La cúspide de la jerarquía de necesidades de Maslow. Unsplash.

Todos o casi todos nosotros queremos sentirnos bien, alcanzar nuestras metas y percibir un sentido de progresión hacia el futuro. Queremos ser nosotros mismos, fieles a nuestra naturaleza y a la vez bregar por alcanzar nuestro ideal. Esta voluntad no surge de la nada ni es exclusiva de unos pocos, sino que forma parte de las principales y más evolucionadas necesidades humanas: las necesidades de autorrealización.

Este concepto, que resulta especialmente conocido por la teoría de Maslow a pesar de haber sido trabajado tanto con anterioridad como con posterioridad por diferentes autores, es especialmente relevante en nuestra sociedad y de cara a buscar el bienestar personal y social. Y es sobre él sobre el que vamos a hablar a lo largo del presente artículo.

La teoría de Maslow de las necesidades humanas

Para hablar de las necesidades de autorrealización, puede ser conveniente hacer mención en primer lugar a la teoría de Maslow de las necesidades humanas, probablemente la teoría más conocida que las incluye (si bien la idea de autorrealización fue utilizada por primera vez por Goldstein y existían conceptos semejantes en teorías como la Jung o Erickson).

Según la teoría de Maslow, la cual surge de su investigación respecto a los factores que permiten el desarrollo personal y el bienestar (la cual a su vez surgió como reacción contra el pesimismo de la psicología del momento, centrada en lo patológico), el ser humano encuentra su conducta motivada por la presencia de una serie de necesidades establecidas en torno a la tendencia al crecimiento y a la consecución de objetivos, las cuales pueden estructurarse en forma de pirámide en función de cuán necesarias sean para el bienestar e incluso la supervivencia.

Estas necesidades se ordenan jerárquicamente y para poder centrarse en satisfacer las más superiores es necesario que las anteriores se encuentren cubiertas en su mayor parte, pues de lo contrario sería la no cubierta la que necesitaríamos satisfacer en primer lugar.

De la base a la cúspide: los cinco grandes tipos de necesidades

La base de esta pirámide se encuentra en las necesidades básicas o fisiológicas, las cuales tienen origen biológico y la consecución de las cuales permite nuestra supervivencia. Ello incluye principalmente la necesidad de disponer de comida y agua, además de la respirar y dormir.

Una vez satisfechas estas es posible centrarse en un segundo nivel, en el que se encuentran las necesidades de seguridad. En este sentido el ser humano precisa de encontrar un refugio seguro y protegido, además de los medios para mantenerse estable y con unas condiciones mínimas. Así, estas necesidades incluirían hogar, entorno cercano/familiar y empleo).

El tercer nivel incluiría las necesidades afectivas y de afiliación, en tanto que precisamos de ser parte del entorno y sentirnos incluidos y queridos. Se trata de la necesidad de vinculación socio-emocional con quienes nos importan, incluyendo familia, amigos o pareja, así como también el formar parte de un grupo de pertenencia.

Un cuarto nivel hace referencia a las necesidades de estima y reconocimiento, las cuales nos hablan del reconocimiento social y del mantenimiento de la autoestima: se trata de la necesidad de sentirnos respetados y reconocidos o hacerlo nosotros mismos.

Finalmente, en la cúspide de la pirámide de la jerarquía de necesidades humanas están las necesidades de autorrealización, en las cuales nos centraremos a continuación.

¿A qué llamamos necesidades de autorrealización?

Le damos el nombre de necesidades de autorrealización al conjunto de necesidades centradas en el propio desarrollo de uno mismo, crecer y desarrollarse de tal manera que se alcance al máximo posible el potencial del ser humano, tanto el propio como el ajeno. En este nivel se encuentran elementos como el desarrollo de la moralidad, la orientación hacia los demás y la persecución de ideales, además de explotar las propias facultades y potencialidades. Es la búsqueda del máximo desarrollo posible, de llegar a superar las barreras de las propias posibilidades y de trascender, a la par que de vivir el aquí y el ahora en su máxima plenitud.

También es posible entender las necesidades de autorrealización como la voluntad y persecución de la capacidad de dotar de sentido a la vida que tenemos, o bien como la búsqueda de la completitud del curso de nuestra vida, de la consecución de nuestras metas vitales y de la lucha por llegar a cumplirlas.

Se trata del tipo de necesidades más elevada, el pico de la pirámide de las necesidades humanas, y supone el máximo exponente de la búsqueda de la felicidad a través de la propia evolución personal y vinculación con el medio y el propio ser. La necesidad de autorrealización implica el crecimiento y la búsqueda de metas u objetivos vitales, y en último término a menudo se asocia con la búsqueda de la propia identidad y del sentido de la vida.

La necesidad de autorrealización es universal, y aunque se encuentre en el colofón de las necesidades humanas en el fondo es la que estructura el desarrollo de las demás. A pesar de ello, según Maslow resulta difícil poder centrarse en este tipo de necesidades si no tienes cubiertas las anteriores y más básicas: si por ejemplo necesitamos buscar alimento y refugio para poder sobrevivir, difícilmente podremos ponernos a pensar sobre cómo sentirnos realizados.

¿Qué suelen tener en común las personas autorrealizadas?

Aunque encontrarse plenamente autorrealizado es complejo (de hecho Maslow indicaba más bien la existencia de necesidad de autoactualización o de mejorarse continuamente al considerar que pocas personas llegaban a alcanzar el ideal de la autorrealización), tanto este autor como otros consideran que los sujetos autorrealizados tienen una serie de características en común.

En primer lugar quien se siente autorrealizado tiende a tener una visión y percepción del mundo adecuada, siendo capaz de aceptarse a sí mismo y al mundo que le rodea tal cual es. Esto es llevado a cabo de manera independiente a las influencias socioculturales o de la opinión de los demás.

La autorrealización conlleva la asunción de libertad para con uno mismo, siendo capaces las personas autorrealizadas de ser tal cual son y manifestando naturalidad y espontaneidad. No suelen caer en estereotipos, y suelen preocuparse más por la resolución de los problemas que por el hecho de tenerlos.

Sus relaciones personales suelen ser profundas, aunque suelen ser selectivos para con ellas. Necesitan intimidad para con unas pocas personas, aunque reconocen también la necesidad de distanciarse y mantener cierto nivel de privacidad. Aún así tienen un alto sentido de comunidad y de identificarse con la humanidad.

Se centran en ideales y son coherentes con sus valores e ideales, además de ser capaces de centrarse y resolver los problemas reales que tienen. El sentirse autorrealizado suele llevar a estas personas a sentirse bien, en un estado de elevación emocional e incluso en ocasiones de experiencias de flow y místicas.

Destaca especialmente que las personas autorrealizadas suelen manifestar altos niveles de creatividad, y ser inconformistas con lo que no les parece correcto (a pesar de poder ver que su opción no es la única válida). Poseen también certeza ética y suelen actuar conforme a sus convicciones, además de actuar con tendencia democrática y con capacidad de apreciar a los demás. Eso sí, sentirse autorrealizado no implica que no tengamos defectos o imperfecciones, al igual que todo el mundo.

Referencias bibliográficas:

  • Maslow, A.H. (1943). A theory of human motivation. Psychological Review, 50 (4), 370–396.
  • Rosal Cortés, R. (1986). El crecimiento personal (o autorrealización): meta de las psicoterapias humanistas. Anuario de psicología / The UB Journal of psychology. Núm.: 34