La empatía es una capacidad excepcional, muy importante para nuestra convivencia social. Es el poder que tenemos las personas de poder sintonizar con las emociones e intenciones de los demás.

Pero no es únicamente saber qué sienten los demás. Es, además, entender por qué se sienten así, respetar su forma de sentir y pensar, ponernos en su mismo lugar y, en base a ello, averiguar la forma de hacer que se sientan mejor.

A continuación veremos más a fondo las características de la empatía, además de reflexionar sobre qué es la empatía útil en contraposición de la que es proyectada.

Las principales características de la empatía

Muchos piensan que definir la empatía es tarea sencillo pero, irónicamente, suelen ser los que menos empatía tienen. La idea de que la empatía es el acto de ponerse en el lugar de los demás o entender qué sienten no está equivocada, pero es demasiado simplista. Hay mucho más en la palabra empatía, mucho más esfuerzo y ganas de ayudar que la simple identificación de las emociones de los demás.

Si la empatía fuera únicamente saber identificar emociones en los demás, todos la tendríamos igualmente desarrollada, algo que, ciertamente, no es así. Muchas veces hemos oído lo de que un conocido nuestro es muy egoísta, que apenas piensa en los demás o que no le preocupa que alguien se sienta mal. Es una prueba de que no todos somos empáticos, que hay gente a la que le cuesta mucho ponerse en la misma situación que alguien que está sufriendo, o entender sus acciones y emociones.

Dejando de lado el trastorno antisocial de la personalidad, que es psicopatología, el que una persona manifiesta mayor o menor empatía depende tanto de predisposición genética como de factores ambientales. Ser empático es como prácticamente con todo, hay diferencias de personalidad que están mediadas por el estilo educativo de los padres, la vivencia de acontecimientos estresantes, genes, mayor o menor cordialidad e, incluso, el nivel cultural…

Esto es claramente visible en los tiempos que corren, dado que la pandemia ha obligado a seguir trabajando a profesionales esenciales, como sanitarios, cajeras de supermercado y fuerzas de seguridad.

Muchos de estos profesionales se han enfrentado a dos situaciones muy diferentes. Algunos médicos han llegado a casa tras una larga y agotadora jornada para encontrarse en la puerta de su piso charcos de lejía, carteles pidiéndoles que se vayan o acusaciones de que son contagiosos. Otros, por fortuna, en un acto de enorme empatía por parte de sus vecinos, les hacen la compra o les ayudan en todo lo que necesiten.

Teniendo en cuenta estos dos ejemplos, podemos comprender que los vecinos del primer caso carecen mucho de empatía. No son necesariamente psicópatas, pero desde luego no han sido capaces de ponerse en el lugar de su vecino sanitario, quien se ha pasado una larga jornada ayudando a personas que lo necesitan.

Es por este motivo que se hace muy necesario comprender qué es la empatía exactamente para que podamos, en la medida que podamos, practicarla, ponerla a prueba. En la mayoría de los casos, podemos intentar ser mejores personas y mejorar nuestra forma de relacionarnos con los demás.

1. Escucha activa

La escucha activa es entendida como el acto más allá del simple hecho de escuchar. Es decir, como característica fundamental de la empatía, decimos que estamos escuchando activamente cuando prestamos atención a lo que otra persona nos está diciendo, manteniendo el hilo de la conversación.

Las personas empáticas suelen estar dispuestas a escuchar y darle buena conversación con su interlocutor. Además de oír todo lo que tenga que decirnos, nos mostramos activos en la conversación, cuidando el lenguaje verbal y el no verbal, sobre todo gestos y tono de voz.

Hacemos gala de una desarrollada empatía cuando dejamos que alguien, tanto si se siente disgustado como si está de muy buen humor, se exprese, hable de cómo se siente. Revelar el mundo interior a veces cuesta mucho, y lo último que necesita alguien de mal humor es que sienta como que habla con una pared.

2. Comprensión activa

Pero, además de la escucha activa, una característica fundamental de la empatía es la comprensión activa. Se trata de hacer el esfuerzo por entender a los demás, más allá de lo que nos esté diciendo explícitamente. Es entender, de forma profunda, lo que piensa, lo que cree, lo que siente y lo que le preocupa.

Además de identificar las emociones del interlocutor, se debe comprender su posición, el por qué se siente así, qué es lo que ha hecho que se sienta así. Comprender qué significado emocional le atribuye a cada cosa que le pasa y, así, ver en qué medida podemos ayudarle es un acto propiamente empático.

3. Identificarse con el otro

Identificarse con el otro viene de la mano de la comprensión activa, aunque no son exactamente lo mismo. Identificarse con alguien, además de saber qué emoción está sintiendo, implica ponerse en su mismo lugar y hacer el esfuerzo de pensar cómo actuaríamos nosotros mismos en su misma situación.

4. Solidaridad

La solidaridad es la empatía materializada. Es decir, es el convertir nuestra capacidad tan humana de sentir cómo y por qué se sienten los demás así en algo productivo, para mejorar su estado emocional.

Escuchar y comprender a los demás son actos que, ya en sí son beneficiosos, dado que demostramos que no están solos, que hay alguien que saben por lo que están pasando, que alguien ha sintonizado su mismo dolor.

Sin embargo, la acción de ayudar más allá de eso, es decir, ponernos en marcha para encontrar una solución o mejorar cómo se siente es la verdadera solidaridad, fundamental de la empatía.

Esto se puede hacer por medio de consejos útiles o de gestos que no cuestan nada de hacer y que significan mucho, como besos, caricias, abrazos… Siempre se puede hacer algo para hacer que los demás se sientan mejor, por muy pequeño y nimio que pueda parecer.

5. Respeto

Por último, una característica que define a la empatía, tan importante como la comprensión y la solidaridad, es el respeto. Respetar la forma de ver el mundo que tienen los demás, siempre y cuando está no implique intolerancia o daño, es fundamental para poder decir que somos personas verdaderamente empáticas.

Además de ello, está el respeto por lo que pueda sentir esa persona. Es posible que nosotros, estando en su misma situación, no nos sintamos tan mal como ella lo está. Es por ello que no debemos caer en prejuicios y frases que no ayudan como“no es para tanto”, “eres un exagerado/a” “ay, por favor, que dramática eres...” Cada uno es como es, y hay que respetarlo. Si no vamos a ayudarle de verdad, ¿para qué hablar?

Diferencias entre empatía útil y empatía proyectada

Después de ver todas las características de la empatía, podemos entender las diferencias entre la empatía útil y la empatía proyectada.

Con empatía útil nos referimos a aquella que realmente contribuye a que los demás se sientan bien. Esto es, el acto de escuchar y comprender activamente qué motivos y que forma de pensar han hecho que una persona se sienta como se siente. Además, una vez comprendida su situación, pretendemos serle de ayuda buscando formas, por muy simples y básicas que sean, de hacer que se sienta mejor, que salga del pozo.

Como ya hemos dicho, tener empatía, entendida como el simple acto de identificar emociones, no basta. Ser empáticos implica dirigir esa capacidad tan humana de sintonizar los sentimientos ajenos y darles una finalidad útil, beneficiar a los demás. En definitiva, ser solidarios.

La empatía proyectada, en contraposición con la útil, es exponer nuestra propia emocionalidad encima de otra persona. Para que se entienda, imaginémonos que nuestro amigo de clase acaba de suspender un examen y está triste. Nosotros, en vez de apoyarle, empezamos diciéndole que “deberías haber estudiado más”, “normal que te sientas así, si tienes la culpa tú por no haberte esforzado”, “me has decepcionado… creía que ibas a aprobar esta vez” y frases de por el estilo.

Proyectamos nuestra indignación porque haya suspendido, en vez de intentar comprender cómo se siente y pensar qué ha ido mal para que no haya estudiado suficiente. Es posible que haya tenido una situación familiar tan mala que no le haya sido posible concentrarse, por ejemplo.

Los seres humanos tenemos la gran suerte de disponer una capacidad tan adaptativa y beneficiosa como lo es la empatía. Poder sintonizar los sentimientos de los demás es como tener un superpoder, es como poder leer la mente de los demás. En vez de dejar que se atrofie, ¡pongámosla en práctica! Seamos más comprensivos con los demás, especialmente ahora necesitamos ser más empáticos que nunca.

Referencias bibliográficas:

  • Moya, L. (2013) Empatía, entenderla para entender a los demás. A Coruña: Plataforma Actual
  • de Waal, F. (2009) The Age of Empathy: Nature’s Lessons for a Kinder Society New York: Three Rivers Press.