El tiempo no se detiene y los años acaban pesando. Muchas veces, hijos, nietos y otros seres queridos nos planteamos ingresar a nuestros mayores en residencias donde se les podrá prestar la atención y cuidados que necesitan.

Sin embargo, esto no es una decisión fácil ni tampoco la podemos tomar a la ligera. Ingresar a nuestros mayores en una residencia siempre nos despierta dudas y desconfianzas, puesto que tememos que nuestro ser querido no sea bien tratado.

Por este motivo hoy vamos a ver una serie de criterios de calidad para elegir residencia para una persona mayor y que debemos tener en cuenta antes de tomar una decisión definitiva, además de que nos permitirán saber si dejamos a nuestro ser querido en buenas manos.

La importancia de los criterios de calidad para elegir residencia para la tercera edad

Las personas, a medida que vamos envejeciendo, nos valemos menos por nosotras mismas y requerimos de más necesidades. Llegados a la tercera edad, vamos perdiendo motricidad y nuestro cerebro ya no es lo que era, con lo cual somos más propensos a accidentes. Naturalmente, la vejez no es igual para todos, pero aún así hay ciertas cosas que no podemos hacer y necesitamos que nuestros hijos, nietos y demás parientes nos echen una mano.

El problema es que en la sociedad en la que vivimos es difícil poder cuidar a personas ancianas y, a la vez, trabajar, cuidar de los hijos o encargarse de muchos otros quehaceres. Es por esto que muchos familiares de ancianos se plantean ingresarlos en una residencia, no porque ya no lo quieran sino porque no se pueden hacer cargo de ellos. Su grado de dependencia puede ser tan alto que, a no ser que seamos profesionales, no podremos cubrir sus necesidades y, por lo tanto, tendrá malestar.

Las residencias de ancianos son la mejor alternativa para garantizar las mejores atenciones a nuestro abuelo o padre en edad avanzada. Ya no son los fríos centros de antaño sino que, ahora, las residencias son lugares en los que hay buena alimentación, se les presta mucha atención, estimulación física e intelectual y se procura que mantenga el contacto con sus familiares a la vez que hacen nuevos amigos dentro del centro. Las residencias han pasado de ser hospitales de estilo sesentero a auténticos hoteles.

Lamentablemente, no son pocos los casos de residencias que han cometido abusos contra sus residentes. Los trabajadores, aprovechándose de la debilidad de los ancianos, les han negado varios derechos o no les han prestado la conveniente atención mientras seguían cobrando. Es por ello que la decisión de ingresar a un ser querido en uno de estos centros puede llegar a dar tanto miedo porque tememos que la persona mayor acabe siendo maltratada.

Afortunadamente, los 10 criterios de calidad para elegir residencia para una persona mayor que vamos a ver en este artículo nos servirán de guía para tomar una decisión, asegurándonos que dejamos en buenas manos a nuestro ser querido.

¿Qué tipos de residencias de ancianos hay?

Antes de ver los criterios de calidad para elegir una residencia para la tercera edad vamos a familiarizarnos con los diferentes tipos de centros para saber por dónde empezar a buscar. Los podemos categorizar en base a dos criterios: titularidad y el grado de dependencia de sus residentes.

1. Titularidad

En función de la titularidad del centro podemos distinguir tres tipos de residencias, que son las siguientes.

1.1. Públicas

Las residencias públicas son aquellas que dependen de algún organismo público, como puede ser la comunidad autónoma o el ayuntamiento. En el caso de España, para poder ingresar en una de estas residencias se deben cumplir con algunos requisitos, fijados por la Ley de Dependencia, además de los que pueda contemplar la comunidad autónoma.

1.2. Concertadas

Las residencias concertadas son gestionadas por empresas privadas pero, en parte, sus plazas son públicas o son reservadas por la administración pública. Normalmente, los requisitos para entrar en ellas son los mismos que para las residencias públicas.

1.3. Privadas

Son residencias gestionadas totalmente por empresas privadas. Normalmente, el único requisito que se debe cumplir para poder ingresar es el poder pagar las cuotas que solicitan.

2. Grado de dependencia

La vejez no afecta a todos por igual. Hay personas que llegan a la tercera edad con relativa autonomía, sin muchos problemas físicos ni cognitivos. En cambio, en otros casos la persona tiene un elevado grado de dependencia y necesita ser vigilado y cuidado la mayor parte del día. En base a esto podemos encontrar los tres tipos de residencias siguientes.

2.1. Residencias para mayores autónomos

Se trata de residencias cuyos residentes son personas mayores que no necesitan mucha ayuda pues disponen de elevada autonomía. Pueden hacer vida normal sin recurrir constantemente a los profesionales del centro.

Habitualmente, los residentes de estos centros están ahí porque ellos o sus familiares no querían que se quedaran solos en sus casas, teniendo miedo a que si pasara algún accidente nadie les pudiera ayudar en caso de emergencia.

2.2. Residencias mixtas

En las residencias mixtas hay tanto residentes autónomos como personas mayores dependientes. La principal ventaja de estos centros es que atienden a ambos tipos de poblaciones y, como en la vejez se pueden perder facultades muy rápidamente, la residencia puede ir adaptándose conforme las necesidades van aumentando.

2.3. Residencias asistidas

Son centros que se orientan específicamente a la atención de personas mayores que sufren algún tipo de impedimento serio, tanto a nivel psíquico como a nivel físico. Los hay especializados en enfermedades concretas, como diferentes tipos de demencias, problemas de deglución, motricidad reducida...

Criterios y consejos para elegir una buena residencia

Una vez vistos los diferentes tipos de residencias que hay podemos pasar a los criterios y consejos que debemos tener en cuenta a la hora de escoger una. Independientemente de lo autónomo y ágil que esté nuestro ser querido, lo que queremos es que vaya a parar a un centro en el que, si le pasa algo, sepan cómo ayudarle. Es por esto que debemos ser precavidos y asegurarnos de que estamos escogiendo un buen centro.

1. Valorar qué opciones hay

Antes de siquiera ir a ver residencias debemos preguntarnos qué opciones disponemos. Puede ser que nuestro ser querido no necesite ingresar en uno de estos centros porque hay algún familiar o amigo que se puede encargar de él y así lo prefiere.

Aunque ingresar en una residencia no significa desconectar ni de la familia ni tampoco del entorno social sí que es cierto que, en caso de que no sepa cómo gestionarlo, puede que la persona se vaya aislando de sus seres queridos. Aunque este riesgo asociado a las residencias es relativamente bajo debemos tenerlo en cuenta antes de decidirnos a ingresar a nuestro mayor en una.

2. Visitar la residencia

Antes de decidir debemos mirar qué residencias hay. No podemos inscribir a nuestro mayor en el primer centro que nos encontremos, puesto que ese lugar probablemente sea donde viva el resto de sus días. La mejor manera de comprobar cómo es una residencia es personarse en la misma y ver qué servicios e infraestructuras posee. La primera impresión del lugar puede ofrecernos mucha información sobre la residencia y ayudarnos a tomar una decisión.

Estando en el centro debemos pedirle a los trabajadores que nos enseñen las instalaciones y ver si se sienten cómodos haciéndolo. En caso de que no sea así significa que algo tienen que ocultar, como por ejemplo unas malas instalaciones o abusos contra los ancianos, como atarlos a la cama o no asearlos.

Las personas ancianas tienen una salud frágil, asociado a un sistema inmunológico débil, con lo cual, la higiene, la alimentación y el buen trato son aspectos indispensables para protegerlos de cualquier enfermedad. Acudiendo al centro podemos ver si esto se respeta y, también, si los trabajadores se comportan con amabilidad con los ancianos.

3. Informarse sobre el funcionamiento y horarios del centro

Por muy saludable que esté nuestro mayor, el trasladarse a una residencia con gente nueva es una experiencia muy intensa, llena de interrogantes, dudas y miedos. Esta experiencia puede ser verdaderamente traumática si es mal gestionada. Es por esto que, al ponernos en contacto con la residencia, es fundamental preguntar si existe algún tipo de protocolo de acogida o que se facilite la adaptación de los residentes.

También es importante conocer cómo el centro garantiza y fomenta la autonomía de sus residentes, incluyendo programas de fisioterapia y terapia ocupacional, además de sesiones de ejercicio y otras actividades. Es recomendable preguntar si existen actividades que se lleven de forma individualizada y personalizada a las necesidades del residente y si reciben atención continuada

Un aspecto que no debemos olvidar preguntar es si el centro satisface todas las necesidades sociales y emocionales de los residentes. El centro no debe limitarse a “cuidar” de los residentes dándoles de comer, ayudándoles en su higiene y poco más. Se deben realizar actividades sociales, tanto con personas del propio centro como con personas del exterior, además de facilitar las visitas de los familiares

La residencia debe facilitarnos cuáles son las formas de la residencia para ponerse en contacto con los familiares del ingresado en caso de emergencia. Además, deben darnos algún contacto para que la familia pueda saber el estado de salud y las necesidades de su mayor.

También, debemos preguntar a los trabajadores sobre cuál es la facilidad de los residentes para salir a pasear, visitar amigos y establecer contacto con el mundo exterior. Es fundamental conocer cómo de fácil es seguir en contacto con el medio exterior, puesto que su autoestima depende mucho de sus relaciones sociales.

4. Ubicación

A la hora de buscar una residencia es muy importante que no esté demasiado lejos de donde vivía nuestro mayor. Si es posible, debemos seleccionar una residencia que esté cerca de sus familiares y amigos, para así poder hacerle visitas con frecuencia y que él mismo pueda tomar contacto con sus antiguos vecinos y conocidos del barrio.

No es para nada recomendable buscar una residencia muy alejada de su antiguo hogar, puesto que corremos el riesgo de que el mayor se aísle. Al no tener a amigos, familiares y vecinos cerca puede que el anciano no se vea con las fuerzas para socializar con la gente nueva que acaba de conocer en esa misma residencia. Esto dañará su salud mental.

Residencia de ancianos

5. Observar si la información del centro está visible

Otro de los aspectos que más confianza nos da de un centro es cuando tiene todas sus licencias colocadas en sitios visibles. Ya sea en la entrada, en recepción o en algún lugar, debemos poder ver qué normativas cumple, que reconocimientos tiene por parte de la administración pública y si ha ganado algún premio por sus servicios.

El propio centro nos puede facilitar esta información nada más visitar su página web o al ponernos en contacto con él. Sin embargo, en caso de que no sea así debemos preguntar qué cumple.

Si el centro cumple con todo lo necesario, lo más probable es que no tenga ningún impedimento en mostrarnos sus licencias. En caso de que no nos facilite esta información hay motivos para preocuparse y pensar que, realmente, en ese lugar se comete alguna ilegalidada.

En España, entre las licencias que este tipo de instituciones deben cumplir tenemos las siguientes.

5.1. Licencia de Actividad y de Apertura

Demuestra que el centro cumple con las medidas de seguridad, tanto la institución física en sí como las actividades que en ella se realizan. Esta licencia es otorgada por el ayuntamiento.

5.2. Autorización de Funcionamiento e inclusión en el Registro de Centros y Servicios Sociales del Gobierno de la Comunidad

A través de sus servicios de inspección, las comunidades autónomas deben controlar que las residencias cumplen con las condiciones que se marcan. Además, deben comprobar que estos centros disponen del personal necesario para poder llevar a cabo su actividad.

5.3. Autorización de Sanidad para el Servicio de Elaboración de Alimentos y Comedores Colectivos

Esta autorización es fundamental en cualquier establecimiento público en el que se manipule, sirva o produzcan alimentos. Es la legislación que acredita qué requisitos son necesarios para realizar actividades de restauración.

5.4. Autorización del Departamento de Salud de la Comunidades Autónomas

Esta autorización demuestra que el centro cumple con las normas establecidas para que se presten servicios médicos y de enfermería al público.

6. Correcto acondicionamiento

Es normal que en la vejez tengamos una motricidad limitada, con lo cual, cualquier obstáculo arquitectónico puede reducir significativamente nuestro bienestar. Por esto las residencias deben estar diseñadas de tal forma que se eviten tales obstáculos, como escalones y pendientes excesivas. Además, en caso de que el centro tenga más de una planta debería tener instalado como mínimo un ascensor.

Los pasillos deben tener una anchura adecuada, disponiendo de barandillas a sus lados y con correcta iluminación. Debe haber teléfonos no únicamente en las habitaciones, sino también en los pasillos y otros lugares comunes, además de disponer de un número de marcación rápida que avise a recepción o a emergencias en caso de accidente.

Lo ideal es que cada residente tenga una habitación propia, pero en caso de que no sea así, como mucho deben haber dos camas en cada una, colocadas de tal forma que se respete la privacidad de sus residentes. En las habitaciones debe haber un buen sistema de calefacción. Cada habitación debe contar con un lavabo, un inodoro y una ducha.

Los lavabos deben estar adaptados para personas en silla de ruedas u otras limitaciones motoras, además deben contar con agua caliente. La ducha debe contar con un sistema de cierre que permita ser abierto desde el exterior en caso de accidente.

Debemos fijarnos si tienen jardines o espacios exteriores para que los residentes, en caso de que no puedan salir a la calle, al menos puedan despejarse tomando el aire dentro del recinto.

7. Alimentación

Dado que en la tercera edad puede haber cualquier problema digestivo que condicione la vida del afectado, es fundamental que el centro disponga de un servicio de alimentación individualizado. Además, debemos informarnos sobre si existe la posibilidad de que los residentes pidan comida entre horas o si, por el contrario, deben ceñirse a unos horarios concretos.

Debemos preguntar sobre quien hace el menú, si se encarga la propia residencia contando con su servicio de cocina y un nutricionista o si, al contrario, la alimentación es encargada a una empresa de catering.

8. Preguntar sobre los servicios que se ofrecen

En las residencias es común que se den emergencias médicas, motivo por el cual lo preferible es que estos centros cuenten con su propio personal sanitario para atender estos problemas lo más rápido posible.

Los profesionales que deben haber en las residencias son médicos, enfermeros, auxiliares de enfermería, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas y psicólogos. Lo ideal es que estos servicios sean propios y que la empresa así lo demuestre.

Suele pasar que muchas residencias dicen disponer de estos servicios pero lo que realmente sucede es que los suministra un centro sanitario cercano. Esto no es malo pero es preferible que la residencia ya tenga estos servicios integrados, puesto que ofrecerá una atención más individualizada y eficiente en caso de una emergencia.

Pero no todos los servicios importantes recaen en lo sanitario. Es fundamental saber cómo son los talleres de motricidad y terapia ocupacional, además de conocer qué actividades lúdicas se hacen, como excursiones, plástica, macramé o aquaerobic.

9. Leer el contrato

Al igual que con cualquier otro servicio debemos leernos el contrato. Lo preferible es solicitar este documento nada más acudir a una residencia por primera vez y, si es posible, llevárnoslo a casa para leerlo con más detenimiento. La importancia de esto radica en el hecho de que vamos a dejar en sus manos a nuestro ser querido y, en caso de que no cumplan con lo estipulado en el contrato, podremos tomar acciones legales.

Entre los aspectos en los que nos debemos fijar están cuándo se empieza a facturar, cuál es el importe mensual y qué servicios van incluídos. En el documento debe especificarse que se asume la guardia y custodia de toda la información de carácter personal y sanitario del residente, de acuerdo a la Ley de Protección de Datos (España).

10. Precio y servicios incluídos

Como nos podemos suponer, las residencias para personas mayores no son baratas. De media, en España, su precio está en torno a los 1.700€ mensuales. Si encontramos una residencia con un precio mensual muy inferior a este lo mejor es descartarla porque, seguramente, no ofrezca todos los servicios básicos para el cuidado apropiado de personas ancianas.

Lo ideal es solicitar un precio o presupuesto cerrado. En algunas residencias hay servicios extra, como peluquería o podología, que suelen cobrarse aparte algo que descubrimos al final de mes cuando nos envían la factura. Con un presupuesto cerrado sabremos exactamente qué es lo que viene incluido en el precio.

Referencias bibliográficas:

  • Acceplan-IMSERSO (2003): Libro Blanco de de la Accesibilidad. IMSERSO. Madrid.
  • Acceplan (2007): Adaptación de la vivienda en la poblacion dependiente: necesidades, soluciones y costes. Proyecto FIPROS 2005/136. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Secretaría de Estado de la Seguridad Social. Dirección General de Ordenación de la Seguridad Social. Madrid.
  • CIS-IMSERSO (2006): Condiciones de vida de las Personas Mayores. Estudio nº 2.647. Madrid
  • Dizy Menéndez, D., Fernández Moreno, M. y Ruiz Cañete, O. (2006): Las personas mayores en situación de dependencia. Propuesta de un modelo protector mixto y estimación del coste de aseguramiento en España. I Premio Edad & Vida, Barcelona.