A grandes rasgos, podríamos definir el lenguaje como un sistema de comunicación estructurado para el que existe un contexto de su uso y ciertos principios formales en los que se basa. Los seres humanos articulamos, de media, unas 18.500 palabras al día (27.000 en mujeres y 10.000 en hombres), así que concebir la sociedad y respuestas de nuestra especie sin la voz y la escucha es una tarea prácticamente imposible.

De todas formas, antes de entrar en el mundo de la fonación del ser humano, es esencial destacar que la comunicación no es exclusiva del Homo sapiens. La zoosemiótica rebate esta preconcepción antropocentrista, pues se encarga de estudiar los métodos que utilizan el resto de animales para comunicarse entre sí. De todas formas, el resto de seres vivos no usan palabras: basan su comunicación en señales químicas, acústicas, visuales, vibraciones, impulsos eléctricos e incluso danzas físicas. Cuando la palabra no es una opción, la selección natural busca otros métodos igual de efectivos.

Hablando de comunicación y lenguaje, nos es imposible no pensar en qué lo produce, más allá de las bases sociales y evolutivas en las que se asienta. Hoy venimos a contártelo todo sobre el aparato fonador y, de paso, explicamos cómo se distancia la comunicación humana de la del resto de especies del planeta.

¿Qué es el lenguaje humano?

Un lenguaje es un sistema de comunicación. Tu y yo, como miembros de la misma especie, transmitimos ideas y percepciones entre nosotros mediante signos lingüísticos (palabras escritas y articuladas), pero no todo se comunica mediante la fonación.

Por ejemplo, quizá te sorprenda saber que estudios, al explorar la capacidad de transmisión de conceptos en el ser humano, ponen mucha más carga en cómo se dicen las cosas que en las palabras que se están emitiendo. Según diversas publicaciones científicas, el 55% de la comunicación en humanos se debe al lenguaje corporal, el 38% supone el tono de voz y solamente el 7% restante de contenido se encuentra encerrado en las palabras que realmente se están diciendo.

Así pues, la importancia del aparato fonador no recae únicamente en las palabras articuladas, sino en la tonalidad del mensaje y en la acción de la musculatura facial que lo acompaña. Al fin y al cabo, no dejamos de ser animales, ¿no? Por otro lado, sí que existen ciertos elementos que alejan el lenguaje humano del presentado por otras especies. Estos son los siguientes:

  • El ser humano tiene doble articulación. Las palabras y los fonemas son dos cosas distintas, pues los últimos no tienen un significado propio por sí solos.
  • Las señales de los sistemas de comunicación en el resto de animales suelen producirse únicamente en respuesta a estímulos externos. No es el caso en los humanos.
  • El resto de animales no pueden hacer referencia a hechos y eventos pasados. Su lenguaje es puramente inmediato.
  • Los sistemas de comunicación animal no suelen aprenderse. En la mayoría de casos son innatos y vienen codificados en la impronta genética del organismo.
  • El lenguaje humano es creativo, pues se crean continuamente nuevas señales mezclando elementos persistentes.

Nos desmarcamos del resto de animales vivos en base a muchos conceptos, pero en otros tantos no podemos evitar darnos cuenta que, por racionales que seamos, elementos intrínsecos y subconscientes siguen dominando nuestro día a día. Una vez explorado este interesante terreno, estamos preparados para hablarte, de forma somera, de las características del aparato fonador humano.

¿Qué es el aparato fonador humano?

El aparato fonador hace referencia al conjunto de órganos del cuerpo humano encargados de generar (y ampliar) el sonido que se produce al hablar. Es necesario recalcar que casi ninguna de estas estructuras está diseñada únicamente para esta tarea, pues cumplen otra función esencial para el metabolismo y supervivencia del ser humano. Por ejemplo, la función primigenia de la laringe es evitar que entre agua y comida sólida en los pulmones, pero también es esencial para comprender la fonación en nuestra especie.

Así pues, no podemos concebir al aparato fonador como un conjunto de órganos únicamente enfocados al habla. Estos también son básicos en el aparato respiratorio y digestivo, por ejemplo, al participar en la deglución y el mecanismo respiratorio.

Partes del aparato fonador

No nos vamos a detener en la fisiología exacta de cada estructura implicada en el habla, pero sí que podemos dividir este complejo sistema en distintos bloques. Vamos a ello.

1. Mecanismo respiratorio

La voz humana es un sonido rígido que, en esencia, se trata de aire saliendo de los pulmones. Por ello, los mismos órganos que te permiten respirar son los que hacen que puedas hablar, lo que incluye a los pulmones, diafragma, músculos intercostales, bronquios y tráquea, entre otros.

Desde un punto de vista técnico, a estos elementos se los conoce como “cavidades infraglóticas”. Proporcionan el aire necesario para producir los sonidos del habla (generación de energía) y, además, son responsables de la intensidad de la voz y de la duración de los tonos generados. Sin la inspiración y aspiración, el mecanismo de comunicación humana sería prácticamente imposible de concebir.

2. Mecanismo fonador

La laringe y las cuerdas vocales son las estructuras especializadas en la producción de sonidos en el ser humano. Al conjunto de las áreas encargadas de producir las palabras se le conoce como “cavidad glótica”, y en ella se encuentran la laringe, los repliegues vocales, la glotis y la epiglotis.

Cuando estos órganos se encuentran juntos, la corriente de aire procedente de los pulmones durante la espiración los pone en vibración, lo que realmente genera la fonación y la producción de voz. Las cuerdas vocales vibran, dando lugar a una onda sonora audible, mientras que los repliegues vocales son los responsables de la generación del tono.

3. Mecanismo de resonancia

Hasta este punto, lo que se genera es un sonido básico. A ese aire espirado y a la onda sonora producida le falta “algo”, pues de un sonido gutural a una melodía entonada hay un mundo de diferencia. Aquí entran en juego las cavidades supraglóticas o mecanismos de resonancia, que engloban a la cavidad faríngea, la oral, la nasal y la labial.

Como su propio nombre indica, estas estructuras se encargan de amplificar y modular el sonido producido. Actúan, en su conjunto, como un filtro: amplifican o atenúan determinados componentes de la onda sonora generada en la laringe y modifican la cualidad del sonido.

4. Mecanismos de articulación

Por último (pero no menos importante), tenemos a los órganos articuladores, situados en la cavidad supraglótica, es decir, el paladar, la lengua, los dientes, los labios y todas aquellas estructuras que nos ayudan a perfilar y emitir los sonidos de la forma más correcta posible.

Quizá la estructura más importante de todas en lo que a la articulación se refiere sea la lengua. Es, con diferencia, el articulador más flexible (interviene en la producción de la mayoría de los sonidos) y, por ello, en el estudio de la fonética humana se distinguen diversas partes linguales para comprender el habla del paciente. Sus zonas de mayor sensibilidad se sitúan en la parte anterior.

Sí, has leído bien, los dientes también se encuentran englobados en este conglomerado. Por sorprendente que pueda parecer, los incisivos, en base a un 100% de trabajo, realizan un 20% en la masticación, mientras que el 80% restante corresponde a la funcionalidad fonadora y estética del individuo. Así pues, en muchos casos las ortodoncias no tienen el mero objetivo de embellecer al paciente, sino de también ayudarlo a poder perfeccionar el habla.

Resumen

El estudio del lenguaje en el ser humano es verdaderamente fascinante, pues existen tantos parámetros que nos alejan del resto de seres vivos como mecanismos subconscientes que nos acercan a la parte más natural e intrínseca de nuestra especie. El lenguaje no se reduce solo al habla, pues, como hemos dicho, tiene mayor carga la expresión y tonalidad que el propio mensaje articulado en la mayoría de los casos.

A pesar de ello, el aparato fonador humano no deja de ser una auténtica obra de ingeniería biológica. Este se basa en el aprovechamiento de estructuras: a pesar de que no estuvieran ahí con el cometido de hablar inicialmente (sino de respirar y deglutir seguramente), estas han evolucionado junto con la sociedad para transmitir de la forma más sencilla y eficaz todo el rango de sonidos en forma de palabras que conocemos en la actualidad.

Referencias bibliográficas:

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  • Torres Gallardo, B. (2013). La voz y nuestro cuerpo. Revista de Investigaciones en Técnica Vocal, 1.