11 formas en las que nos puede limitar la Opinión de los Demás

Veamos de qué maneras nos limita aquello que notamos que piensan de nosotros los demás.

11 formas en las que nos puede limitar la Opinión de los Demás

Tener en cuenta otros puntos de vista es siempre enriquecedor. Sin embargo, guiarnos exclusivamente por las opiniones ajenas ignorando nuestro propio criterio puede ser una tendencia muy limitante.

Los seres humanos somos seres sociales, es decir, necesitamos pertenecer a un grupo para sobrevivir. Para formar parte de una comunidad necesitamos ser aceptados, valorados, respetados. De esta manera, logramos ganar seguridad en nosotros mismos y reconocemos nuestra valía. Necesitar la protección y el respaldo de los demás no es un signo de debilidad, sino una señal de nuestra humanidad.

Cuando vamos a dar un paso importante, tomar alguna decisión o elegir un camino en la vida, es natural que pidamos consejo a quienes tenemos cerca. Contar con otros puntos de vista nos enriquece y nos ayuda a tomar perspectiva. Incluso, nos facilita contemplar cuestiones que podíamos haber pasado por alto.

Sin embargo, hay quienes dan a la opinión de los demás una importancia desmedida. En lugar de recibirse como un punto de vista interesante que puede ser aceptado o no, se asimila como lo correcto. Se asume que lo que los demás dictan es la verdad absoluta, lo que se debe hacer. Así, no se posee un criterio propio firme, pues las decisiones se inclinan por un lado u otro de la balanza dependiendo de lo que los demás piensan o esperan de nosotros.

Dar importancia a otras opiniones no significa ignorar nuestra propia voz interna. Guiarnos únicamente por la perspectiva ajena puede, de hecho, suponer un problema. Dar tanto peso a las opiniones externas nos puede limitar en muchos aspectos, los cuales vamos a comentar en este artículo.

La importancia de la autonomía en la toma de decisiones

Como venimos comentando, contar con la opinión de nuestros allegados es una necesidad natural. De hecho, escuchar otros puntos de vista siempre nos nutre y nos ayuda a ampliar la mirada que tenemos de una situación particular. Sin embargo, lo cierto es que cuando nos dejamos llevar únicamente por el criterio ajeno corremos el riesgo de perder el rumbo y desconectar de nosotros mismos.

Lo cierto es que la capacidad para actuar de manera autónoma es algo que comienza a desarrollarse desde la primera infancia. Cuando nacemos, dependemos plenamente de nuestros cuidadores, que son quienes nos guían y protegen. Ellos deciden por nosotros porque sencillamente nosotros no tenemos capacidad para hacerlo. Con el tiempo, a medida que vamos creciendo, empezamos a conquistar algunos hitos importantes. Adquirimos soltura para realizar tareas básicas de autocuidado, como asearnos, vestirnos o comer. Superar estos retos es esencial para, en el futuro, trasladar esa autonomía a cuestiones más complejas como los estudios, el trabajo o las relaciones.

Este camino hacia la autonomía es siempre progresivo. Nuestros cuidadores nos van dejando cada vez más margen de actuación, depositando en nosotros una responsabilidad creciente. Esta transición paulatina es fundamental para el correcto desarrollo de cualquier niño, aunque no es una tarea sencilla. En el proceso los pequeños deben aprender a lidiar con la frustración, las dudas o el miedo. Sobreproteger y envolver a un niño en una burbuja sin responsabilidades imposibilita la construcción de un criterio propio por su parte, así como un autoconcepto positivo de su persona.

Ganar autonomía y responsabilidad nos libera, pues ello brinda confianza para dar pasos hacia adelante sin pedir permiso a los demás. Tener una idea clara de las cosas nos permite vivir una vida plena, tal y como la deseamos y no cómo otros nos dicen que debe de ser.

11 formas en las que nos puede limitar la opinión de los demás

Como vemos, dejarse llevar por el criterio ajeno nos puede perjudicar profundamente. A continuación, vamos a comentar algunas formas concretas en las que la opinión de los demás puede limitarnos.

1. Reduce la felicidad

Cuando vivimos a expensas de lo que los demás piensan de nosotros es difícil sentirnos felices con nosotros mismos. Desviamos el foco a los demás, lo que nos impide conectar con lo que queremos y sentimos. Estar felices con nuestra vida requiere mirar hacia dentro y encontrar un camino propio al margen de lo que los otros puedan opinar.

2. Merma la libertad

Cuando lo que los demás piensan se convierte en el centro, nos sentimos mucho más limitados a la hora de actuar. En definitiva, sacrificamos nuestra libertad por encajar en los moldes impuestos desde fuera. Antes de dar un paso no reflexionamos sobre cómo nos afectará a nosotros, porque lo que nos atormenta es la opinión de los otros. Esto se convierte en una especie de cárcel mental, que nos lleva a dejar de ser espontáneos y seguir el camino que realmente nos llena.

3. Impide el autoconocimiento

Si sólo contemplamos la opinión ajena y silenciamos nuestra voz, es difícil que podamos conocernos bien. No nos permitimos pensar en qué queremos, qué nos gusta o satisface. Hacemos lo que creemos que se espera de nosotros, lo que favorece el convertirnos en extraños para nosotros mismos. No sabemos qué esperamos de la vida porque siempre hemos dado por hecho que lo correcto es lo que la sociedad dicta.

4. Hace perder el tiempo

Vivir de las opiniones de los demás nos roba uno de los bienes más preciados: el tiempo. Si actuamos por y para agradar y satisfacer expectativas, dedicamos todo nuestro tiempo y energías a cosas que realmente no nos nutren el alma. Nos convertimos en esclavos que dependen de la validación externa para sentirse bien, sin aceptar lo que realmente somos.

5. Impide poner límites y decir que no

Cuando nos importa sobremanera la opinión de los demás no sabemos realmente qué queremos o necesitamos. Esto nos impide dibujar límites claros en nuestras relaciones y decir que NO a tiempo. Todo ello conduce a hacer cosas que realmente no deseamos hacer y vivir interpretando una especie de papel de eterno complaciente.

6. Lleva a responsabilizarse de cuestiones que no pertenecen a uno mismo

Las personas que dependen de la validación externa suelen hacer lo que sea con tal de sentirse aceptadas.Esto puede llevar a cargarse la culpa y la responsabilidad de situaciones que ni siquiera tienen que ver con uno mismo. El miedo al rechazo es tal que se sacrifican los propios derechos.

7. Daña la autoestima

Cuando los demás nos trasladan su opinión de manera poco asertiva, es posible que sus comentarios nos hagan daño. Incluso, pueden convencernos de dejar aparcados nuestros planes e ideas, que dejan de ser importantes y se convierten en “tonterías”. De esta manera, guiarse por el criterio de otros puede hacer mucho daño a nuestra autoestima.

8. Impide conseguir metas

Quienes dependen de la opinión ajena para dar cualquier paso hacia adelante suelen ver obstaculizada la consecución de metas. Aunque se hayan propuesto lograr algo, un comentario contrario por parte de alguien puede ser suficiente para derribar sus aspiraciones.

9. Silencia la propia voz

Todos tenemos una opinión propia y poseemos el derecho de manifestarla. Sin embargo, cuando nos importa en demasía lo que los demás piensan corremos el riesgo de reprimirla e incluso cambiarla con tal de encajar en las expectativas del grupo.

10. Obstaculiza la toma de decisiones

Depender de otras opiniones suele dificultar la toma de decisiones. Elegir entre varias alternativas nunca es una tarea fácil, pero esta se hace todavía más compleja si no somos capaces de escuchar nuestra voz interna. Decidir implica necesariamente hacer renuncias y asumir un riesgo de error, por lo que aquellos que temen el juicio de los demás pueden entrar en un estado de bloqueo en situaciones de este tipo.

11. Hace a las personas impostadas

Cuando nos preocupa lo que los demás puedan pensar de nosotros, es frecuente tratar de agradar a todo el mundo. No toleramos la posibilidad de sufrir un rechazo, así que cambiamos nuestra forma de ser y comportarnos en función del momento y la persona. Esto da lugar a personas impostadas, falsas, que no son genuinas porque en el fondo no aceptan quienes son.

Paloma Rey Cardona

Paloma Rey Cardona

Psicóloga General Sanitaria

Profesional verificado
València
Terapia online

Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de algunos efectos negativos que puede tener sobre uno mismo la opinión de los demás. Aunque tener en cuenta el punto de vista ajeno puede ayudarnos a ampliar la perspectiva y enriquecernos, lo cierto es que dar demasiado peso a lo que otros opinan puede jugarnos malas pasadas.

Así, la opinión ajena puede convertirse en un aspecto muy limitante que nos hace vivir más pendientes de las expectativas de otros que de nuestras propias necesidades. Adquirir autonomía y formar un criterio propio es un proceso que inicia ya en la infancia, cuando comenzamos a desarrollar una individualización con respecto a nuestras figuras de apego. Alcanzar un grado cada vez mayor de independencia es clave para convertirse en adultos capaces de pensar y actuar por sí mismos.

Cuando dependemos plenamente de lo que los otros piensan, es más difícil llevar una vida plena y satisfactoria. Sacrificamos nuestra libertad, pues nos imponemos límites y renunciamos a lo que queremos por temor a ser juzgados. En definitiva, perdemos el tiempo, el cual acabamos destinando a cosas que no nos llenan simplemente porque es lo considerado correcto. Cuando nos dejamos guiar por las voces de fuera nos olvidamos de la nuestra propia, lo que nos impide llegar a ser personas genuinas y capaces de tomar sus propias decisiones.

  • “Cuando la opinión de los demás es demasiado importante” ITAE Psicología.
  • Ramírez, P. (2016) “¿Por qué nos afecta la opinión de los demás?” Plenamente. El País.
  • Xirau, M. (2021) “Por qué debería importarte menos la opinión de los demás” Forbes10years.

Psicóloga

València
Terapia online

Paloma Rey es Psicóloga General Sanitaria. Ofrece atención a población infanto-juvenil y adulta, tanto de forma presencial como online, en casos de ansiedad, depresión, baja autoestima, estrés, duelo, dificultades de aprendizaje, entrenamiento en habilidades sociales y comunicación,resolución de conflictos, problemas de conducta y gestión emocional, y TDAH, entre otros. Para ello emplea técnicas propias de la terapia cognitivo-conductual, combinándolas con psicología positiva y Terapia de Aceptación y Compromiso.

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