Seguramente, algún momento de nuestras vidas, hemos tenido la sensación de que alguien nos mira o incluso de que nos siguen por la calle. Cuando esta sensación se convierte en una creencia firme y permanente es lo que se llama delirio de persecución.

En el delirio de persecución o delirio persecutorio, la persona convive con una serie de ideas y de creencias irracionales en las que cree que está siendo perseguido, espiado o que diferentes personas u organizaciones van a por él; casi siempre con la intención de agredir o provocar algún daño, tanto físico como psicológico.

Esta afección se vive con mucha ansiedad y puede llegar a envolver todos los pensamientos o aspectos de la vida cotidiana del paciente, condicionando su relación con cualquier otra persona.

¿Qué es el delirio persecutorio? Definición y características

Según la última edición del manual de diagnóstico DSM-V un delirio consistiría en “una falsa creencia basada en una inferencia incorrecta relativa a la realidad externa, que es firmemente sostenida, a pesar de que casi todo el mundo cree y a pesar de cuanto constituye una prueba o evidencia incontrovertible y obvia de lo contrario”.

En otras palabras, un delirio es una creencia completamente irracional, sin ninguna base demostrable. Creencia que el paciente mantiene a pesar de demostrarle que son falsas. Tras aclarar esto podemos explicar el delirio de persecución como la falsa creencia de ser seguido, acosado u hostigado por una o varias personas.

Esto puede suponer un padecimiento muy grave para el paciente, ya que el pensamiento general de este se inserta en un pensamiento irracional; haciendo que todos los procesos mentales del paciente giren alrededor de su delirio.

Síntomas y señales

La característica principal de los delirios de persecución es la presencia de alteraciones en el contenido del pensamiento, sobre todo, debido a interpretaciones distorsionadas o falsas del contexto o situación que le rodea.

Una persona que manifiesta delirios de persecución puede pensar que sus vecinos, o cualquier persona con la que cruce una mirada, le están vigilando.

Las inferencias realizadas por alguien con este trastorno pueden ser estridentes y aleatorias, por lo que no se necesita de ningún estímulo específico para que la persona lo asocie directamente con su delirio. Aún así, a pesar de las características de esta deformación del pensamiento, existen pensamientos comunes propios del delirio de persecución.

1. Ser seguido por alguien

Es la más común de todas las ideaciones y consiste en la creencia de que una o más personas le siguen continuamente. Además, es habitual que la persona asocie ese acechamiento con una intención de provocarle algún daño.

Por ejemplo, la persona que le persigue lo hace con la intención de matarle.

2. Ser espiado

Frecuentemente los pacientes con delirios de persecución piensan que además de ser seguidos por alguien, ese alguien lo hace con la intención de espiarle por algún motivo. De ahí, que muchas de las personas que los sufren traten de esconderse continuamente, provocando una situación de inseguridad y ansiedad muy extrema.

3. Ser atormentado

Otra característica muy frecuente en el delirio de persecución es que surjan ideas de tormento o daño continuo. Estas personas pueden creer que aquellos que les persiguen le están haciendo la vida imposible mediante pequeños actos o situaciones.

En este caso el sujeto puede pensar que cada vez que no encuentra algo es porque alguien se lo esconde.

4. Ser ridiculizado

Finalmente, un de los pensamientos que se incluyen en los delirios de persecución es el de que quien lo sigue, lo hace con la intención de ridiculizar o burlarse de él.

Causas frecuentes

A pesar de todo lo nombrado anteriormente, la manifestación de delirios no constituye un patología por sí misma, sino que surge como síntoma de alguna de las alteraciones psicológicas que se exponen a continuación.

Según las indicaciones del DSM-IV-TR, los delirios de persecución son la forma más común de los delirios de esquizofrenia paranoide; pero también pueden aparecer en el trastorno esquizoafectivo, ya que constituye la característica más común del subtipo persecutorio del trastorno delirante.

Estos delirios también pueden aparecer en los episodios maníacos y mixtos del trastorno bipolar y en episodios depresivos graves con propiedades psicóticas.

Otras patologías en las que los podemos encontrar son:

  • Demencia
  • Trastorno psicótico leve
  • Trastorno esquizofreniforme
  • Delirium
  • Trastorno psicótico debido a enfermedad médica
  • Trastorno psicótico inducido por sustancias: en este caso el delirio puede aparecer de forma aguda mientras duran los efectos de la droga o persistir a pesar de que estos hayan remitido.

Tipos de delirio de persecución

No existe un solo tipo de delirio de persecución, sino que estos se dividen en dos tipos según si el daño que la persona piensa que se le va a infligir es físico o psíquico.

Cuando el daño se presenta de forma física, el sujeto se siente asediado por personas que quieren ocasionar algún daño físico. Daños como darle una paliza, atropellarlo o, incluso, matarlo.

Sin embargo, si se presenta de forma psíquica, el paciente cree que las agresiones se suceden en un plano moral. Intentando desprestigiar, burlarse de él o divertirse a su costa.

Diagnóstico

Puesto que habitualmente estas creencias e ideaciones resultan sumamente extravagantes y poco creíbles, es relativamente fácil identificarlas y diagnosticarlas como delirios.

Aún así, para un correcto diagnóstico de es necesario tener en cuenta una serie de factores previos.

1. Diferenciar entre ideas delirantes e ideas sobrevaloradas

Es absolutamente imprescindible realizar un diagnóstico diferencial entre una idea delirante y una creencia habitual del paciente pero que esté sobrevalorada. Por ejemplo, esto puede complicarse cuando se tratan de creencias e ideas basadas en la religión.

Además, cuando se diagnostican delirios de persecución debemos cerciorarnos que tanto la irracionalidad como el grado de convicción son absolutos; puesto que esto es un signo inequívoco de delirio.

2. Detectar cambios o fluctuaciones en el estado de ánimo

Si las creencias delirantes aparecen solamente durante episodios de maníacos, de depresión mayor o mixtos, seguramente estemos ante un trastorno del estado de ánimo con síntomas psicóticos.

Sin embargo, si se manifiesta sin ningún tipo de alteración anímica se debe diagnosticar como trastorno esquizoafectivo o esquizofreniforme.

3. Investigar las causas del delirio

Dado que el delirio persecutorio es un síntoma dentro de una patología más amplia, es necesario evaluar el estado y la sintomatología del paciente. Con la intención de diagnosticar alguna de las patologías relacionadas mencionadas anteriormente.

4. Descartar la patología médica o el consumo de sustancias como causa.

Como se menciona en el apartado de etiología de los delirios de persecución, en ocasiones estos pueden ser consecuencia del consumo de drogas o sustancias psicoactivas, o incluso pueden ser producto de ciertas enfermedades orgánicas.

Por lo que un exámen médico o una evaluación de las sustancias consumidas por el paciente es esencial para colocar estos delirios en el diagnóstico correcto.

Tratamiento

Es imprescindible tratar los delirios de persecución lo antes posible, para así estabilizar al paciente y que las ideas delirantes remitan; llegando incluso a internamiento hospitalario en el caso de que fuera necesario.

Así pues, la farmacoterapia se constituye como una fase inicial esencial para la mejoría de la persona, siendo los medicamentos antipsicóticos, como la risperidona o el haloperidol, los fármacos de cabecera para estos síntomas.

Además, cuando el delirio persecutorio se acompaña de niveles altos de ansiedad o agitación, es común la administración de fármacos ansiolíticos como las benzodiacepinas.

Sin embargo, cuando las creencias delirantes tengan como causa el consumo de sustancias o alguna enfermedad médica, es necesario tratar también estas afecciones, puesto que constituyen la causa inicial del trastorno.

Una vez conseguida la estabilización del paciente, se añade el tratamiento psicológico, tanto a nivel individual como familiar. Las terapias más eficaces para combatir las ideas delirantes han resultado ser las cognitivo-conductuales; así como el entrenamiento en habilidades sociales y las medidas de rehabilitación.