Hay todo un surtido de teorías de la conspiración.

Existe un gran número de personas (aunque estadísticamente se trata de una minoría), que tiene creencias de tipo conspirativo. Estas personas interpretan diferentes sucesos de una manera diferente a la de la mayoría, no aceptando la versión oficial y buscando una visión alternativa que puede ser más o menos viable.

Algunas de estas teorías son viables, mientras que otras son estrambóticas e implausibles. Por qué la gente cree en conspiraciones es algo que se ha investigado en numerosas ocasiones, hallándose algunos factores que pueden tener efecto en la probabilidad de creer en ellas. En este artículo hacemos una breve referencia a algunos de ellos.

¿Qué son las teorías de la conspiración?

Para entender porqué se cree en teorías conspirativas primero tenemos que tener claro qué es una teoría conspirativa. Se define como tal toda aquella teoría o creencia elaborada que versa sobra la asociación de diferentes personas y/u organismos cuyo vínculo pretende conseguir la manipulación de los acontecimientos para conseguir sus objetivos, de espaldas a la opinión mayoritaria y a menudo siendo dicho objetivo o los medios para conseguirlo u ocultarlo algo que afectan negativamente al resto de la población, a una parte de ella o incluso a un individuo concreto.

Generalmente, estas teorías se basan en la elaboración de una interpretación concreta de algún fenómeno, yendo más allá de los hechos y datos comprobados y contrastados empíricamente. El suceso en cuestión en que se basan puede haber ocurrido ya, pueda ocurrir en el futuro o se considere que puede estar ocurriendo en estos momentos.

Hay que tener en cuenta que estas teorías no aparecen de la nada: parten de algún tipo de suceso real que es interpretado de una manera alternativa. En algunos casos se asemejan a los delirios propios de distintos trastornos mentales, siendo su contenido no sustentado por evidencias empíricas (aunque algunos elementos son considerados como prueba de la teoría), no son compartidas por la mayoría y suelen ser fijas e impermeables a cambios, a menudo considerándose que quien las niega pueden llegar a ser parte de la conspiración.

A menudo, el mantenimiento y creencia en estas teorías pueden generar alteraciones y repercusiones en la vida del sujeto e incluso en la de otras personas, como por ejemplo evitando la exposición a determinados estímulos aunque puedan ser beneficiosos (por ejemplo, las vacunas), siendo objeto de burlas y críticas, dificultando la interacción social o incluso provocando el aislamiento completo de la persona (sea porque la misma persona se aísla o por rechazo social). También puede dificultar el rendimiento académico o laboral, dependiendo del caso.

No todas las teorías de la conspiración son iguales. Algunas de estas teorías incluyen elementos fantasiosos o propios de la ciencia ficción, mientras que otras resultan relativamente plausibles y pueden surgir de la interpretación de hechos reales. De hecho aunque la gran mayoría suelen ser falsas o una tergiversación de hechos reales, algunas teorías inicialmente consideradas conspiratorias o producto de delirios han demostrado ser reales, como ocurrió con Martha Mischel con el caso Watergate y la corrupción en tiempos de Nixon, la existencia del Holocausto judío o el proyecto MK Ultra.

Factores vinculados a la creencia en teorías de la conspiración

Si bien muchas de estas teorías son muy interesantes, por norma general no son creídas por la mayoría de la población. Aunque algunas son defendidas por más o menos colectivos y personas, estadísticamente hablando son pocos quienes las consideran ciertas, las sustentan y las defienden.

Cabe preguntarse qué es lo que hace que estas personas crean en una o varias teorías de la conspiración, si existen aspectos comunes que facilitan que se crea en teorías poco compartidas y de las que a menudo no existen pruebas palpables e irrefutables (lo que a su vez en muchas de estas teorías es considerado una prueba de su ocultación). En este sentido, se han realizado diferentes investigaciones al respecto. Algunos de los factores que se han hallado vinculados a este tipo de creencias conspirativas son los siguientes.

1. Diferencias a nivel perceptivo

Algunos estudios reflejan que las personas que creen en fenómenos sobrenaturales y teorías conspirativas consideradas irracionales (si bien estamos hablando de población no clínica, sin psicopatología) tienden a tener ciertas diferencias con respecto a las que no en los que se refiere a la percepción de patrones. Esta percepción es la que hace que identifiquemos hechos y estímulos en base a un patrón o estímulo previamente adquirido, realizando asociaciones entre ambos.

En el caso de los que creen teorías conspirativas, tenderían con mayor facilidad que el resto de la población a identificar patrones ilusorios, vinculando elementos que no necesariamente van ligados y considerando que tienen relaciones de causa-efecto entre ellos. Dicho de otro modo, tienen mayor tendencia a conectar estímulos y elementos que son considerados como asociadas aún cuando su aparición es aleatoria. Ello se ha observado en investigaciones en las que se ha trabajado la percepción de patrones ante la presentación de estímulos visuales, tendiendo a hacer más reconocimiento de supuestos patrones.

2. Necesidad de control/Intolerancia a la incertidumbre

Algunas de las personas que deciden creer en este tipo de teorías reflejan una fuerte necesidad de control o de manejar la incertidumbre ante sucesos para los que no encuentran una explicación o la explicación existente no termina de convencerles. El ser humano tiende a buscar dotar de una estructura al mundo y los sucesos que en él ocurren, y las teorías conspirativas podrían suplir dicha necesidad en ausencia de una explicación que concuerde más con los propios esquemas.

Asimismo, personas que tienen poca sensación de control sobre lo que viven suelen ser más proclives a creer que es otra persona la que dirige las situaciones.

3. Acontecimientos vitales y aprendizajes

Otro factor a tener muy en cuenta es la existencia de elevados niveles de estrés, los eventos específicos que hayamos vivido en nuestra historia personal y los aprendizajes que hemos realizado a lo largo de la vida. Por ejemplo, es más fácil creer en una conspiración por parte del gobierno si consideremos que este nos ha defraudado, engañado o utilizado en alguna ocasión. Se ha observado que situaciones de estrés intenso y continuado también facilitan la creencia en teorías conspirativas.

También la educación y el tipo de creencias a las que hemos estado expuestos en la infancia. Por ejemplo, si no creemos en alienígenas será difícil creer que una especie del espacio exterior nos está invadiendo, o si alguien se ha criado con personas que defendían una determinada teoría será más fácil (aunque no es determinante) que dicha creencia sea considerada verdadera.

4. Necesidad de distinción

Otro de los elementos que pueden motivar la creencia en este tipo de teorías es, según reflejan diferentes estudios e investigaciones llevadas a cabo por la Universidad Johannes Gutenberg, en Mainz, la necesidad de distinción o de sentirse único. Es importante tener en cuenta que esta necesidad no tiene por qué ser algo consciente.

Las investigaciones al respecto se llevaron a cabo a través de la realización de varias escalas que medían la importancia de ser único y distinto y la creencia en conspiraciones y el control ajeno sobre la conducta y sucesos que vivimos. Tras ello se expuso a los sujetos a una lista de diferentes teorías conspirativas para indicar si creían que alguna de ellas era cierta. En otro experimento incluso se creó una teoría de este tipo para observar si era o no creída y si ello se vinculaba con la necesidad de diferenciación o no. Incluso tras indicar este hecho.

Los resultados reflejados indicaron que en un gran porcentaje de los casos las personas que creen en conspiraciones o tenían una mentalidad que facilitaba su creencia poseían un mayor nivel de necesidad de distintividad e unicidad. Los datos obtenidos por estos estudios indican que la necesidad de sentirse diferente y único tiene un efecto existente y considerado significativo en la creencia en teorías conspirativas, si bien se trata de un efecto que se da a un nivel modesto que no rige ni determina la creencia en sí.

Asimismo, se observó que la popularidad de la teoría en sí no afectó a la mayoría de los participantes con la excepción de aquellos que se adscribían a una gran cantidad de estas (reduciendo su nivel de creencia cuanto más popular era). En estos últimos casos existiría una mayor necesidad de atención y de sentirse diferente.

Referencias bibliográficas

  • Imhoff, R. & Lamberty, K. (2017). Too special to be duped: Need for uniqueness motivates conspiracy beliefs. European Journal of Social Psychology.
  • Swami, V.; Chamorro-Premuzic, T. & Furnham, A. (2009).Unanswered questions: A preliminary investigation of personality and individual difference predictors of 9/11 conspiracist beliefs. Applied Cognitive Psychology, 24 (6): 749-761.
  • Van Prooijen, J.W.; Douglas, K.M. & De Inocencio, C. (2017). Connecting the dots: Illusory pattern perception predicts belief in conspiracies and the supernatural. European Journal of Social Psychology.