Veamos las características de esta parte del cerebro. Wikimedia Commons.

El ser humano goza de una gran cantidad de habilidades cognitivas complejas que le permiten ajustarse en gran medida al medio en el que se encuentra situado y en el momento en el que vive. Es capaz de planificar, prepararse para la acción, establecer estrategias o inhibir su propia conducta. Todo ello es de gran utilidad tanto en la naturaleza como en inmersos en la sociedad, como por ejemplo en el intercambio o la comunicación entre diferentes personas y en distintos contextos.

No es lo mismo por ejemplo interactuar con otra persona en el contexto de un conflicto o de una desgracia que en una fiesta en una discoteca, por poner un ejemplo, y ser capaz de distinguirlo y gestionar la conducta para adecuarse a cada situación requiere de de procesos complejos. Unos procesos que no aparecen de la nada, si no que se deben a la actuación de diferentes núcleos cerebrales. Uno de los más importantes en este sentido y que además es clave para explicar gran parte de nuestra personalidad es la corteza orbitofrontal, sobre la cual versa este artículo.

Corteza orbitofrontal: descripción y localización

Recibe el nombre de corteza orbitofrontal una región de la corteza cerebral la cual forma parte de la corteza prefrontal y que tiene gran importancia en la regulación de la conducta social, la toma de decisiones y la inhibición de conductas. Esta corteza está ubicada en el lóbulo frontal, hallándose en ambos hemisferios cerebrales y situándose aproximadamente a la altura de las órbitas de los ojos (lo cual es asimismo el motivo de su nombre).

La importancia de esta área es grande, estando implicada en una gran cantidad de funciones e incluso en el establecimiento de lo que denominamos personalidad. Ello es debido además de a su propia actuación a que estamos ante una parte del encéfalo altamente conectada con un gran número de regiones cerebrales. De entre sus múltiples conexiones destacan las que van a parar al sistema límbico (especialmente la amígdala), la ínsula, la corteza motora, el tálamo, el hipotálamo o el hipocampo, la corteza entorrinal y la mayor parte de áreas sensoriales. Asimismo estamos ante una de las áreas del cerebro que más tiempo tarda en desarrollarse, no completándose su formación hasta la adultez.

Esta región cerebral tiene también cierta importancia histórica por ser el área que se lesionó en el primer caso conocido y documentado de un sujeto con lesiones cerebrales en la parte frontal del cerebro que vivió para contarlo: Phineas Gage. Este joven, al cual una barra de hierro le atravesó el orbitofrontal mientras manipulaba explosivos, logró sobrevivir a la lesión, pero posteriormente a ella empezaría a manifestar severas alteraciones que complicarían su existencia (hostilidad y agresividad, cambios de personalidad, incapacidad de planificación…) hasta llevarle a perderlo todo. El estudio de este caso permitiría empezar a visualizar y investigar la importancia y funciones de la región prefrontal de dicha región cerebral.

Principales funciones de esta región cerebral

Hemos comentado anteriormente que la corteza orbitofrontal es de gran importancia para el ser humano, siendo de hecho fundamental para permitir la adaptación del ser humano a su entorno natural y social así como para llevar a cabo acciones mentales complejas y planes de futuro. Sus conexiones cerebrales son muchas, estando implicada en una gran cantidad de procesos. Algunos de los más conocidos y explorados son los siguientes.

1. Regulación de la conducta social

Una de las más conocidas funciones de la corteza orbitofrontal y la que hemos mencionado en la introducción es la de contribuir a regular la conducta social. Esto es, gracias a la corteza orbitofrontal somos capaces de ajustar nuestros actos y palabras a las situaciones, personas y tipos de interacción que estamos teniendo en el momento actual. También permite valorar las normas sociales.

2. Inhibición conductual

Otra de las funciones clave en la que la corteza orbitrofrontal resulta fundamental es en la inhibición de la conducta. Es decir, gracias a esta región cerebral (entre otras) somos capaces de no hacer lo primero que se nos pase por la cabeza, o de cambiar nuestra conducta a medida que la estamos haciendo para adecuarnos a las circunstancias.

3. Implicación en la personalidad

No se puede decir que la personalidad radique únicamente en la corteza prefrontal, pero lo cierto es que se ha observado que la alteración de esta región cerebral puede tener graves repercusiones en la forma de ser de una persona, pudiendo variar totalmente su manera de comportarse y reaccionar a los estímulos.

4. Gestión emocional y de la agresividad

Algo en parte vinculado con los anteriores aspectos y derivado en gran medida de sus conexiones con el sistema límbico es la implicación de la corteza orbitofrontal con la gestión emocional, especialmente en lo referente al control de las respuestas defensivas y agresivas. Se trata pues de un área que permite mostrar alerta ante estímulos de amenaza.

5. Sistemas de recompensa-castigo y aprendizaje

Los estudios realizados en relación a la corteza orbitofrontal han demostrado que esta región del prefrontal, especialmente en lo que respecta a sus áreas mediales, están relacionadas con la sensibilidad y el aprendizaje de las relación entre conducta y refuerzo. Sus áreas más laterales hacen lo propio con la relación conducta-castigo. Además de ello permite la existencia de sensibilidad hacia uno u otro, algo que se vincula a nuestras futuras elecciones de conducta.

6. Integración de la información sentidos-experiencia

Aunque ya se sospechaba que existía una implicación por parte del córtex orbitofrontal en ello, recientes investigaciones han demostrado que esta corteza se activa y permite integrar la información sensorial actual con la información previamente acumulada de los momentos previos.

7. Análisis de toma de decisiones

Directamente relacionado con lo anterior, se ha identificado que la corteza orbitofrontal tiene una gran implicación a la hora de tomar decisiones, dada la integración de la información del anterior punto y su análisis. Ello permite anticipar la elección de respuesta conductual que vamos a llevar a cabo, si bien esta puede variar dependiendo de las nuevas experiencias.

8. Motivación y planificación

Otra de las áreas en que se ha vista participación de la corteza orbitofrontal es en la capacidad para motivarse, especialmente a la hora de tener iniciativa hacia la conducta o mantenerla. También influye en la planificación de la conducta.

¿Qué problemas pueden surgir ante su lesión?

Vistas algunas de las múltiples funciones de esta región cerebral y lo importante de estas en nuestro día a día, resulta sencillo imaginar el tipo de dificultades que puede llegar a generar su lesión.

Es habitual que lesiones de la corteza orbitofrontal deriven en la aparición de conductas agresivas, limitaciones en la capacidad de vincularse con otros y tener empatía, desvinculación social y desobediencia de las normas sociales, apatía, incapacidad para generar, iniciar o mantener planes y un elevado nivel de desinhibición que incluyen dificultades para controlar sus impulsos (incluyendo adicciones, actividad sexual, alimentación o agresividad) y que puede llevar a generar problemas legales. De hecho, existe un síndrome específico que hace referencia a la aparición de estos síntomas por lesión cerebral: el síndrome orbitofrontal.

Las lesiones en sí pueden aparecer por diferentes tipos de lesiones, como por ejemplo por traumatismos craneoencefálicos, laceraciones (como Phineas Gage), presencia de tumores cerebrales o infecciones o accidentes cerebrovasculares.

Referencias bibliográficas:

  • Bechara, A., Damasio, H, Damasio, A.R. (2000). Emotion, decision-making and the orbitofrontal cortex. Cereb. Cortex, 10: 295-307.
  • Kandel, E.R.; Schwartz, J.H.; Jessell, T.M. (2001). Principios de Neurociencia. Madrid: McGraw Hill.
  • Nogueira, R., Abolafia, J.M., Drugowitsch, J., Balaguer-Ballester, E., Sánchez-Vives, M.V. & Moreno-Bote, R. (2017). Lateral orbitofrontal cortex anticipates choices and integrates prior with current information. Nature Communications, 8.