Educar a un hijo no siempre es una tarea fácil; son muchos los elementos que deben ser tenidos en cuenta y, como siempre, no existen “recetas mágicas”: parte del éxito radica en saber adaptarse a los imprevistos y a las particularidades de las dinámicas de nuestras familias.

Debido a la complejidad de este proceso, algunos padres y madres, principalmente los primerizos, pueden requerir algún apoyo para mejorar la relación que tienen con los más jóvenes de la casa. Aquí encontrarás un resumen de consejos a tener en cuenta que por lo general resultan útiles, aunque como ya he dicho, cada caso es único (y por ello lo más eficaz, y la única solución en los casos más extremos, es acudir al psicólogo para sesiones de terapia familiar y/o infanto-juvenil).

Consejos para mejorar la relación con un hijo o hija

La buena relación entre padres e hijos no solo es el mejor vehículo para que los más jóvenes se desarrollen correctamente; además, es necesario para ser feliz en el ámbito familiar. Por ello, cuando surgen problemas de convivencia, comunicación y/o expresión de emociones, es necesario tomar medidas cuanto antes, por su bien y por el tuyo.

Si quieres conocer cuáles son las principales pautas para mejorar la relación con los hijos, consulta la selección de claves esenciales que se presentan a continuación.

1. Practicar la escucha activa

Escuchar a nuestro hijo en todo momento y hacer que se sienta comprendido tanto en los momentos buenos como en las rabietas, la tristeza o en los estados de malestar es una de las mejores formas de mejorar la relación que tenemos con él. Recuerda que el hecho de que tengas mucha más experiencia en la vida no implica que debas ofrecer un trato condescendiente y paternalista de manera constante: tú también puedes y debes aprender acerca de lo que pasa por su mente, lo que le hace feliz y lo que no, etc.

Tanto en edades infantiles como en la adolescencia, mantener una actitud de escucha activa con nuestro hijo redundará positivamente en su autoestima, así como en la formación de su futura personalidad adulta, y hará que sienta que puede contar con nosotros, algo fundamental. Para ello es importante que, si no lo hacías ya, prestes atención a los detalles: ¿cuando habla, das señales de que escuchas con atención y te tomas en serio lo que dice?

Del mismo modo, mostrar interés por sus aficiones e intereses también ayuda a establecer un vínculo emocional con nuestro hijo o hija y fortalece la relación positiva que deseamos establecer.

2. Aplicar un estilo educativo democrático

Un estilo educativo democrático consiste en aplicar normas de comportamiento o de convivencia en el hogar, consensuadas y aceptadas por toda la familia, en lugar de imponerlas de manera autoritaria o arbitraria desde un principio. Por supuesto, la última palabra la tenéis los padres y madres al ser los referentes adultos, pero hay que hacer lo posible por que los pequeños de la casa comprendan las ideas que hay detrás de, por ejemplo, las normas de convivencia y de socialización.

Es importante establecer límites bien diferenciados en la educación de los hijos, pero es igualmente importante hacerles entender que las normas deben cumplirse por el bienestar de todos.

3. Compartir tiempo con él o ella

Muchos casos de malas relaciones entre padres e hijos tienen como causa el hecho de no haber pasado poco tiempo juntos.

De nuevo, los hijos necesitan saber que son importantes para sus padres y que estos quieren pasar tiempo con ellos, así que la mejor forma de pasar un tiempo de calidad con nuestros hijos es programándolo con un mínimo de antelación y reservando algunas horas para estar con la familia y desconectar de obligaciones laborales.

4. Mostrar afecto

Las muestras de afecto también son muy necesarias en el proceso de desarrollo del niño o la niña, tanto en la infancia como en la adolescencia, y en cada etapa del crecimiento las muestras de afecto son distintas.

Eso sí, más importante que mostrar afecto hacia nuestros hijos en todo momento es hacer que se sientan queridos en general, y dejarles claro que estaremos para ellos siempre que nos necesiten.

5. Respetar su independencia

Los niños no son personas “incompletas”: tienen pensamientos y sentimientos propios, y su manera de ver las cosas (incluso aquellas de las que apenas saben nada. Como cualquier otra persona, nuestros hijos también necesitan espacio y tiempo para ellos mismos, sin exponerse todo el rato al control de sus padres, ni a interrogatorios acerca de lo que hace o lo que ha hecho.

Así mismo, a medida que crecen demandan más espacios propios físicos y emocionales que debemos respetar para mantener una buena relación con ellos.

6. Conversar acerca de distintos temas

Los niños tienen una gran cantidad de preguntas desde edades muy tempranas, ya que aprenden a partir de la curiosidad, y para favorecer su correcto desarrollo intelectual y emocional es importante hablar con ellos de distintos temas que pueden ser importantes para ellos. Aunque nosotros tampoco seamos unos expertos, el simple hecho de haceros preguntas juntos e hipotetizar sobre las posibles respuestas suele resultar estimulante.

De igual manera, también es importante hablarles a nuestros hijos de nosotros mismos, de nuestras vidas, de nuestra infancia o de nuestros padres, esto ayudará a reforzar una relación positiva y cercana con ellos y les servirá como un referente.

7. Jugar con él o ella

El juego es un mecanismo clásico de formación de apego y de una relación positiva con los hijos.

Es importante ofrecerse para jugar con los hijos en todas las etapas de su crecimiento, incluso participar en sus aficiones cuando éstos sean adolescentes; así contribuiremos a reforzar nuestra cercanía y buena relación con ellos.

8. Mantener la calma

La forma en la que hablamos y nos comunicamos con nuestros hijos también constituye un elemento crucial para establecer una buena relación con ellos.

Mantener un tono sereno incluso cuando les estamos criticando por algo malo que han hecho favorece la comunicación y el entendimiento con nuestros hijos y les enseña además pautas de comportamiento y formas de relacionarse positivamente.

Por supuesto, eso no significa que siempre haya que reprimir totalmente el enfado, que es un sentimiento perfectamente legítimo; simplemente hay que tener en cuenta que no es obligatorio “usarlo” al corregir sus conductas (el rol de padre o madre no es tan rígido) y que en algunos casos es recomendable gestionar lo que sentimos (por ejemplo, tomándonos unos pocos minutos para calmarnos) para que no nos reste mucha fluidez al comunicarnos verbalmente.

9. Evitar comparaciones

Esto es especialmente importante cuando se tiene más de un hijo. Hacer comparaciones entre hermanos puede resultar muy negativo para el agraviado y redundar de manera negativa en su socialización y la formación de su personalidad.

De igual manera, en hijos únicos es recomendable no hacer comparaciones con otros niños o con sus compañeros de clase que puedan tener mejores notas o mayor rendimiento académico: en estas edades es recomendable hacer que aspire a parecerse a su mejor versión, no tanto a los demás.

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