El sistema inmunológico de los seres vivos es la defensa natural del cuerpo contra infecciones de índole vírica, bacteriana y parasitaria, que además protege frente a eventos intrínsecos del organismo, como puede ser la formación de células cancerígenas y otros procesos deletéreos. Este conjunto de elementos nos permite mantener la homeostasis (equilibrio interno saludable), en base al reconocimiento y destrucción de aquello considerado dañino.

En general, si pensamos en el sistema inmune, nos vienen a la mente términos como los linfocitos y otros leucocitos, es decir, los glóbulos blancos circulantes en la sangre que señalan, localizan y eliminan a los agentes que puedan causarnos algún tipo de perjuicio.

A pesar de que los linfocitos son esenciales para comprender la respuesta inmune, no son ni mucho menos los únicos cuerpos celulares que intervienen en la erradicación de elementos patógenos en nuestro organismo. Hoy venimos a contártelo todo sobre las células dendríticas, un interesantísimo tipo celular exclusivo de mamíferos esencial para la respuesta inmunitaria innata (inespecífica) y adquirida, al mismo tiempo . No te lo pierdas.

¿Qué son las células dendríticas?

Según el Instituto Nacional del Cáncer (NIH), una célula dendrítica es un tipo de cuerpo celular especializado que se encuentra en los tejidos como la piel y que estimula las respuestas inmunitarias, al presentar en su superficie un antígeno ante las otras células especializadas.

Antes de continuar, debemos esclarecer el término recién introducido. Por su parte, un antígeno se puede definir como una sustancia que, al introducirse en el organismo, induce en este una respuesta inmunitaria, provocando la formación de anticuerpos.

Los anticuerpos o inmunoglobulinas son proteínas circulantes en la sangre, cuya función es “señalar” al antígeno adhiriéndose a él, para que otros cuerpos celulares como los macrófagos lo interpreten como una amenaza y lo eliminen.

Puede resultar extraño sacar a relucir términos tan específicos pero, salvando las distancias, la labor de un anticuerpo y una célula dendrítica no son muy diferentes. De todas formas, no nos adelantemos: es hora de explorar algunas de las características más llamativas de este tipo celular.

Características de las células dendríticas

Las células dendríticas maduras (CDm) presentan una morfología propia, caracterizada por la presencia de extensiones membranosas que pueden tomar la forma de estrellas, pseudópodos o velos. Debido a su naturaleza presentadora de antígenos, estos cuerpos celulares contienen múltiples estructuras especializadas en esta función tan concreta, como son endosomas, lisosomas o los gránulos de Birbeck.

Los endosomas son unos compartimientos dentro del citoplasma que actúan como transportadores de materiales dentro de las células animales y fúngicas. Por su parte, los lisosomas actúan como orgánulos destructores, ya que contienen enzimas hidrolíticas y proteolíticas encargadas de degradar material celular, ya sea de origen externo (heterofagia) o interno (autofagia). Los gránulos de Birbeck, presentes en las células dendríticas de la epidermis, tienen una función aún por descubrir.

Estos característicos cuerpos celulares están presentes en tejidos linfoides (del sistema linfático) y no linfoides, como pueden ser la piel, la faringe, la parte superior del esófago, la vagina, el ano y en los revestimientos mucosos del aparato respiratorio e intestinal. Su forma “tentaculada” tiene un sentido, pues las células dendríticas extienden sus protrusiones entre las estrechas uniones celulares sin alterar la naturaleza del tejido. Como veremos a continuación, este mecanismo permite a la célula “abarcar” más espacio para la captura de antígenos.

Las células dendríticas inmaduras son las que presentan la típica forma estrellada, mientras patrullan las zonas periféricas corporales. Las dendritas propiamente dichas (procesos citoplasmáticos que miden más de 10 μm y que sobresalen del cuerpo de la célula) están en continuo movimiento en las células, retrayéndose y volviéndose a extender, como si de un ser vivo propio se trataran. Desde luego, la morfología tan compleja de un elemento tan pequeño impresiona.

La función de las células dendríticas

Las células dendríticas fueron propiamente descritas en el año 1973 por R. M. Steinman, un inmunólogo canadiense, y su compañero ZA. Cohn. En palabras del propio Steinman, “las CD son las centinelas naturales del sistema inmune”, pues deciden si se induce o no una respuesta inmunitaria adaptativa ante la presencia de posibles patógenos. Te explicamos este complejísimo proceso de la forma más simple.

Las células dendríticas patrullan los tejidos de los mamíferos, pues buscan y detectan posibles antígenos de patógenos (virus, bacterias y parásitos) mediante los diferentes receptores de su superficie (PRR). Una vez identificada la posible amenaza, la CD inmadura se convierte en una célula dendrítica madura (CDm), liberando diferentes sustancias proinflamatorias implicadas en la respuesta innata del organismo. Además de esto, también tienen la capacidad de capturar y degradar los antígenos, gracias a un proceso denominado fagocitosis.

Una vez la célula dendrítica “tiene” el antígeno del agente patógeno en sus dominios, migra a los ganglios linfáticos, lugar donde se almacenan los linfocitos T. Estos linfocitos “reconocen” al antígeno, y se activan, proliferan y atacan a la sustancia peligrosa inicial, siendo esto parte de la respuesta inmunitaria adaptativa.

Resulta interesantísimo conocer que, de los linfocitos diferenciados, unos serán efectores y secretores de citoquinas (respuesta inflamatoria), pero otros permanecerán como linfocitos de memoria, es decir, que recordarán el antígeno del patógeno para responder de manera más eficaz a él en siguientes ocasiones.

Tolerancia inmunitaria

Más allá de todas estas funciones tan esenciales, cabe destacar que las células dendríticas nos protegen contra nosotros mismos. Cuando los linfocitos T abandonan el timo por primera vez, las células dendríticas los controlan, destruyendo a aquellos portadores de antígenos que podrían causar que el sistema inmune se ataque a sí mismo.

Imagínate que, por ejemplo, el antígeno es parte de un glóbulo rojo. Si este linfocito proliferara y generara copias de sí mismo, el efecto sobre el organismo podría ser desastroso.

Las células dendríticas, en cifras

Estas células son fascinantes desde un punto de vista tanto histológico como funcional, pues son capaces de presentar a los linfocitos un antígeno sin que estos hayan tenido contacto con el patógeno de ninguna forma. Se consideran los mayores activadores del sistema inmune adaptativo, pues una sola CDm es capaz de estimular, en condiciones experimentales, de 100 a 3000 linfocitos T.

En resumidas cuentas: las células dendríticas inmaduras son las que poseen las protusiones citoplasmáticas (dendritas), con las que “buscan” por casi todos los tejidos del organismo antígenos que presentar a los linfocitos. Una vez detectan uno, lo hacen suyo y abandonan rápidamente el tejido afectado, viajan por el sistema linfático, y “avisan” a los linfocitos aglutinados en los ganglios de que hay que actuar de forma rápida y precisa. Sin duda, se trata de uno de los mecanismos inmunes más fascinantes que se ha podido registrar en mamíferos.

Las células dendríticas y la inmunoterapia

No todo se queda en un marco teórico, pues la excelencia de las células dendríticas supone una verdadera promesa en el campo médico. Por ejemplo, se ha descubierto que las células tumorales suprimen a las DC mediante la emisión de ciertos compuestos, haciendo que estas estimulen la producción de linfocitos T supresores, unos leucocitos que suprimen la activación del sistema inmunitario. Así, el tumor puede crecer libremente sin que el cuerpo actúe contra él.

Por sorprendente que pueda parecer, se ha conseguido exponer a células dendríticas a antígenos tumorales en condiciones laboratoriales, con el fin de inyectarlas sobre el paciente con neoplasia para reactivar su respuesta inmune. No ha sido funcional en todos los casos pero, desde luego, se trata de un mecanismo prometedor. En caso de que se lograra un espectro de eficacia amplio en esta metodología, podríamos estar ante la primera vacuna contra algunos tipos de cáncer. Fascinante, ¿verdad?

Resumen

En este artículo hemos presentado conceptos muy complejos, pues explicar las respuestas inmunitarias sin incurrir en terminología demasiado específica es, cuanto menos, un desafío. Si queremos que te quedes con una idea, esta es la siguiente: las células dendríticas patrullan nuestros tejidos y, cuando observan una amenaza, “secuestran” su antígeno y migran hasta el lugar donde están los linfocitos T, avisándolos de que deben actuar.

Además de esto, también liberan distintas sustancias inflamatorias por sí mismas. Por ello, se considera que las CD son esenciales tanto en la respuesta inmune innata como en la adaptativa. Desde luego, espacios como este nos hacen darnos cuenta de la verdadera obra de ingeniería que es el cuerpo humano.

Referencias bibliográficas:

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