Parte del éxito que explica la popularidad de redes sociales como Facebook o Instagram reside en lo fáciles que son de usar. Su funcionamiento es simple, y una vez dentro, no cuesta saber qué hacer en cada momento tan solo moviendo (literalmente) un dedo.

Desafortunadamente, esa misma simplicidad de uso constituye una mecánica de uso potencialmente dañina para muchos adolescentes, grupo de edad especialmente vulnerable a "los encantos" de esta clase de entornos virtuales.

Y es que si personas tan propensas a las distracciones y a la inmediatez como los jóvenes han aprendido a usar las redes sociales, es porque estas plataformas digitales son capaces de prometerles constantemente la satisfacción de varias de sus necesidades básicas. Esto nos lleva a hablar de los like-adictos: qué son, cómo se hacen, y qué se puede hacer para gestionar este problema.

Las causas de la dependencia del "like" en las redes sociales

Dos de las características más importantes de la psicología del adolescente son las siguientes: búsqueda de experiencias más allá del ámbito familiar, y búsqueda de aceptación por parte de un grupo de referencia (adolescentes de la misma edad y un poco mayores que uno mismo).

Estas fuentes de motivación del adolescente promedio suelen incomodar a muchos padres y madres, y desde luego, en ocasiones, no encajan demasiado bien con los valores y prioridades de los progenitores. Sin embargo, no dejan de ser parte del desarrollo normal de los jóvenes.

Lo normal es que el deseo de alcanzar la popularidad no llegue a convertirse en un problema o una obsesión. Pero la realidad es que, por tal de conseguir la fama y la atención y anheladas, algunos jóvenes serán capaces de exponerse a situaciones de riesgo (incluso para su vida) o a sobre-exponer su vida íntima, llegándose a obsesionar con el objetivo que persiguen: reconocimiento y popularidad, todo esto traducido en likes. Y cuantos más, mejor.

Esta mentalidad adolescente puede hacer que los jóvenes además tiendan más a ciertos hábitos poco recomendables. En concreto, el uso descontrolado de redes sociales como Facebook o Instagram puede hacer que "se enganchen" a sus smartphones y ordenadores. ¿El motivo? Estas plataformas digitales les permiten entrar constantemente en una dinámica en la que esas dos necesidades que hemos mencionado anteriormente queden satisfechas rápidamente. Es por ello que muchos chicos y chicas pueden terminar desarrollando adicción a dispositivos móviles (nomofobia) y una severa adicción a los likes, (like-adictos).

La búsqueda de nuevas experiencias

Por un lado, las redes sociales dan la oportunidad de estar creando contenido de forma continuada, casi sin interrupción: escribir estados, colgar fotos, compartir vídeos... Un tipo de contenido que estas plataformas digitales intentan priorizar es aquel que es creado por los usuarios, que hable acerca de la persona. Stories de Instagram, fotos en las que uno puede ser etiquetado, reflexiones personales...

Las compañías que gestionan estas plataformas ponen el foco en los contenidos personales originales, creados por los usuarios, huyendo de los contenidos institucionales.

De esta manera se crea un contexto en el que los adolescentes tienen una excusa para mostrarse en diferentes situaciones y compartirlas en Internet a través de fotos, vídeos, mensajes, etc. Incluso aquellas acciones que en otros momentos podrían parecer ridículas, quedan justificadas por el hecho de ser vistas por muchas personas que pasan a ser potenciales fuentes de "likes". Y esto nos lleva al siguiente punto.

La búsqueda de aceptación

Tal y como hemos visto, las redes sociales dan motivos para la publicación de contenidos que hablen de uno mismo, y esto hace que el hecho de experimentar nuevas experiencias sea aún más estimulante: se le puede sacar más partido al hecho de explorar unas ruinas, trepar por un edificio abandonado, irse de vacaciones a un lugar exótico o incluso estrenar ropa. Y esto enlaza con la otra gran fuente de motivación de los adolescentes: la búsqueda de la aceptación y el respeto por parte del resto de jóvenes.

Aquí es importante tener en cuenta lo siguiente: los jóvenes por los que el adolescente quiere sentirse aceptado no son los integrantes de su grupo de amigos, sino mucha más gente, incluso desconocidos, u otros adolescentes de cursos superiores que nunca han oído hablar de él.

Esta lógica se adapta muy bien a lo que ofrecen las redes sociales: la posibilidad de generar contenidos de alcance potencialmente ilimitado. Si se hace bien, un vídeo casero puede convertirse en viral, llegando a cientos de miles de personas en cuestión de horas. El alcance de estos contenidos depende, en buena parte, de las veces que se comparta dicho contenido, y los "likes" que los demás le den a ese vídeo, foto o mensaje.

De este modo, las redes sociales ofrecen la posibilidad de volverse famoso prácticamente sin la necesidad de moverse del sofá, sin tener que someterse antes al escrutinio de otras personas más populares que uno mismo, e incluso sin depender de la colaboración de los amigos.

El resultado: los like-adictos

Una red social es un lugar en el que se consume y se comparte contenido original y en el que se premia lo que es personal y sorprendente. A cambio, se ofrece fama y un estilo de vida basado en probar cosas nuevas constantemente. Todo esto, funcionando en tiempo real, a golpe de clic y sin esperas.

El resultado de esto va más allá de un uso constante de las redes sociales para ver qué han publicado los demás. Muchos adolescentes en todo el mundo ya fantasean con el hecho de alcanzar la fama en el mundo virtual. Conseguir popularidad, dinero y reconocimiento gracias a las redes sociales ya se ha convertido en uno de sus principales anhelos.

De hecho, ya hay estudios que sugieren que en la población adolescente hay una relación directa entre el uso obsesivo de redes sociales y mayores probabilidades de desarrollar una depresión. Por eso es importante la supervisión de los padres y una atención para observar cómo es el uso que los hijos hacen de sus redes sociales.

¿Cómo gestionar este problema?

Está claro que para muchas familias esta dinámica de uso de las redes sociales por parte de hijos e hijas adolescentes llega a ser un problema. Aquí veremos algunas recomendaciones acerca de cómo lidiar con esto.

1. Mejorar la educación en riesgos

Exponerse en redes sociales conlleva muchos riesgos para los adolescentes. Hay que asegurarse de que los conocen y los tienen presentes, aunque sin llegar a alarmarlos exagerando para que no se obsesionen con peligros que no existen.

2. Mejor educación en valores

Es importante que los padres, docentes y tutores hagan entender a los jóvenes que en la vida lo más importante no es solo estar en la cúspide de la jerarquía social por el número de seguidores en Facebook o Instagram, y mostrarles que hay otros criterios por los pueden que ser inspirados.

Reforzar los valores positivos que subyacen en la amistad, el compañerismo, la curiosidad por aprender... todo esto puede también servir de ayuda buscar ejemplos inspiradores sobre todo de personas en su franja de edad, personas con las que se puedan sentir identificadas con facilidad.

3. Si es necesario, limitar el acceso a las redes sociales

En los casos en los que el uso de las redes sociales sea muy excesivo, se puede fijar un horario en el que el o la adolescente puede acceder a estos. Sin embargo, hay que hacerlo evitando la confrontación y explicando muy bien el por qué de la medida.

En cualquier caso, prohibir totalmente el acceso es una mala idea, entre otras cosas porque esto podría llevar al adolescente al aislamiento social, sobre todo si tenemos en cuenta que prácticamente todos los jóvenes de su edad socializan a través de estas plataformas.

La necesidad de buscar ayuda profesional

En algunos casos, es necesario acudir a psicoterapia.

Las adicciones van más allá del consumo de sustancias, y de hecho pueden surgir a partir de comportamientos que entran totalmente dentro la legalidad. La dependencia va más allá que la ingesta de sustancias, ya que al final se acaba priorizando la acción adictiva antes que todo lo demás. Un hábito dañino que desajusta la psique y la vida de la persona absorbiendo su atención por completo.

En el caso de los jóvenes que necesitan estar constantemente revisando sus redes sociales, el problema no llega a ser considerado un trastorno psiquiátrico reconocido en los manuales diagnósticos usados por los profesionales de la salud mental (como sí ocurre, por ejemplo, con la adicción a las drogas), pero sí puede constituir un problema, siendo recomendable acudir a terapia psicológica.

La clave de esto es no quedarse en lo superficial: más allá de la aparente adicción a las redes sociales, hay mecanismos psicológicos concretos que están siendo explotados por estas plataformas digitales. Por eso, para entender lo que les pasa a esos adolescentes que no se despegan de la pantalla, hay que entender por qué surgen los like-adictos, y actuar en consecuencia buscando ayuda profesional entre los psicólogos.

Referencias bibliográficas:

  • Pantic, I.; Damjanovic, A.; Todorovic, J.; Topalovic, D.; Bojovic-Jovic, D.; Ristic, S.; Pantic, S. (2012). Association between online social networking and depression in high school students: behavioral physiology viewpoint. Psychiatria Danubina. 24(1): pp. 90-93.