Todos nuestros órganos precisan de la actuación del sistema cardiovascular para sobrevivir, debido a que gracias a él reciben el oxígeno y los nutrientes necesarios para su subsistencia y correcto funcionamiento.

Ello incluye a nuestro sistema nervioso, el cual precisa de un aporte contínuo de dichos elementos. Pero en ocasiones pueden existir alteraciones que dañen el sistema vascular que irriga el cerebro o síntomas que hagan pensar en la existencia de dichos daños.

Por ello es necesario disponer de diferentes técnicas que nos permitan observar y analizar el flujo de sangre del cerebro, siendo una de las más conocidas la angiografía cerebral.

¿Qué es una angiografía cerebral?

La angiografía cerebral es una técnica de evaluación médica que permite el estudio y análisis del flujo cerebral y la salud del sistema cerebrovascular. Se trata de una técnica en el que se emplean rayos X para visualizar mediante la inyección de un contraste en los principales vasos sanguíneos cerebrales el flujo y el estado del sistema circulatorio. Las imágenes obtenidas son generalmente muy claras y permiten identificar con precisión alteraciones en la circulación sanguínea del encéfalo.

El procedimiento es el siguiente: tras colocar al paciente sobre la mesa de rayos X, se le inmoviliza la cabeza y se procede a administrarle un sedante a la par que se le monitoriza la actividad cardíaca. Tras ello, se le inserta al paciente un catéter en las arterias del brazo o la pierna, que será guiada por la arteria hasta el cuello con la ayuda de los rayos X. Una vez allí, se inyecta a través del catéter una solución de contraste para posteriormente tomar imágenes de la circulación sanguínea mediante radiografías. Tras ello, y salvo que se haya de realizar algún tipo de intervención mediante éste, se retira el catéter y se procede a aplicar presión en el área por el que se ha introducido de cara a evitar el sangrado.

Si bien en general se usa como técnica para el diagnóstico y seguimiento de trastornos cerebrovasculares, el hecho de que para realizarla se emplee un catéter permite que además de ello se empleen procedimientos terapéuticos como el suministro de fármacos, con lo que puede llegar a evitar la necesidad de otros tratamientos.

Tipos

La angiografía cerebral es una técnica que dispone de diversas variantes en función de los mecanismos que se empleen para evaluar el estado de los vasos sanguíneos del paciente. Algunas de las más conocidas son las siguientes.

1. Angiografía convencional (por sustracción digital intraarterial)

Se trata del procedimiento anteriormente explicitado, en el que se coloca el catéter en la arteria y se guía hasta su objetivo. Se trata de un procedimiento invasivo que suele ser el más habitual debido a su eficacia y el elevado nivel de nitidez que permite. El catéter suele introducirse por vía femoral, a través de la ingle hasta el arco aórtico, donde tras una primera inyección de contraste se procede a colocar el catéter en la arteria que se requiere analizar.

En lo que respecta a la sustracción digital, hace referencia a que frecuentemente en las radiografías se retira digitalmente el cráneo de la imagen tomada, de manera que se pueda observar más claramente la imagen de los vasos sanguíneos.

2. Angiografía por tomografía computerizada helicoidal

En este caso no se introduce ningún tipo de catéter en el cuerpo del sujeto, pero sí precisa de la inyección de un contraste por tal de obtener la imagen mediante TAC. Es menos invasiva que su contraparte convencional.

3. Angiografía por resonancia magnética

En este tipo de angiografía tampoco se usa ningún catéter, no siendo una técnica invasiva. Supone la realización de una resonancia magnética, no empleando radiación como en otros casos.

¿Qué permite diagnosticar?

La angiografía cerebral es una prueba que aún a día de hoy se utiliza como una de las principales para observar el flujo circulatorio y el estado de los vasos sanguíneos del cerebro. Son múltiples los trastornos y enfermedades que la aplicación de esta técnica permite observar.

1. Accidentes cerebrovasculares o ictus

La angiografía permite observar la existencia de extravasación y roturas de vasos sanguíneos, o bien la ausencia o obstrucción de la circulación en alguna área del cerebro. Es por ello que estamos ante una técnica válida tanto para detectar isquemias como para visualizar hemorragias cerebrales. (Más información sobre los ictus).

2. Aneurismas

El uso de angiografía permite detectar la presencia de aneurismas, abultamientos de la pared arterial rellenos de sangre y de pared relativamente más débil que pueden romperse. (Más información sobre los aneurismas).

3. Tumores

La presencia de tumoraciones en el encéfalo tiende a provocar alteraciones en el flujo de sangre del cerebro, así como provocar fenómenos como los accidentes cerebrovasculares. Por ello la angiografía permite observar la presencia de anormalidades generadas por la presencia de tumores. (Más información sobre los tumores cerebrales).

4. Malformaciones

La existencia de malformaciones congénitas, como ocurre en el MAV, también puede valorarse mediante esta técnica de evaluación y diagnóstico.

5. Alteraciones arteriales o venosas

Mediante la angiografía cerebral puede observarse si los vasos sanguíneos del cerebro tienen un buen estado de salud, si se encuentran inflamados o si se presentan trastornos como la ateroesclerosis.

6. Muerte cerebral

La angiografía cerebral es también utilizada para evaluar si existe o no muerte cerebral. Concretamente, se evalúa si existe o no flujo sanguíneo, observándose una ausencia de irrigación en aquellos casos de muerte encefálica.

7. Otros trastornos

Existe la posibilidad de observar mediante la angiofrafía cerebral la presencia de diferentes trastornos y enfermedades al margen de las anteriormente dichas. Por ejemplo, pueden encontrarse alteraciones ante la neurosífilis, o bien en personas con trastornos como el síndrome de Kleine-Levine.

Riesgos y posibles efectos secundarios de esta técnica

La angiografía cerebral es una técnica generalmente segura y que no tiende a causar complicaciones, pero ello no impide que pueda tener riesgos y efectos secundarios adversos que sí pueden causar alteraciones de gravedad variable.

Uno de los riesgos se da ante la posibilidad de que exista en el paciente alergia al contraste aplicado (generalmente yodado). Asimismo, este podría generar molestias o incluso destrucción de algunos tejidos si se extravasa fuera de la vena. También puede resultar arriesgado o nocivo para personas que padezcan problemas renales o diabetes.

La existencia de síntomas como hormigueos, dificultades respiratorias, problemas de visión, infección de la vía por la que ha entrado el catéter, problemas de control de la extremidad en la que se ha insertado este, problemas del habla o hemiparesias son una señal de que puede existir algún tipo de complicación a tratar rápidamente.

Por último, es necesario una especial precaución en el caso de mujeres embarazadas o en proceso de lactancia, puesto que la radiación emitida podría ser perjudicial. Puede ocurrir también que se provoque un desgarro de la arteria que genere algún tipo de hemorragia o coágulos que puedan taponar el vaso, si bien es algo muy poco común.

Referencias bibliográficas:

  • Camargo, M.; Peralta, A.; Arias, W.; Mercado, C.; Laguna, Y.; Cuellar, J.; Laforcada, C.; Paz, G.; Durán, J.C.; Aramayo, M.; Fortún, F. & Núñez, H. (s.f.). Protocolo de Accidente Cerebrovascular. Sociedad Boliviana de Neurología.
  • Millán, J.M. & Campollo, J. (2000). Valor diagnóstico de la angiografía cerebral en la confirmación de la muerte encefálica. Ventajas e inconvenientes. Med. Intensiva, 24 (3); 135-141. Madrid.
  • Daroff, R.B.; Jankovic, J.; Mazziotta, J.C. y Pomeroy S.L. (2016). Bradley's Neurology in Clinical Practice. 7th ed. Philadelphia, PA: Elsevier.