salud pública y la escasez de recursos. A continuación veremos unos cuantos ejemplos.

1. Uso de la mascarilla

Debido a la pandemia proclamada en marzo de 2020 la población general se ha vuelto consciente de la importancia de llevar la mascarilla. Un gesto tan simple como es usar un cubrebocas puede ayudar a evitar contagiarnos y, en caso de que nos hayamos contagiado, la mascarilla reduce las posibilidades de que contagiemos a más personas. El uso de la prenda de ropa más representativa de este año reduce significativamente los contagios y contribuye a evitar que los servicios sanitarios se colapsen.

2. Distancia física y lavado de manos

En la misma línea que el punto anterior tenemos como medidas de promoción y protección de la salud pública respetar la distancia física y lavarse las manos con frecuencia para reducir las probabilidades de contagio del COVID-19. La distancia física (más que social) debe ser de como mínimo 2 metros aunque se prefiere de más de 5 y teniendo siempre la mascarilla, siendo este el combo perfecto para evitar contagiarse en caso de cruzarse con alguien que esté contagiado.

El lavado de manos con jabón o desinfectante avalado es el mejor hábito para protegernos del virus en caso de que hayamos tenido la mala suerte de tocar un foco de infección, algo de lo que nunca estaremos seguros. Si se hace con jabón debemos contar unos 30 segundos antes de aclararnos las manos y siempre evitar tocar nada de la casa antes de lavarnos las manos, manteniendo nuestro hogar “puro” del virus y no convirtiéndolo en una trampa mortal en la que nuestros seres queridos acaben contagiándose.

3. Tests rápidos y toma de temperatura

Otro punto relacionado con la pandemia y directamente relacionado con la administración gubernamental y organismos de sanidad son los test rápidos y la toma de temperatura. Con ellos se pretende hacer un cribado rápido y detectar posibles casos positivos de forma temprana. En caso de tener sospechas lo que se recomienda es hacer una PCR y una cuarentena preventiva, evitando que de tratarse de un contagio real se contagie a muchas más personas.

4. Manejo de alimentos y lavado de manos

Es fundamental que los trabajadores que trabajan elaborando, dispensando o sirviendo alimentos como los cocineros, panaderos, camareros, fruteros y demás se laven las manos con frecuencia, usen guantes y mantengan sus establecimientos limpios. Si bien es casi de sentido común que se deben mantener unos buenos hábitos higiénicos si se trabaja con comida, en estas profesiones hay una fuerte regulación que se asegura de que así sea.

Donde no existe regulación alguna es en la venta de comida callejera. Los vendedores callejeros no están obligados por ninguna empresa para que se laven las manos puesto que van por libre. Tanto el vendedor de fruta cortada en la calle como el que nos sirve mojitos en la playa pueden tener las manos sucias, no habérselas lavado después de ir al baño y servirnos alimentos con bacterias fecales. Es por esto que como medida de responsabilidad individual no debemos bajo ningún concepto comprar alimentos callejeros en contextos de pandemia.

5. Eliminación de excrementos

Antes de que se inventara el sistema de alcantarillado moderno era costumbre en todo hogar que, tras defecar, se cogieran los excrementos y se lanzaran lejos de la casa al grito de “¡Agua va!”, yendo a parar a la calle y esperando que la naturaleza acabara eliminándolos. Gracias a Dios ya no vivimos en ese tiempo en donde la higiene brillaba por su ausencia y en la que corríamos el riesgo de bañarnos en las deposiciones de un total desconocido si íbamos despistados paseando por la calle.

Las heces humanas, por muy “naturales” que sean, no se pueden dejar en cualquier sitio. Estos residuos son un foco de patógenos altamente infecciosos en caso de que se pudran, motivo por el cual es necesario que dispongamos de un sistema de alcantarillado que las lleve bien lejos del núcleo urbano y vayan a parar a un lugar en el que no supongan un peligro para la salud pública. Deben ser eliminados de una manera segura y controlada, de tal manera que no se contamine el ambiente, el agua potable ni los campos de cultivo.

6. Abastecimiento y protección del agua

Sin agua no hay higiene y mucho menos la va a haber de forma colectiva. El agua es un recurso necesario para garantizar el bienestar de las personas pero, lamentablemente, es de duración finita. Por ello, como medidas de buena higiene colectiva se elaboran planes gubernamentales para evitar que se desaproveche este recurso, gestionándolo en tiempos de sequía y asegurándose de que llega a todas partes.

Si no hay agua no hay higiene y es cuestión de tiempo que las personas empiecen a enfermar por problemas asociados a no poder ducharse, lavarse las manos, los dientes y la cara, especialmente por enfermedades de tipo infeccioso que, además, pueden transmitirse de unas a otras. También puede darse que esa agua esté sucia, motivo por el cual como medidas de higiene colectiva se aplican estrategias para evitar que esta sea contaminada con agentes externos, como residuos sólidos, químicos y excrementos.

7. Potabilización del agua

Además de asegurarse de que todas las personas tienen agua, es muy importante que también la puedan beber. Dentro de la idea de la higiene colectiva no puede faltar la de potabilizar el agua puesto que si las personas no se pueden hidratar correctamente son más propensas a caer enfermas e intoxicarse. La potabilización del agua puede llevarse a cabo tanto en las grandes ciudades como en los núcleos más rurales.

En las grandes ciudades esto es muy importante porque suele pasar que el desarrollo de la gran ciudad ha secado pozos y manantiales naturales, los cuales podían poseer agua apta para el consumo humano. Es por esto que en estos núcleos es necesario que haya plantas potabilizadores que extraigan el agua de diferentes fuentes y que la purifique para asegurarse de que no contiene ni patógenos ni metales pesados.

Es habitual que en las áreas rurales se tenga acceso a una fuente natural de agua. Aunque esto suele valorarse muy positivamente y muchas personas acuden a ellas para beber un agua que creen que es más “saludable” se corren varios riesgos. Uno de ellos es el de que es que las fuentes, los manantiales y los ríos naturales se pueden contaminar y como esa agua no pasa por un proceso de potabilización no se recomienda su consumo. Por ello, aún estando en el campo, es mucho más seguro tomar agua embotellada o de grifo.

8. Limpieza de lugares públicos

El espacio público debe mantenerse limpio, usándose productos de limpieza y desinfectantes para evitar que se propaguen enfermedades y plagas. Lugares como ascensores, oficinas, centros comerciales, parques y hospitales deben ser desinfectados con mucha frecuencia, a fin de evitar que si uno de sus usuarios tiene una enfermedad infecciosa se pueda transmitir a muchas más personas.

También se debe limpiar la vía pública para evitar que cualquier resto orgánico se pudra o sea comido por animales como gatos salvajes, ratas, palomas, gaviotas y demás. Estos animales pueden acostumbrarse muy fácilmente a los alimentos que le da el ser humano, ya sea de forma intencional (p. ej., darles migas de pan) o por accidente (p. ej., rebuscar en la basura), lo cual hace que tengan una mayor esperanza de vida, se reproduzcan más y se transformen en una plaga que pueden transmitir todo tipo de enfermedades.

9. Control de los animales de granja

Los animales de granja deben mantenerse lejos de las zonas residenciales y fuentes de agua de consumo humano para que, en caso de que se contagien de alguna enfermedad, no la transmitan a las personas.

La granja debe estar aislada de los núcleos urbanos para que se puedan sacrificar los animales enfermos e higienizar el lugar sin tener que aplicar una cuarentena preventiva a la población humana. También deben hacerse los adecuados controles para asegurarse de que la carne y productos animales de esa granja no estén contaminados y provoquen un problema de salud pública (p. ej., caso de la carne mechada).

10. Promoción de la buena nutrición

Tener una dieta balanceada nos protege de todo tipo de enfermedades, desnutrición y déficit de nutrientes con lo cual fortalece nuestra salud. Promover unos buenos hábtios alimenticios es una medida de higiene colectiva muy importante que ayuda no solo mejorar la salud pública sino que, también, actúa como factor de prevención para el colapso de los servicios de salud.

11. Educación

Pese a que se ha avanzado mucho en la promoción de los hábitos higiénicos, a día de hoy sigue existiendo mucha ignorancia y dejadez en cuanto al mantenimiento de un hogar limpio, autocuidado e higienes corporales. Por esto es tan necesaria la educación en un estilo de vida saludable enseñándose en las escuelas y los institutos.

El gobierno, el sector educativo y el sector sanitario deben presentar programas de concienciación y promoción de una buena salud individual y destacar lo importante que es eso a nivel social.

12. Suministro de buenos servicios de salud

Si las personas no tienen un buen acceso a los servicios de salud, agua, buena alimentación y elementos de higiene y limpieza no se puede esperar que, mágicamente, vaya a haber elevada salud pública.

Una de las causas más comunes de muerte en diversas comunidades es la falta de acceso a los servicios de salud, en los cuales se pueden tomar medidas de prevención de enfermedades potencialmente mortales e infecciosas si no se detectan a tiempo. Es por todo esto que si bien la educación es importante para garantizar que las personas se cuidan y tienen hábitos responsables para consigo mismas y con los demás, los gobiernos deben aplicar las medidas sociales que garanticen el bienestar general de la población. Si en una sociedad hay clases muy desfavorecidas, con falta de recursos, mal saneamiento y nutrición pobre tarde o temprano surgirán problemas de salud que se quiera o no acabarán afectando a la sociedad íntegramente.

Referencias bibliográficas

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