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La etapa de la adolescencia supone una infinidad de cambios, tanto a nivel físico como emocional, y también en el aspecto de las relaciones interpersonales.

Es una etapa clave a la hora de configurar nuestra manera de ser y enfocarnos hacia la adultez. Los cambios hormonales y algunas situaciones sociales pueden provocar que el adolescente se muestre más susceptible e irritable, y es una etapa en que los trastornos del estado del ánimo pueden surgir y evidenciarse. Uno de cada cinco jóvenes padece en algún momento de esta etapa algún cuadro depresivo. Los adolescentes con depresión puede aislarse y presentar una sintomatología de continuo desánimo.

Si esta conducta se mantiene durante por lo menos seis meses, podría ser señal de que el joven sufre algún tipo de depresión.

¿Cuáles son los síntomas de la depresión entre jóvenes adolescentes?

Varias instituciones de carácter internacional como la OMS o la American Psychiatric Association han elaborado una serie de guías que definen y describen los variados síntomas y señales que nos advierten de que un adolescente podría estar sufriendo una depresión.

La depresión en esta etapa vital es la tercera causa de suicidio. Por tanto, debemos estar concienciados ante esta realidad para poder así actuar para minimizar este problema.

A continuación enumeramos los síntomas más habituales que nos pueden indicar que un adolescente puede estar pasándolo mal:

1. Trastornos del sueño

Cuando el adolescente cambia severamente sus hábitos asociados a las horas de sueño, algo puede estar ocurriendo. En algunos casos, puede tratarse de una de las primeras señales físicas de depresión. Cuando el joven duerme pocas o demasiadas horas, el trastorno base podría ser la depresión. En cualquier caso, la existencia de un síntoma no significa que esa persona padezca depresión, pero sí es una señal de alerta.

Más información sobre este punto: “Trastornos del sueño: todo lo que necesitas saber”

2. Abulia: pérdida de interés

Cuando un adolescente que antes se divertía y tenía aficiones y actividades que le apasionaban pierde el interés en esas cosas, deberíamos empezar a preocuparnos. Podemos observar como el joven se mostrará esquivo y aburrido, y preferirá pasar mucho tiempo sin compañía de amigos o familiares.

3. Cambios en la conducta alimentaria

Se suele decir que los extremos nunca son buenos. Pues bien, este caso es un claro ejemplo de ello. Cuando alguien pierde completamente las ganas de comer, o por el contrario come en exceso, algo va mal. Los trastornos alimenticios, tales como la anorexia o la bulimia nerviosa, pueden venir estrechamente vinculados a un cuadro de depresión.

4. Ira y sollozos sin motivo aparente

Las muestras de ira y tristeza espontáneas son bastante habituales entre los pacientes que padecen cuadros depresivos. Cuando hablamos de los adolescentes, los ataques de ira o los lloros pueden aparecer sin una causa o motivo observable. Si esta situación se torna frecuente, deberíamos pensar en buscar ayuda.

5. Abandono progresivo de sus amistades

Un aspecto notorio entre los adolescentes con depresión es que se van alejando progresivamente de sus amigos, mostrando poco interés por hacer vida social y prefiriendo aislarse del contacto con otras personas.

6. Poca capacidad para concentrarse y bajada en el rendimiento académico

El joven que está pasando por una etapa de bajo estado de ánimo suele presentar una baja capacidad para concentrarse, además de varios problemas a la hora de memorizar cosas y tomar decisiones. Estos factores, unidos a una menor motivación por los estudios, suelen redundar en unos peores resultados escolares.

7. Baja autoestima y un autoconcepto negativo

La baja autoestima es un rasgo muy habitual entre los jóvenes en general, pero cuando se convierte en algo persistente puede acabar generando comentarios despectivos hacia sí mismo y puede ser una señal de depresión. Un excesivo sentimiento de culpa, las críticas exageradas y la dependencia emocional hacia otras personas deberían también hacernos notar que algo está sucediendo. 

Más sobre esta cuestión: "¿Por qué me odio a mí mismo? Causas y soluciones"

8. Conductas agresivas y coqueteo con sustancias ilegales

En caso de que el adolescente empiece a estar implicado frecuentemente en peleas o reyertas, a hacer “bullying” a alguno de sus compañeros o a frecuentar malas compañías, podría estar padeciendo algún problema grave de fondo. Además, las conductas sexuales de riesgo o el coqueteo con el alcohol u otras drogas serían factores a tener en cuenta.

9. Huidas y otras llamadas de atención

Escaparse del hogar familiar es uno de las posibles señales de depresión. En ocasiones, puede ser un mecanismo de defensa del adolescente, que busca llamar la atención de los padres.

10. Pensamientos e ideaciones suicidas

Esta es una señal inequívoca de que el adolescente está sufriendo un grave problema de salud mental. Este tipo de pensamientos recurrentes sobre la muerte tengan su verbalización con frases como “No quiero seguir viviendo”. En casos más avanzados, el adolescente puede autolesionarse o intentar suicidarse.

Cinco consejos para tratar la depresión

Ahora que ya conocemos las distintas señales que podemos observar en un adolescente con este trastorno, vamos a explicar cómo debemos actuar (como padres, amigos o familiares) en caso de que alguna persona joven en nuestro entorno cercano pueda padecer depresión.

1. Conversar con él/ella

La primera medida que podemos tomar para saber por qué el adolescente se está comportando de forma extraña es conversar con él para intentar conocer las causas. De hecho, existen síntomas que pueden presentarse pero que pueden no implicar un trastorno de fondo.

En cualquier caso, es importante hablar con el adolescente para saber si es conciente de que su conducta ha cambiado y tenderle la mano si nos pide ayuda. Si las ideaciones suicidas son evidentes, es buena idea que no abordemos este tema como un tabú. La familia, en este tipo de casos, puede jugar un papel esencial a la hora de unirse para ayudar al adolescente a sentirse mejor.

2. Acudir al médico

No debemos tener miedo a acudir al médico de cabecera. Si los síntomas que muestra el adolescente son cada vez más preocupantes y complicados de gestionar, deberíamos acudir a un especialista en este tipo de casos, por ejemplo a un psicoterapeuta. El profesional de la salud mental podrá ofrecer un diagnóstico fiable sobre cada caso y desarrollar un tratamiento si es necesario, además de orientar a los padres para gestionar la situación.

3. Terapia psicológica mejor que fármacos

Vivimos en una sociedad que tiende a curarlo todo con fármacos. En ocasiones el tratamiento con medicamentos es necesario, y en el caso de los trastornos depresivos existen fármacos antidepresivos que pueden ser de gran ayuda.

De todos modos, lo ideal es que el joven aprenda a gestionar sus emociones y a canalizar su motivación adecuadamente, y eso no lo puede lograr una pastilla. En casos de depresiones leves (por ejemplo en cuadros de distimia), el tratamiento farmacológico no es necesario. Lo verdaderamente curativo es hallar una vía de expresión de los sentimientos y emociones, y esto es más fácil lograrlo con el soporte terapéutico de médicos y psicólogos.

Los psicólogos educativos también pueden ser muy útiles a la hora de detectar y tratar este tipo de casos. Pueden ayudar decisivamente a concienciar al adolescente de que su situación puede y debe cambiar. Además, son profesionales con capacidad para adaptar en lo posible el entorno lectivo a las necesidades de un estudiante con este trastorno.

4. Cambiar hábitos y rutinas

Los adolescentes que sufren depresión suelen tener unos horarios de sueños muy alterados y se muestran apáticos ante las actividades rutinarias. Por este motivo es aconsejable ayudarles a elaborar un horario bien planificado, no muy estricto pero sí ambicioso, en el que por ejemplo establezcamos una hora para irse a la cama y varias actividades que el joven se sienta motivado a realizar a diario.

Poder compartir tiempo y espacio con personas que le apoyan puede suponer una dosis de positividad.

5. Practicar deporte, la terapia más antigua

Practicar ejercicio físico es muy positivo para cualquier persona, pero especialmente para un joven con depresión. Buscar una actividad que se adecue a las características y necesidades del joven puede ser una forma fantástica de canalizar el estrés y la ansiedad, además de una fuente de buenas sensaciones para minimizar sus emociones negativas.

Si esta actividad se realiza en grupo y al aire libre, los efectos positivos pueden ser aún mejores. 

Lo puedes comprobar leyendo este artículo: "Los 10 beneficios psicológicos de practicar ejercicio físico"