El campo de la educación cuenta cada vez con más investigaciones que permiten desarrollar los mejores modelos a utilizar.

Dentro de ellos, el de la evaluación formativa incluye las metodologías con las que se comprueba cómo de eficaz ha sido la enseñanza. Vamos a descubrir en detalle cómo funcionan estas técnicas y cuál es su importancia para garantizar una buena formación a los alumnos.

¿Qué es la evaluación formativa?

La evaluación formativa haría referencia a todos los métodos con los que cuentan los docentes para verificar de manera continuada, durante todo el proceso educativo, que efectivamente los alumnos están asimilando los conceptos que les están siendo enseñados. Estas herramientas también se conocen como evaluación para el aprendizaje. El proceso puede ser también de autoevaluación por parte del alumno, a través de las prácticas que realicen en el aula.

Otra de las utilidades de la evaluación formativa es que proporcionan una guía de actuación para el profesor de manera que este sabe cómo debe adecuar sus enseñanzas en lo sucesivo, cambiando algunas pautas si la evaluación de los alumnos no ha sido la esperada, o manteniendo aquellos aspectos que hayan favorecido una correcta recepción de los contenidos por parte de los estudiantes.

El concepto de evaluación formativa surgió a través del académico estadounidense Michael Scriven, en la década de los 60, como la idea de un método para comprobar la eficacia de un plan de estudios y poder modificarlo en caso de observar que hay aspectos a mejorar. A Scriven le siguió Benjamin Bloom, psicólogo americano que continuó definiendo el concepto, afirmando que la evaluación formativa era el mecanismo que permitía mejorar el ciclo de enseñanzas y aprendizajes que reciben los alumnos.

La clave para la definición que dan estos dos autores reside en la importancia que depositan en los posibles cambios que puede efectuar el docente en función de los resultados obtenidos. Es decir, la clave de la evaluación formativa sería su potencial para modificar el programa lectivo de una manera orgánica según la eficacia que se está detectando. No es un simple indicador del rendimiento de los alumnos, sino que tiene una función mucho más allá.

Diferencias con la evaluación sumativa

Frente a la evaluación formativa existe el concepto de evaluación sumativa, mucho más frecuente. De hecho, Michael Scriven decía que todas las evaluaciones pueden ser sumativas, pero solo unas pocas de ellas podrán considerarse formativas. Vamos a revisar cuáles son los criterios que las hacen diferentes.

1. Cuándo tiene lugar

La primera diferenciación que encontramos tiene que ver con el momento en que dicha evaluación es realizada. En el caso de la evaluación sumativa, se hará una vez que la actividad lectiva ha finalizado. Por el contrario, la evaluación formativa requiere que se produzca a lo largo de dicha actividad, antes de que llegue a su fin.

2. Cuál es el objetivo

La meta de la evaluación sumativa es poder tomar una decisión respecto al aprendizaje que estimamos que el alumnado ha tenido, es decir, cuánto han aprendido sobre la lección propuesta. Sin embargo, la evaluación formativa tiene como objetivo encontrar puntos a mejorar en la metodología de enseñanza utilizada y ser por lo tanto más eficientes cada vez.

3. Qué retroalimentación hay

En línea con el punto anterior, la retroalimentación jugaría papeles diferentes en ambos tipos de evaluación. Para la sumativa, consistiría simplemente en el juicio que dictamina la calificación del alumno. Por otro lado, en la formativa, el objeto de la retroalimentación es volver al material y los métodos utilizados para ver de qué manera se pueden replantear y así lograr mejores resultados en lo sucesivo.

4. Cuál es el marco de referencia

El marco de referencia utilizado en la evaluación sumativa puede ser de dos tipos. En primer lugar se puede utilizar el tipo normativo, en el que se establece una comparación de cada alumno evaluado respecto a todos los demás. Por otro, puede optarse por utilizar un criterio estandarizado que será utilizado para todos. En el caso de la evaluación formativa siempre se utiliza dicho marco de referencia de criterio, de manera que se evalúa al conjunto de alumnos sobre dichos parámetros.

La utilidad de la evaluación formativa

Desde que se acuñó el término, son innumerables los estudios que se han realizado acerca de la evaluación formativa, llegando a varias conclusiones sobre el potencial que tiene el utilizar esta metodología. Se ha demostrado, en primer lugar, que el rendimiento del alumnado es superior cuando nos servimos de este sistema. Los alumnos se encuentran más motivados, puesto que perciben que son parte activa del sistema educativo y son mucho más que una simple calificación.

Para lograr estos beneficios hay unos principios que se deben cumplir al aplicar la evaluación formativa. En primer lugar, los objetivos del aprendizaje y los criterios por los que se considerará que este ha sido exitoso deben quedar expuestos desde el principio. Además, se deben generar debates en el aula para verificar que los alumnos efectivamente han comprendido los conceptos. Se debe guiar a los estudiantes con instrucciones y comentarios.

Otro punto que se debe cumplir es el de facilitar que los propios alumnos colaboren en la tarea de instruir a los demás, de manera que aquellos que han asimilado más rápidamente los conocimientos ayuden a aquellos que han tenido más problemas en comprenderlos, como parte de un equipo. Por último, habrá que fomentar el que cada uno de los estudiantes esté empoderado para llevar las riendas de su propio proceso de aprendizaje y no ser meros sujetos pasivos en el aula.

Diferentes estrategias a seguir

Dentro de los métodos de la evaluación formativa hay un abanico de estrategias que los docentes pueden escoger para lograr sus fines. Veremos algunas de ellas para familiarizarnos con las más comunes.

1. Comprensión de las metas

Ya veíamos que una de las principales reglas de la evaluación formativa es que los alumnos comprendan los objetivos de la enseñanza que está teniendo lugar, por lo tanto no es de extrañar que la primera estrategia que encontramos vaya en la línea de verificar dicho criterio. Se deben presentar los objetivos a alcanzar antes de iniciar cada lección, pero además los docentes deben explicar a los alumnos cuál será el camino que seguirán para alcanzar dichas metas.

Hay estudios que demuestran que cuando el alumnado cuenta con explicaciones previas de los objetivos que se persiguen y además se les explican los pasos que tomarán para llegar hasta ellos, obtienen mejores resultados que aquellos estudiantes que no reciben ninguna información como esta y simplemente son expuestos a los contenidos de la lección de manera directa.

2. Comentarios

Otras investigaciones dejan constancia de que hacer comentarios a los alumnos, es decir, darles retroalimentación sobre cómo están ejerciendo la tarea y la forma de mejorar sus métodos, más allá de una simple nota numérica, les ayuda y les motiva a mejorar, facilitando mejores resultados que aquellos que simplemente son calificados. Por eso los comentarios son la segunda estrategia a seguir en la evaluación formativa.

Estos comentarios deben ser independientes de las calificaciones, es decir, deben realizarse como procesos independientes. La explicación es que los casos en los que se adjunta un comentario junto a la nota obtenida en una prueba, los alumnos muestran una tendencia a atender únicamente a la calificación, ignorando por completo el contenido del comentario que se encuentra al lado.

En esos casos, los estudiantes estarán más ocupados comparando sus notas con los demás compañeros en lugar de pararse a leer las palabras y consejos que el profesor haya dejado escritos para intentar guiarlos en el proceso de aprendizaje y hacer que mejoren.

3. Preguntas

Preguntar es la forma más sencilla de obtener información, por lo que es una estrategia indispensable en la evaluación formativa para averiguar cómo de eficaces estamos siendo en nuestra tarea de enseñanza. Pero el simple hecho de preguntar no nos asegura obtener las respuestas que buscamos, por lo que la clave estará en realizar las preguntas correctas. Estas cuestiones deben fomentar el proceso de pensamiento del alumno.

Debemos orientar las preguntas para que se genere un debate entre los estudiantes y así todos puedan reflexionar utilizando los conceptos aprendidos. Un buen método sería pedirle a uno de los alumnos su opinión sobre las explicaciones de otro de ellos, o bien sacar los puntos en común o las divergencias entre los puntos de vista de dos de sus compañeros. Así podremos obtener buenos indicios sobre en qué grado han calado dichos conocimientos.

Otra clave es dar tiempos de espera largos a los alumnos para poder reflexionar, sin que sientan que hay una prisa por obtener inmediatamente la respuesta. Los estudios demuestran que esta metodología facilita respuestas más seguras, más largas, mayor abanico de alternativas de respuesta, informes más completos y una menor tasa de no respuesta.

Referencias bibliográficas:

  • Allal, L. (1980). Estrategias de evaluación formativa: concepciones psicopedagógicas y modalidades de aplicación. Infancia y aprendizaje. Taylor & Francis.
  • López, C.R. (1981). Criterios para una evaluación formativa: Objetivos. Contenido. Profesor. Aprendizaje. Recursos. Narcea.
  • Rosales, M. (2014). Proceso evaluativo: evaluación sumativa, evaluación formativa y Assesment su impacto en la educación actual. Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología, Innovación y Educación.