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No sabemos demasiadas cosas acerca de lo que es la felicidad, pero lo que sí parece ser seguro es que está muy relacionada con los lazos afectivos que tenemos con otras personas. Salvo en la mente de algunos pocos filósofos, la felicidad se encuentra básicamente en la vida en común con los demás, en la imagen sobre nosotros mismos que nos reflejan otras personas y en los proyectos personales que sólo existen porque vivimos todos en sociedad.

Ahora bien... ¿cómo podemos modular nuestra vida social para acercarnos más la felicidad? Según un estudio publicado en la revista Psychology and Aging, una de las claves para ser felices al llegar a la madurez está en haber tenido muchos amigos a los 20 años y buenos amigos a los 30.

Una investigación que ha durado tres décadas

Esta investigación ha durado 30 años y fue iniciada en la década de los 70, cuando se le pidió a 222 personas jóvenes que anotaran en un diario todas las interacciones (y ciertas características de estas, como el grado de intimidad y su apreciación subjetiva de lo gratificante de estas) que mantenían con otras personas a lo largo de dos semanas. Diez años más tarde, estos mismos participantes volvían a rellenar el mismo tipo de diario, para así tener dos categorías de datos que comparar entre sí.

Los investigadores querían comprobar en qué medida las redes sociales tejidas durante los inicios de la edad adulta influían en la calidad y la solidez de las relaciones sociales que se llegan a tener al llegar a la madurez. Partían del supuesto que durante la juventud tardía se enfoca la vida social de la adultez consolidada, algo que influye directamente en la felicidad de cada uno.

Es por eso que, cuando estas personas llegaron a rondar los 50 años, el equipo de investigación volvió a contactar a 133 de ellos para que contestasen una serie de cuestiones relacionadas con sus relaciones sociales, los roles que desempeñaban, la cantidad de interacciones por las que solían pasar. También contestaron ítems relacionados con su percepción de la propia calidad de vida y bienestar psicológico.

Ir de flor en flor a los 20, centrarse a los 30

Después de un análisis estadístico de los datos, el equipo de investigación comprobó que la cantidad de interacciones sociales a los 20, y no la calidad de estas, iba asociada a un mayor bienestar al llegar a los 50 años. Las personas que en su veintena tenían una vida social muy activa y ajetreada tendían a llegar a los 50 sintiéndose menos solas, menos deprimidas, con mayor sensación de autonomía y, en general, obteniendo puntuaciones positivas en ítems relacionados con calidad de vida.

A los 30 años, sin embargo, una gran cantidad de relaciones sociales no servía para predecir mejor calidad de vida décadas después.

¿Por qué ocurre esto?

Existe la posibilidad de que esto se deba a que lo que se espera de la vida social y la amistad cambia a medida que uno crece.

La juventud temprana es una época en la que se tiende a querer experimentar muchas cosas, vivir muchas emociones y, por consiguiente, a tener interacciones sociales más numerosas y variadas. Esto es algo que hace posible el aprendizaje durante una edad en la que es muy importante saber cómo funcionan las cosas y en el que aún no se han establecido del todo proyectos vitales de importancia.

A los treinta años, sin embargo, esta necesidad de variedad ya ha ido desapareciendo y se valora más aquel tipo de interacciones que encajan mejor con unos gustos y preferencias más afianzados. Se empieza a ser más exigente y selectivo, y esto se traduce también en la vida social, ya que entrar en contacto con mucha gente de todo tipo podría pasar a ser una forma de "distracción".

Del "todo vale" al "no tengo tiempo"

La conclusión extraída por estos investigadores puede ser ilustrarse como una amplitud de miras hacia la vida social que se va estrechando con el paso de los años para, finalmente, quedar focalizada en ese tipo de interacciones que hemos aprendido que son beneficiosas y que nos aportan bienestar en mayor grado que el resto. 

Sin embargo, esta no es la única explicación posible, ya que también podría ser que el modelo de vida occidental premia a aquellas personas que a los 20 años tienen más tiempo libre que a los 30, aunque esta es una hipótesis que tendría que ser puesta a prueba en otra investigación.

En cualquier caso, este estudio sirve para confirmar que a lo largo de nuestra vida cambiamos a muchos niveles, tanto individual como socialmente, y que esto tiene consecuencias en nuestro bienestar psicológico. Investigaciones en este sentido pueden servir para que estemos más informados acerca de qué estrategias de vida nos pueden acercar más a la felicidad al llegar a la plena edad adulta... si es que por ese entonces ya hemos aprendido en qué consiste ser feliz.

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