El dolor es una experiencia sensorial desagradable que pueden experimentar todos los seres vivos que presentan un sistema nervioso central. A un nivel evolutivo y etológico, en el mundo natural, el dolor se explica por sí solo: esta emoción nos mantiene alerta y nos enseña a lo que no debemos de acercarnos si queremos sobrevivir a largo plazo.

En nuestro caso, son los nociceptores (terminaciones nerviosas libres de neuronas sensitivas primarias) los receptores que principalmente responden a estímulos nocivos. Estos envían impulsos a través de las neuronas aferentes hacia la médula espinal, y esta se los transmite al cerebro, que interpreta la señal del dolor y provoca en el organismo la respuesta pertinente.

Por contraintuitivo que pueda sonar, sin dolor no hay vida, pues sin la percepción del peligro no existe el concepto de “supervivencia”. ¿Te imaginas cómo debe ser la vida de un ser humano con la percepción del dolor modificada? Tampoco tienes que elucubrar mucho, pues a continuación te lo contamos todo sobre un término ampliamente vinculado con esta idea: la sensibilización central.

¿Qué es la sensibilización central?

La sensibilización central se puede definir en primera instancia como un proceso patológico del sistema nervioso que que consiste en un descenso del umbral de dolor, lo que provoca una hipersensibilidad ante estímulos nocivos. Este evento, conocido como SC por sus siglas, se propicia por el incremento de la excitabilidad de las neuronas del sistema nervioso central (SNC) especialmente en las neuronas medulares de segundo orden.

En este estado de hiperexcitabilidad, las neuronas involucradas se activan con mayor facilidad ante señales potencialmente nocivas y tienden a amplificar la información recibida a medida que se transmite a lo largo del árbol nervioso. Así, se da lugar a una serie de cuadros patológicos que veremos a continuación.

Cuando se responde de forma tan exagerada a un estímulo periférico, se experimentan dos términos concretos. Te los contamos de forma somera.

1. Hiperalgesia

No se puede concebir la sensibilización central sin la hiperalgesia, pues son dos caras de la misma moneda. Este último término hace referencia al aumento de sensibilidad al dolor y reacción extrema al mismo por parte del paciente. Algo que ya era doloroso antes se hace ahora inaguantable.

Según el Instituto Nacional del Cáncer (NIH), la hiperalgesia es típica de procesos que dañan los nervios o producen cambios químicos en las vías nerviosas que participan en la percepción del dolor. La neuralgia postherpética es un claro ejemplo de esto, pues el lugar afectado por el herpes (la culebrilla) puede mostrarse hipersensible por 3 meses o más tras su aparición, debido a un daño en las fibras nerviosas superficiales.

2. Alodinia

Este término es un poco diferente al anterior, pero también es indivisible de la sensibilización central. La alodinia se produce cuando el paciente percibe anormalmente dolor como respuesta a un proceso que normalmente no lo causa, como puede ser el roce contra una superficie o la simple palpación de la superficie afectada.

Existen 3 tipos de alodinia: mecánica estática, mecánica dinámica y térmica. La primera se define por la percepción del dolor con una ligera presión manual, como podría ser tocar la superficie de la piel.

Por otro lado, la alodinia mecánica dinámica se produce por la aplicación reiterada de estímulos suaves, como el paso de un algodón o un cepillo. Por último, la alodinia térmica sucede cuando el paciente presenta especial reticencia a eventos climáticos levemente calientes o fríos.

Ambos términos son distintos, pero se albergan dentro del paraguas de la sensibilización central. Te debe quedar clara la siguiente idea:

Sensibilización central: hiperalgesia + alodinia

Causas de la sensibilización central

El apodo de “central” viene de que, efectivamente, el problema está localizado en el Sistema Nervioso Central (SNC): el cerebro y la médula espinal. Como hemos dicho, las neuronas encargadas de percibir el dolor amplifican la señal y la hacen más fuerte, razón por la cual el paciente percibe un dolor atípico ante eventos rutinarios.

De todas formas, las neuronas no solo mandan señales amplificadas, sino que también transmiten información “errónea”, produciendo respuestas anormales por parte del organismo a estímulos ambientales corrientes. Hay que tener en cuenta que, para comprender la sensibilización central, es necesario factorizar que hay predisponentes y precipitantes.

1. Predisponentes

Aunque esta serie de patologías son muy poco conocidas, se sabe que existe cierta herencia genética para su aparición. La sensibilización central suele correr en familias y, además, parece ser que las personas que han sufrido abusos o eventos traumáticos durante la niñez son más proclives a presentarla.

2. Precipitantes

En las personas con predisposición, suele existir un precipitante o trigger que provoca la aparición de la sensibilización central. Algo tan simple como una infección viral puede propiciarla, pero generalmente sucede tras accidentes y lesiones graves, tanto físicas como emocionales.

Como indican estudios, un estímulo doloroso de gran intensidad puede ser el preludio de una serie de alteraciones funcionales y morfológicas en el sistema nervioso central (SNC), lo que se traduce en el cuadro general de sensibilización central que aquí nos atañe.

Algunos ejemplos de sensibilización central

Hemos hablado hasta ahora de la sensibilización central como una especie de patología, pero esto no es exactamente así. Se trata de un evento común en varias enfermedades caracterizadas por el dolor crónico. Te contamos de forma somera algunas de ellas.

Fibromialgia

Se trata de un trastorno caracterizado por la presencia de un dolor musculoesquelético generalizado, lo cual interfiere a la capacidad de descanso, memoria y estado de ánimo general del paciente.

La fibromialgia suele encontrar sus causas en factores hereditarios, infecciones y traumas físicos y emocionales. Algo como un accidente automovilístico o una situación traumática puede propiciar la aparición de esta patología crónica, aunque no lo parezca. Se estima que en ciertos países la prevalencia total se localiza en un 2,4% de la población general mayor de 20 años (generalmente entre los 35 y 55 años), siendo de 6 a 8 veces más común en mujeres que en hombres.

Síndrome de fatiga crónica

El síndrome de fatiga crónica es una afección grave que afecta de forma simultánea a muchos sistemas del cuerpo. Este se caracteriza por una fatiga severa que imposibilita la realización de acciones rutinarias, problemas para dormir, dificultad para la concentración, dolor generalizado y mareos recurrentes.

Solamente en Estados Unidos se calcula que entre 836.000 y 2.5 millones de personas tienen síndrome de fatiga crónica. Este se presenta sobre todo en personas entre los 40 y 60 años y, de nuevo, es más común en mujeres que en hombres.

Síndrome del intestino irritable (SII)

¿Quizá esta patología te suene más, verdad? Pues sí, aunque no lo sospecharas de antemano, el síndrome del intestino irritable y la sensibilidad central están ampliamente correlacionados.

En una sociedad cada vez más dominada por el estrés y las preocupaciones, el SII se presenta en hasta el 20% de la población global, dependiendo del foco poblacional consultado y de las condiciones socioeconómicas que allí se den. Diversos factores codifican su aparición: genéticos, sanitarios, dietéticos, culturales y emocionales, entre otros.

El síntoma más común de esta patología es un dolor abdominal crónico, acompañado de cólicos y una hinchazón que suele aliviarse de forma total o parcial a la hora de evacuar los intestinos (defecar o eyectar gases). También provoca la aparición de diarrea o estreñimiento y la mucosidad en las heces, entre otras cosas.

Enfermedades sin tratamientos

Por desgracia, las enfermedades que se presentan con sensibilización central son en gran parte desconocidas y, por ello, los tratamientos son limitados. En la mayoría de los casos se busca que el paciente aprenda a manejar su dolor y minimizarlo, pero nunca se elimina por completo.

Por ejemplo, fármacos como analgésicos, antidepresivos y anticonvulsivos (medicamentos para la epilepsia) han mostrado ser eficaces para algunos casos de dolor crónico, si bien no se trata de un tratamiento efectivo de forma universal. Todo esto debe acompañarse de una robusta atención psicológica al paciente, dominada por fisioterapia, terapia ocupacional y asesoramiento psicológico, entre otras cosas.

Resumen

Como habrás podido comprobar, la sensibilización central es un cuadro patológico general muy poco conocido, pues las causas no se llegan a dilucidar nunca en muchísimos pacientes. Si algo se sabe es que se manifiesta en forma de hiperalgesia y alodinia y que, además, es parte de un gran número de enfermedades.

Por desgracia, en la mayoría de ocasiones poco queda más allá de la resistencia y la resignación en los pacientes que la sufren. A veces el dolor crónico no se puede abordar y, por tanto, solo queda vivir con él y aprender a gestionarlo.

Referencias bibliográficas:

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