La infertilidad, en todas sus variables, es una problemática cada vez más extendida, debido, principalmente, al aumento de la edad en la que nos planteamos ser padres, aunque puede deberse a múltiples factores y, en muchas ocasiones, ni siquiera hay explicación al porqué no llega el ansiado hijo/a.

Sea por la razón que sea, lo que es evidente es que causa estrés psicológico. Es una situación que escapa al control de las personas y de la que no se habla demasiado, por lo que, suelen verse desbordadas y con pocas herramientas para gestionarlo.

El proceso hacia la reproducción asistida

El proceso suele comenzar cuando la pareja decide tener un hijo/a y comienza a descubrir que le cuesta más tiempo de lo previsto, esto genera un nivel de ansiedad variable, que depende de la persona, del tiempo que le esté costando, de si se detectan o no las causas de esta demora, de si conoce si puede o no puede tener descendencia, si ha habido abortos previos, etc. Es decir, depende de múltiples factores, tanto personales como contextuales.

Por otra parte, la pareja suele verse en la tesitura de comenzar o no un proceso de reproducción asistida. La misma toma de decisión ya suele ser compleja y si se decide que sí, o incluso si se realiza de este modo por prescripción médica, hay que estar también preparado psicológicamente y se recomienda un acompañamiento psicológico ya que no es un proceso sencillo a nivel emocional. Hay que trabajar, entre otros aspectos, las expectativas que se tienen del tratamiento (tratando de lograr un equilibrio entre el realismo y la positividad), la tolerancia a la frustración, la incertidumbre, el temor, la ansiedad, la gestión de la espera etc.

Gestionando el estrés y la ansiedad

Por supuesto, si el resultado no es el deseado, se requiere un apoyo más intensivo y trabajar con la persona o bien en el camino de la persistencia y de la gestión del estrés y del dolor que esto produce, o bien, acompañar a la pareja que decida abandonar el tratamiento en el sentimiento de culpa, fracaso, tristeza etc que esta decisión puede generarles, pero, que es una decisión lógica y muy personal.

Las decisiones, como siempre en la terapia, la toman los pacientes, si bien es cierto, que el psicólogo ha de velar porque estas decisiones no se tomen bajo la influencia de estados emocionales que impidan ser racional, por ejemplo, si la pareja /persona decide no continuar con el tratamiento cuando acaba de conocer que el resultado ha sido negativo, puede que lo haga guiada por la frustración del momento, lo cual no es lo idóneo.

Es de vital importancia que la persona/pareja no pierda funcionalidad, es decir, se ha de trabajar para que sigan haciendo las mismas o muy similares actividades siendo capaces de disfrutarlas y no generar una obsesión que puede, incluso, tornarse patológica y dañar a la pareja. Es muy común que estos procesos puedan perjudicar las dinámicas de la pareja, que ya solo hablen de este tema, que haya aumentado la irascibilidad, que no tengan ganas de hacer otras cosas, que las relaciones sexuales giren en torno a la concepción etc. Por ello, con la ayuda de un psicólogo/a se trabaja para evitar que esto ocurra o para tratar de remediarlo o paliarlo si ya está ocurriendo.

¿Cómo puede ayudarnos la terapia psicológica?

La espera, unida a la sensación de falta de control, es uno de los aspectos que más perturban a la persona. Cuando un hijo no está llegando, se ponga o no la pareja en manos de la reproducción asistida, hay que asumir que no tenemos en nuestras manos la solución, que hay muchos elementos que escapan a nuestro control, es más, como hemos comentado, en ocasiones ni sabemos por qué no llega, por lo que esta sensación crea mucha inseguridad a lo que se suma la ansiedad por la espera.

Otro aspecto que suele generar mucho dolor es cuando la persona/pareja descubren que no pueden ser padres biológicos y querían serlo. Obviamente, esto genera sufrimiento, ansiedad e, incluso, depresión. En este punto, la terapia ha de enfocarse en la gestión del dolor, expresión de sentimientos, en proporcionar herramientas para canalizar la rabia, la culpabilidad, la tristeza etc, ampliación de objetivos, valorar opciones… según la situación y la demanda de la persona/pareja y del punto en el que se encuentre.

En definitiva, hemos hablado con generalizaciones de procesos que son muy personales y distintos entre sí, sin embargo, suelen compartir que se vivencian como estresantes, que tienen mucha carga emocional y que es muy importante que un psicólogo acompañe a la pareja o a la persona implicada para ayudarle a gestionar todo lo que va aconteciendo, además, aunque el apoyo social es muy importante, la gente de nuestro entorno no suele conocer cómo ayudarnos, por lo que en Mariva Psicólogos recomendamos, sin duda, ponerte en mano de un psicólogo/a que pueda ayudaros.