La anticipación del rechazo puede hacer que realmente nadie se interese por conectar con nosotros. Unsplash.

Hagamos un pequeño experimento. Intentemos recordar un abrazo, un beso o un acto o situación en que hayáis sabido que erais queridos. Rememoremos la situación, la calidez interna que nace del pecho y que se expande al resto del cuerpo. Si hablamos de amor, revivamos las sensaciones que recorrían cada parte de nuestro ser.

Ahora imaginemos que esa situación no va a volver a darse, que nadie corresponderá vuestro afecto o incluso que lo que vivisteis no es más que una mentira. ¿Como nos sentiríamos? Esos es lo que les ocurre a aquellas personas que tienen miedo a no ser queridos.

La necesidad de amor y afecto

Todos necesitamos querer y que nos quieran. Sentir afecto es una necesidad que el género humano ha tenido desde los inicios de su existencia, y que en el fondo es un mecanismo básico de supervivencia en una especie gregaria como la nuestra. Se trata de una necesidad que tenemos desde la más tierna infancia, y que va a marcar la manera en que nos percibimos a nosotros mismos, a los demás y al mundo en general.

Así pues, el afecto es uno de los elementos que nos ayudan a entender el mundo y la propia identidad, siendo una necesidad básica. Pero no todo el mundo nos quiere ni le gustamos a todas las personas: a lo largo de nuestra vida vamos a ser rechazados, ignorados o evitados por alguien, al igual que tampoco nosotros vamos a querer a todo el mundo.

Es algo que por lo general no nos quita el sueño, pero que bajo determinadas circunstancias a veces algunas personas extrapolan a su entorno cercano y al conjunto de la humanidad: puede despertar el miedo a no ser queridos.

Ahora bien, tener en alguna ocasión el miedo a no ser querido o a ser rechazado no es algo extraño dependiendo de la situación que estemos viviendo. El miedo a no ser querido puede surgirle prácticamente a cualquiera en algún momento puntual de la vida, pero si estamos ante un miedo constante y persistente a lo largo del tiempo se transforma en un problema que acarrea graves dificultades a la persona que lo padece.

El miedo no ser querido: aspectos básicos

El miedo al rechazo o a no ser querido genera, como es evidente, un gran sufrimiento personal. La persona pasa a centrarse en agradar a los demás y a buscar la aprobación del entorno, o bien a evitar someter su miedo a prueba. En muchos casos incluso se moldea y se ajusta la forma de actuar a lo que los demás demandan, volviéndose camaleónicos para agradar.

Es frecuente que aunque estas personas desean ser amadas y queridas, inconscientemente busquen señales que confirmen su miedo, siendo mucho más probable que atribuyan gestos, maneras de hablar, bromas o actitudes al no agrado que consideran que los demás les tienen. Así, el miedo a no ser querido va en la mayoría de los casos junto al miedo a ser rechazado.

Otro aspecto que puede ser relativamente frecuente es que quienes tienen un miedo permanente a no ser queridos se sientan extraños, fuera de lugar, como si no pertenecieran a ninguno de los ambientes en los que se encuentran. También pueden sentirse vacíos y faltos de cualquier cosa que les haga ser interesantes. Suele estar vinculado a la falta de autoestima o autoaceptación.

Asimismo, en algunos casos las relaciones con los demás basadas en el miedo a no ser querido dejan de centrarse en lo que nos gusta de la otra personas para centrarse en lo que pensará él o ella de nosotros y en hacer que dichos pensamientos nos sean favorecedores. Dicho de otro modo, la relación deja de ser sincera para ser una búsqueda (en ocasiones desesperada) de ser queridos por alguien. En pocas palabras, puede llegar a pasarse de un “te quiero cerca porque te quiero”, a un “te quiero porque te necesito”.

¿Cómo puede llegar a actuar alguien con miedo a no ser querido?

Una de las consecuencias más frecuentes del miedo a no ser querido es que la persona que lo tiene se centre excesivamente en agradar a los demás. En base a esta necesidad, puede llegar a asumir un rol sumiso y/o dramático, buscando llamar la atención continuamente o bien haciendo casi todo lo que se le pida o soporte vejaciones con tal de tener a alguien a su lado. En estos casos es incluso posible que la personas niegue y anule parte de su manera de ser por tal de agradar, asumiendo un papel diferente al que llevaría normalmente.

Otra de las posibles consecuencias de este miedo es la contraria a la anterior. Y es que, paradójicamente, el miedo a no ser querido puede llegar también a provocar que la persona que lo padece pueda llegar a evitar el contacto con los demás y aislarse socialmente con el fin de evitar un posible rechazo que le indique (bajo su perspectiva) claramente que no es querido.

¿Ante qué surge?

Aunque las personas con este miedo no tienen porqué haber padecido ningún tipo de problema a nivel vital, lo cierto es que es mucho más frecuente en sujetos con algunas características y vivencias concretas.

Las personas con miedo a no ser queridos suelen tener muy baja autoestima y poca valoración de sí mismos. Tienden a infravalorarse y verse poco importantes. En gran parte de los casos son inseguros y tienen una elevada sensibilidad que les hace sentir con gran intensidad. En ocasiones tienen expectativas poco realistas sobre sí mismos o sobre el mundo, fijándose metas demasiado elevadas para alcanzarlas o esperando que su forma de ser guste a todos o al menos a quienes ellos conocen.

En muchos casos estamos ante personas que han sufrido algún tipo de abuso en la infancia o a lo largo de su desarrollo. Pautas de crianza excesivamente rígidas o que castiguen su modo de ser pueden hacer que se sientan inadecuados e inferiores.

El extremo contrario, la sobreprotección por parte de la familia, también puede generar este miedo cuando salen al exterior y se encuentran con un entorno que nos les protege y trata del mismo modo. Y no hablamos solo de abusos familiares: también la vivencia de acoso escolar continuado o bullying puede ser (por sí sola o acompañada de otros abusos) una de las causas o motivos que pueden generar que alguien tenga miedo a no ser querido y ser hipersensible al rechazo.

Otro motivo frecuente es la existencia de abandono: los niños que han sido abandonados por uno o ambos progenitores o que han crecido en instituciones sociales pueden sentirse poco queridos por el medio y llegar a creer que nadie o muy pocas personas pueden hacerlo. También puede surgir tras una ruptura sentimental o tras varios rechazos amorosos.

Posibles consecuencias

El miedo persistente a no ser queridos puede, como hemos mencionado anteriormente, tener consecuencias más o menos severas en la conducta de la persona.

Uno de los posibles problemas es que realicen conductas que en efecto les conduzcan a no ser apreciados. La evitación excesiva del contacto o la continua emisión de conductas que buscan llamar la atención puede terminar por provocar que al final sean rechazados o que sus contactos con otros sean meramente superficiales, lo que a su vez va a potenciar el miedo y continuación de sus conductas. Se generaría así pues un efecto de profecía autocumplida: aunque la persona no fuera inicialmente rechazada, su forma de actuar al pensar tal cosa genera que lo termine siendo.

Otro problema es el agotamiento: el hecho de no poder ser uno mismo y forzarse a ser algo que no somos gasta muchos recursos, lo que a la larga puede generar problemas de ansiedad y depresión. También puede llevar a la fobia social.

También puede llevar, en casos extremos, a aceptar o no denunciar abusos concretos. Por ejemplo, en muchos casos de mujeres (u hombres) que sufren maltrato por parte de sus parejas estos abusos no son denunciados por miedo, tanto a las posibles consecuencias como a quedarse solas/os sin esa persona (cosa que por otro lado muchos agresores/as tienden a potenciar alejando a la víctima de su entorno cercano). O incluso aunque no haya un abuso directo, también puede darse en el ámbito académico o laboral o incluso a nivel de familia y amistades, soportando tratos abusivos y condiciones degradantes o simplemente no actuando tal y como son para gustar.

Si el miedo se da de forma permanente y se instaura en períodos tempranos de la vida, puede provocar problemas en la adquisición de una identidad integrada, o incluso llegar a provocar el surgimiento de trastornos de personalidad. Dos de lo ejemplos más típicos son el trastorno de personalidad dependiente y el trastorno histriónico de personalidad, aunque otros problemas como el narcisismo pueden surgir entre otros elementos de este miedo.

¿Se puede cambiar?

Las personas que padecen el miedo de no ser queridos (entendido como algo permanente y no como algo puntual que, repetimos, puede ocurrirle a casi cualquier persona) suelen tener miedo también a que esta situación se perpetúe y jamás llegue a cambiar.

Sin embargo, lo cierto es que este miedo puede tratarse. El entrenamiento en habilidades sociales y asertividad puede ser útil para ello, así como la reestructuración cognitiva de creencias (sobre sí mismos y sobre los demás) y expectativas disfuncionales. Se puede trabajar el hecho de que las relaciones personales no dependen solo del sujeto y su conducta sino también de la otra parte, así como intentar generar interpretaciones alternativas de lo que el sujeto considera pruebas de que no es querido.

También resulta de utilidad hacer ver que el rechazo es algo que todos vivimos en alguna ocasión, y relativizar la importancia de este hecho. Incluso puede ser útil ponernos en el peor escenario y decatastrofizar que alguien no nos quiera.

La práctica de role-playings y terapias expresivas puedan dar pie a que el paciente manifieste el sufrimiento que este miedo les provoca. También es de gran utilidad la utilización de tratamientos conductuales (aunque estos últimos pueden ser dificultosos de asumir por parte del paciente). Por último, la terapia grupal puede ser un mecanismo útil y efectivo para contribuir a que el paciente pueda mejorar su situación al enfrentarse de manera social al miedo.