La asertividad nos permite crear ideas grupalmente. Unsplash.

Es bien sabido que el ser un humano es un animal social. Sin embargo, las ramificaciones de esta célebre frase de Aristóteles son más complejas y entrecruzadas de lo que pudiera sugerir un análisis superficial de la misma.

El trabajo en sociedad es una característica que nos da una ventaja adaptativa como especie, y es responsable de algunos de los logros que con más orgullo entorcha la humanidad, como la escritura o la economía. Sin embargo, también lo es de sus más profundas vergüenzas, como son la guerra o la pobreza.

A un nivel de análisis más cotidiano, el vivir en sociedad implica el relacionarnos con otras personas, a veces conocidas, a veces no, a veces queridas, a veces no. No obstante, como ha quedado establecido en esta introducción, el ser humano es un ser social, por lo que más nos vale aprendernos las reglas del juego si queremos aprovechar esta ventaja que la selección natural tantos siglos ha tardado en concedernos. A este respecto tienen mucho que decir las llamadas habilidades sociales.

El poder de la habilidad social

Las habilidades sociales, en el caso de que se puedan definir, son conductas orientadas a facilitar la comunicación entre dos o más personas. Existen tantas como modelos teóricos, pero la más importante, es la que conocemos como asertividad. El ejemplo paradigmático para ilustrar el funcionamiento de esta habilidad social es lo siguiente.

Supongamos que alguien pide en un restaurante un filete poco hecho y el camarero lo sirve prácticamente calcinado. Una opción sería comérselo sin más, total, tampoco estará malo y evitamos molestar al camarero y personal de cocina. Esta primera respuesta entraría en la clasificación como “pasiva”.

Otra opción sería, aprovechando ese preciado momento en el que sabemos que tenemos razón y estamos en esa posición de autoridad que nos otorga el ser clientes, volcar todas nuestras frustraciones y malas decisiones de nuestra vida en el inocente camarero, asegurándonos de que a nosotros nadie nos toma por tontos y haciendo gala de unas maneras que convenzan a todo el restaurante de que estamos muy indignados. Esta sería la respuesta “agresiva”.

Por último, y tirando por el camino de en medio, existe la opción de, llamar educadamente la atención del camarero y, con ese por favor y gracias que a todos nos han enseñado, indicarle el error entre lo pedido y lo servido. Esta sería, en apariencia, la respuesta “asertiva”. Y digo en apariencia porque, y esto es lo más importante, la asertividad se define por su propia efectividad. Es decir, por muy educados que hayamos sido y aunque hayamos usado la mejor de nuestras sonrisas, si el camarero se siente ofendido con nuestro mensaje habremos sido agresivos, aunque habremos hecho lo mejor que podemos hacer, que es intentarlo.

Los beneficios de la asertividad para el animal social

Más allá de conseguir que nos sirvan un filete en condiciones, la asertividad es importante para múltiples ocasiones de importancia capital en nuestro desempeño como seres sociales. Reclamar la plaza de aparcamiento a la que le habíamos echado el ojo, conseguir que nos atiendan en una ventanilla cinco minutos antes de cerrar… reclamar nuestros derechos en una situación escolar o laboral, construir una relación de pareja… todo ello, expresando nuestra opinión y sentimientos y siendo capaces de mantener una buena relación con nuestro interlocutor, es asertividad.

Por ello, poner en práctica la asertividad es complejo, y cada persona la puede usar a su estilo. Sin embargo, existen ciertas pautas que pueden ayudar a desarrollarla cuando aún somos inexpertos.

  • Buscar el momento adecuado.
  • Formular en forma de opinión y desde la primera persona (yo siento, yo creo…).
  • Referirnos a las conductas en lugar de a la esencia de las personas, porque las conductas son susceptibles de cambio mientras que la esencia se entiende como inmutable, además de estar relacionada con el autoestima (haces X versus eres X).
  • Formular en positivo en lugar de en negativo, y a futuro en lugar de a pasado.

Así, un ejemplo sería: "Yo pienso (primera persona) que, para la próxima vez (futuro), estaría mejor que (positivo) me avisaras de que vas a llegar tarde (conducta)". Por otra parte, se recomiendan evitar términos absolutos (siempre, nunca, todo, nada…) y utilizar estrategias como el humor. Además, tan importante como la construcción del mensaje es su recepción, por eso es importante utilizar la empatía, la escucha activa…

Y, por supuesto, esto no es ni mucho menos fácil, por lo que suele requerir de entrenamiento y dedicación, y existen situaciones que favorecen la asertividad (el restaurante está vacío) y otras que la dificultan, pero no debemos subestimar el poder de la asertividad, porque, si el ser humano es un ser social, la sociedad empieza por los seres humanos.