La esquizofrenia es un trastorno incapacitante, crónico y muy complejo. En raras ocasiones este trastorno aparece durante la edad infantil. 

La esquizofrenia infantil, aunque forme parte del espectro de la esquizofrenia, recibe un nombre específico porque los niños que la padecen manifiestan un cuadro muy homogéneo con un pronóstico poco favorable que debe ser diagnosticado cuando antes para frenar el empeoramiento clínico del paciente.

Estos niños, que igual que los adultos sufren alucinacionesdelirios, muestran también anormalidades cerebrales y factores de riesgo genéticos que explican el desarrollo temprano de la enfermedad.

Clínica de la esquizofrenia infantil

La mayoría de casos de esquizofrenia infantil se diagnostican a través de la presencia de alucinaciones, un síntoma muy llamativo. 

Sin embargo, no es el único síntoma que exhiben estos niños y niñas. De igual forma que ocurre con la esquizofrenia en la edad adulta, el cuadro psicótico de los esquizofrénicos es muy diverso e incluye diferentes síntomas, tanto psicóticos como desorganizativos.

1. Síntomas psicóticos

La principal causa de alerta para los padres es la presencia de alucinaciones. Las más comunes son las alucinaciones auditivas como voces desagradables y negativas que le hablan al paciente o le llaman. Las voces pueden ser masculinas o femeninas, familiares o desconocidas, críticas o halagadoras. Los sonidos, ruidos o música son considerados como menos frecuentes y severos. 

Es posible encontrar también alucinaciones visuales, ver formas, colores o personas que no están presentes y que incluso pueden tener características religiosas, por ejemplo, ver al diablo o a Cristo.

Otra manifestación psicótica es la presencia de delirios. Un delirio es una creencia infundada y rígida a la que el paciente se agarra cual clavo ardiendo, cuyo contenido es inverosímil o muy difícil de creer. Por ejemplo, delirios de persecución donde el paciente cree ser víctima de una conspiración, que alguien le espía, etc. 

Los niños son individuos muy imaginativos, por esto es muy fácil confundir los delirios con las fantasías que pueden ser más o menos extravagantes según la creatividad del pequeño. Asimismo, ideas como “mis padres pueden leerme el pensamiento” pueden bien ser delirios, bien el producto de una mente inocente y crédula. El buen juicio del clínico es fundamental en este punto.

2. Síntomas de desorganización

En la esquizofrenia infantil encontramos comportamientos extravagantes, por ejemplo preferencias inusuales con la comida, comportamiento social extraño, habla extraña o poco lógica. De nuevo, hay que separar la incoherencia propia del habla infantil de la ilogicidad que no corresponda al nivel evolutivo del niño.

De todas las manifestaciones desorganizativas en la esquizofrenia infantil, las que más se ven son las motoras y sociales. Previamente al diagnóstico, es habitual que los padres hablen de gestos, muecas o posturas extrañas que anticipan el desarrollo del trastorno. Además, estos niños son socialmente raros. Puede costarles mantener una conversación con otros niños, expresar ideas, hablan de temas extravagantes y pierden el hilo del diálogo. En general son descritos como “raros” por el resto de sus compañeros.

Causas de la esquizofrenia infantil

Aunque la causa directa del desarrollo de esquizofrenia infantil es desconocida, sí conocemos diversos factores de riesgo que se asocian con el trastorno. 

Tener familiares de primer grado con esquizofrenia aumenta la probabilidad de tener este trastorno, de forma que existe una carga genética en su desarrollo. La presencia de otros trastornos comórbidos, como trastornos de ansiedad, TDAH o trastorno de conducta suele acompañar a la esquizofrenia infantil. Se halla también que en las familias de niños con este trastorno se expresan las emociones con mayor intensidad.

Existen diversos estudios que describen cómo las complicaciones durante el parto pueden llevar a anormalidades en el desarrollo neurológico y posteriormente a esquizofrenia. Sobre todo, se han relacionado aquellas complicaciones que impliquen cortar el flujo de oxígeno al cerebro y causen hipoxia con el posterior desarrollo del trastorno, aunque el mecanismo exacto no está en absoluto claro.

En estos niños se agrandan los ventrículos laterales del cerebro. Además, van perdiendo sustancia gris progresivamente en las regiones frontales y temporales del cerebro, de forma parecida a como lo hacen los adultos. De esta forma, los pacientes con esquizofrenia infantil tienen un menor volumen cerebral que la población normal.

Pronóstico y tratamiento

La edad en la que debuta la esquizofrenia es un predictor muy potente de su severidad y pronóstico. Aquellas personas que desarrollen una esquizofrenia más pronto tendrán una mayor afectación y por lo tanto un peor pronóstico. Se espera que estén más deterioradas a nivel de pensamiento, lenguaje, motricidad y conducta social que aquellos que han debutado más tarde.

Por esto, la esquizofrenia infantil predice un mal pronóstico para quien la sufre a no ser que se diagnostique a tiempo. Esto hace que la evaluación de una posible esquizofrenia durante la infancia sea una carrera contrarreloj donde el profesional deba ser exhaustivo, pero no ir demasiado deprisa y marcar a un niño de por vida.

Una vez se determina que efectivamente el niño sufre una esquizofrenia de inicio en la infancia, se comenzará la terapia farmacológica con antipsicóticos de inmediato para amortiguar todo lo posible el deterioro que provoca el trastorno. Además será necesario formar a los padres en qué tipo de síntomas pueden esperar, cómo se manejan y qué necesidades especiales podría tener el niño más adelante.

De forma paralela, se abordan de forma psicológica los delirios y alucinaciones enseñando al niño a reconocerlos como tal. Frecuentemente, los síntomas psicóticos son precedidos de estados de ánimo negativos y es posible darse cuenta de cuándo se está en un período vulnerable. Además, es imperativo enseñar a estos pacientes a realizar interpretaciones alternativas de los hechos para salir de la rigidez que caracteriza los delirios.

Finalmente, es posible abordar la conducta social del niño con esquizofrenia a través del entrenamiento en habilidades sociales para enseñarle a relacionarse de una forma normal con los demás y que sea capaz de establecer vínculos significativos con sus compañeros de clase.