Aunque la problemática del suicidio en nuestra sociedad siempre ha sido considerado un tema tabú, cada vez se trata con una mayor transparencia.

De hecho, a día de hoy se estudian en profundidad todos los factores que influyen en esta conducta, y se hace a través de la suicidología. A continuación veremos con detalle en qué consiste este campo del conocimiento.

Qué es la suicidología

La suicidología es la ciencia que estudia todos aquellos comportamientos suicidas, pero no se queda ahí, sino que trata de elaborar una serie de pautas para lograr prevenirlos. Estos objetivos los logra bebiendo de dos grandes ramas de la ciencia, que son la Psicología y la Sociología.

La suicidología no se centra únicamente en el suicidio, sino que también se encarga de estudiar otras conductas autolesivas que no tienen que derivar en la muerte necesariamente, y también de la propia ideación suicida y de los parasuicidios.

La suicidología en España

En España esta disciplina está abanderada por la Sociedad Española de Suicidología, nacida en el año 2015. Su objetivo es reunir a todos los colectivos de profesionales de la salud y otros ámbitos que de una u otra manera puedan tener relación con personas potencialmente suicidas, para establecer y cumplir con una serie de pautas cuyo objetivo es lograr disminuir la prevalencia de este fenómeno.

Igualmente, tratan de visibilizar la problemática del suicidio, puesto que tradicionalmente se ha visto omitida de la mayoría de los medios de comunicación e incluso dentro de la sociedad en sí misma, hecho que, afirman, hace que sea mucho más difícil abordar el problema de una manera eficaz.

La Sociedad Española de Suicidología organiza anualmente congresos y jornadas dedicadas a poner en contacto a expertos en las conductas suicidas y lograr así mejorar los protocolos para la prevención de estos actos.

¿Qué entendemos por suicidio?

Se conoce como suicidio al acto de un individuo que implica quitarse la vida voluntariamente. Puede realizarse a través de multitud de vías, pero las más frecuentes son el ahorcamiento, el uso de venenos y la utilización de armas de fuego.

Existen factores de riesgo que hacen que una persona sea más propensa a cometer suicidio. Por ejemplo, algunos trastornos mentales, recibir acoso de algún tipo, duelos no superados, pérdida de empleo, alcoholismo y consumo de otras sustancias, entre otros.

La conducta suicida en la historia

Este fenómeno ha ocurrido a lo largo de toda la historia de la humanidad, pero la percepción hacia el mismo no siempre ha sido igual. En la Grecia antigua, el suicidio podía incluso ser bien visto si se realizaba como forma de evitar un deshonor. En Roma inicialmente fue legal, pero después se prohibió, por una cuestión meramente económica (la muerte de los esclavos les generaba pérdidas).

Pero lo que marcó su estigma en la sociedad occidental fue la llegada de la Iglesia, que pasó a considerarlo un pecado, puesto que el sexto mandamiento, “no matarás”, implicaba también el no matarse a uno mismo.

Sin embargo, con el Renacimiento se experimentó otro giro en la percepción del suicidio, defendiéndolo en cierta manera. Y ya con la Ilustración, autores como David Hume promulgaron que al no afectar a nadie más que al propio individuo, y en cierta manera ser en su beneficio, el suicidio no podía ser un crimen.

En el siglo XIX, definitivamente se desplazó el foco de la cuestión religiosa hacia la salud mental del individuo suicida, pasando de hablar de pecado para comenzar a hablar de locura. Finalmente, a mitad del siglo XX, el suicidio dejó de figurar en los códigos penales de muchos de los países europeos.

Epidemiología

Las cifras que rodean a este fenómeno, a nivel global, son desoladoras. Aproximadamente un millón de personas en el mundo deciden quitarse la vida, y de hecho lo hacen. Esto es una muerte intencional voluntaria cada 2 minutos.

La epidemiología del suicidio en España nos muestra que cada año unos 3500 ciudadanos se quitan la vida, siendo inmensa mayoría varones (3 hombres por cada mujer). En cuanto a la edad, se observan las mayores tasas de suicidio en los hombres de entre 40 y 59 años. Cabe destacar la preocupación por el aumento de los datos experimentado en el año 2019, casi un 10% más respecto al año anterior.

Ideación suicida

Generalmente, antes de llegar al acto del suicidio, por la mente del individuo pasan una serie de pensamientos autodestructivos. Estas ideaciones pueden darse en un amplio espectro, desde la mera imaginación de “qué pasaría si…”, hasta la elaboración de un plan detallado que finaliza inexorablemente en la privación de la propia vida.

Se habla de una serie de fases durante las ideaciones suicidas:

  • Ideativa: incluye las primeras elucubraciones sobre la idea de quitarse la vida.
  • Lucha: dichas ideas toman fuerza, y generan ansiedad al individuo, que duda sobre la decisión a tomar.
  • Relajación: tras decidir suicidarse, la persona deja de sentir esa angustia.

Pero, frente a este sistema de fases, también se puede dar la conducta suicida de una manera repentina, por ejemplo por un pico extremadamente alto de estrés (unido a otra serie de factores, claro está).

Cuando el individuo está en alguna fase de la ideación suicida, suele mostrar una serie de síntomas que deberán ser como una “alerta roja” para todas las personas de su entorno, especialmente para los profesionales de la salud. Incluirían anhedonia, síntomas ansiosodepresivos, pérdida del sueño y/o del apetito y dificultades para concentrarse, entre otros.

Parasuicidio

El parasuicidio es una conducta autolesiva en la que el individuo se lleva voluntariamente al borde de la muerte, sabiendo que es poco probable lograr ese objetivo, con la intención de llamar la atención de las personas de su entorno. La principal diferencia, en este caso, es que la persona no desea morir realmente.

Igualmente, es una conducta muy grave que requiere poner en marcha todos los mecanismos posibles para que la persona reciba el tratamiento adecuado y cese en ese tipo de comportamientos, resolviendo los problemas que los están ocasionando.

Asesinato-suicidio

Esta es una tipología diferente de suicidio sería aquella en la que la persona mata (o al menos lo intenta) a otros individuos justo antes de suicidarse, o al mismo tiempo.

La tipología y las motivaciones subyacentes que llevan a ello son muy variadas. Podemos encontrar casos de personas que facilitan los medios para morir a un ser querido impedido, otros que matan a personas de su entorno más cercano e incluso casos de ataques suicidas, ya sea mediante tiroteos, explosivos, con vehículos, etc..

Conducta autodestructiva

Serían todas aquellas conductas que tienen como objeto el infringirse un daño deliberado a uno mismo, pero no necesariamente desembocando en la muerte pues la mayoría de ellas suelen ser mucho más sutiles.

Estos comportamientos se pueden clasificar en dos tipos.

Conductas autolesivas directas

Tienen el objeto de producir un daño inmediato, y se realizan mediante todo tipo de violencia física (traumatismos, incisiones con objetos punzantes, quemaduras, etc.). La expresión más extrema de este comportamiento sería, efectivamente, el suicidio.

Conductas autolesivas indirectas

En cambio, este tipo de acciones buscan (consciente o inconscientemente) un perjuicio a largo plazo. Entre ellas encontraríamos el abuso de sustancias (alcohol, drogas, etc.), las prácticas sexuales de riesgo (sin el uso de la protección adecuada), la realización de deportes peligrosos, participar en juegos de azar sin control, o sufrir desórdenes alimentarios.

Nota de suicidio

Es un elemento clave porque, aunque obviamente no sirve para evitar la muerte de ese individuo en concreto, sí que nos proporciona mucha información acerca de las causas que le han llevado a tomar tan fatal decisión, de manera que los expertos puedan trabajar con datos muy valiosos de cara a crear unos protocolos antisuicidio más eficaces, que les permitan salvar las vidas de otras personas que se encontraran en situaciones semejantes.

La nota de suicidio es un elemento utilizado por una de cada seis personas que deciden quitarse la vida, aunque según los estudios parece ser un factor fuertemente cultural, pues en algunas sociedades la cifra aumenta hasta uno de cada dos.

Los objetivos que buscan al redactar estas líneas previas a la muerte son de índole variada. Algunos pretenden aliviar el sufrimiento de sus seres queridos, mientras que otros por el contrario pretenden ahondar en él, haciéndoles sentirse responsables de esta decisión e incluso para indicar qué desean que se haga con su cuerpo. Otros la utilizan más pragmáticamente para explicar las razones que les han llevado a ello. Algunos aprovechan la ocasión para expresar aquello a lo que nunca se atrevieron y que les atormentaba.

Pero también existen motivos para los que no escriben esa nota de suicidio. Algunos simplemente están concentrados en los preparativos más prácticos del acto suicida y no se paran a pensar en escribir. Otros pretenden fingir que la muerte es accidental o incluso que han sido asesinados.

En algunos casos, la decisión es repentina (aunque se lleve rumiando un tiempo) y no ha lugar a la nota. En algunos casos la persona, sencillamente, no tiene nada que decir o, más dramático aún, nadie a quien decírselo. Finalmente, los hay que no no saben cómo expresar su mensaje, o simplemente no quieren hacerlo.

Hay salida

Antes de finalizar, es importante que quede claro que siempre hay personas dispuestas a ayudar a todo aquel que esté pasando un mal momento. El suicidio nunca debería ser la solución. Si necesitas ayuda, no dudes en llamar al teléfono de la esperanza (717 00 37 17), sea el día y a la hora que sea. Al otro lado de la línea encontrarás a un profesional dispuesto a tenderte la mano.

Referencias bibliográficas:

  • Maris, R. W., Berman, A. L., Silverman. (2000). Comprehensive Textbook of Suicidology. New York. The Guilford Press.
  • Silverman, M. M. (2006). The Language of Suicidology. Suicide and Life-Threatening Behavior: Vol. 36, No. 5, pp. 519-532.
  • Chávez–Hernández, A. M., Leenaars, A. A. (2010). Edwin S Shneidman y la suicidología moderna. México. Salud Ment vol.33 no.4