Las claves para elegir dónde especializarse.

Los niños y adolescentes con problemas de tipo psicológico y relacional forman uno de los segmentos de la población que más se pueden beneficiar de los servicios de psicoterapia. Ahora bien, para poder cederles esas herramientas, es necesario formar a un conjunto de psicólogos capaces de abordar con garantías los problemas característicos de los menores de edad en lo que se refiere a formas de malestar psicológico y problemas de adaptación o de aprendizaje.

En este artículo veremos cuáles son las características que tiene la mejor formación en terapia infanto-juvenil, y el modo en el que estas se plasman en la manera de aprender la teoría y la práctica de este ámbito profesional.

Cómo elegir la mejor formación en terapia infanto-juvenil

Los primeros años de nuestras vidas son, en muchos aspectos, los más relevantes psicológicamente. En ellos no solo empieza a configurarse nuestra personalidad a partir de la mezcla de factores ambientales y genéticos: además, los patrones de comportamiento y las actitudes que adoptamos en esta etapa vital tienden a vertebrar el modo en el que vivimos la vida una vez se ha entrado en la adultez.

Por otro lado, la infancia y la juventud temprana son momentos de especial vulnerabilidad. A esas edades no contamos con las herramientas materiales, comportamentales y cognitivas para hacer frente a los problemas que nos surgen, y los padres y cuidadores no pueden garantizar una protección completa ante toda clase de infortunios.

Dificultades de aprendizaje, vivencia de experiencias traumáticas, problemas de socialización… Son situaciones que de adultos podríamos llegar a gestionar relativamente bien por nosotros mismos, pero que los niños y adolescentes no saben cómo abordar.

Es por eso que la terapia infanto-juvenil es una herramienta muy valiosa para promover la salud mental y la adaptación al entorno en la parte de la población compuesta por menores de edad.

Ahora bien… ¿Qué características debe cumplir la formación en terapia infanto-juvenil para cumplir con los requisitos fundamentales de la intervención psicológica de calidad aplicada en un contexto profesional y terapéutico? Veámoslas a continuación.

1. Ayuda a comprender las etapas de la evolución psicológica

Cada etapa de la infancia y la adolescencia ocurre durante el desarrollo de ciertas capacidades mentales, tanto cognitivas como emocionales. Los niños y adolescentes no son simples recipientes en los que verter todo tipo de habilidades; cada momento de desarrollo requiere del seguimiento y potenciamiento de ciertas competencias, ni más ni menos.

Por eso, por ejemplo, hay que tener en cuenta qué tipo de operaciones mentales pueden ser esperadas en un niño o niña de siete años, y qué clase de entrenamientos cognitivos conviene postergar para no malgastar recursos y no generar frustración.

2. Entrena en el análisis e los factores ambientales

Muchas veces tendemos a asumir que lo psicológico es algo individual de cada persona, que se produce en su interior sin que los elementos contextuales puedan intervengan. Sin embargo, el ambiente importa, y mucho.

Por ejemplo, una niña que se muestra muy pasiva y sumisa no tiene por qué ser descrita simplemente con la etiqueta de “timidez”; quizás, su comportamiento es fruto de una historia de acoso escolar.

3. Permite estudiar la teoría y la práctica

Esta característica es fundamental en la psicoterapia infanto-juvenil, y también en el aprendizaje de cualquier otro tipo de intervención psicológica. A fin de cuentas, todo lo que se estudia debe ser aplicado en casos reales con sujetos reales, y ninguno de estos casos se adaptará perfectamente a las descripciones y a los criterios de clasificación que aparecen en los manuales.

4. Enseña los aspectos de relación con los clientes y pacientes

En la psicoterapia infanto-juvenil aparece una diferenciación clara entre clientes y pacientes. Esto hace que sea necesario comprender cómo comunicar los progresos y realizar las devoluciones a partir de lo que ha ido surgiendo en las sesiones de terapia, por ejemplo.

El modelo de relación con los clientes y pacientes es muy característico, y más si tenemos en cuenta que en el caso de los menores de edad hay que adoptar medidas especiales en nuestra manera de gestionar la información obtenida sin exponerlos a vulnerabilidades.

5. Ofrece un repaso a las fases de la terapia

Todos los conocimientos obtenidos en esta clase de programas de formación deben vertebrarse a partir de un esquema básico de las etapas de la psicoterapia infanto-juvenil. De esta manera no solo es mucho más fácil estudiar esos contenidos, sino que además se permite entender completamente el sentido que tiene cada uno de esos pasos.

Aprender pinceladas sueltas de lo que es esta clase de terapia sirve de poco; es imprescindible tener una visión global y estructurada.

Un ejemplo de programa de formación

En España, afortunadamente, ya es posible encontrar cursos de especialización en terapia infanto-juvenil muy interesantes. Un ejemplo de esto es el caso del Curso Práctico de Psicología Infantil y Juvenil del Instituto Mensalus, en Barcelona.

Cuenta con un desarrollo de ocho sesiones de tres horas cada una y un temario estructurado de todos los elementos teóricos y prácticos que es imprescindible conocer. Está especialmente indicado para personas que quieran conocer de la mano de expertos la manera en la que se interviene en estos casos, todo ello en unas instalaciones en las que se realiza terapia a diario.

  • Para obtener más información sobre el curso, puedes acceder a los datos de contacto de Mensalus haciendo clic aquí.