Agência Brasil Fotografias [Flickr CC BY 2.0]

Hay trastornos que generan una gran preocupación por su gran impacto en la población. Un claro ejemplo es la diabetes mellitus. Este conjunto de alteraciones metabólicas tienen en común que provocan un aumento de la glucosa en sangre (hiperglucemia).

La diabetes presenta una alta prevalencia mundial. En 2015 se habían diagnosticado aproximadamente 400 millones de casos en todo el mundo. Datos alarmantes, y más aún si las predicciones indican que este valor irá en alza, sobre todo uno de los tipos de diabetes: la de tipo II.

La diabetes a través de la historia

La humanidad ha sufrido esta enfermedad crónica desde la antigüedad. Hay datos de que ya se reconocieron casos por el año 1500 a.C. en el Antiguo Egipto.

No fue hasta unos cuantos años más tarde que el médico de la Antigua Grecia, Areteo de Capadocia, le puso nombre a este trastorno, el cual se ha mantenido hasta hoy.

“Diabetes” significa en griego “corre a través”, ya que hace referencia a unos de los síntomas más llamativos de la afección, la baja retención de líquidos.

Tipos de diabetes

Existen diferentes tipos de diabetes, muchos de ellos casos menores, pero todos tienen en común que provocan hiperglucemia y los problemas que derivan de ello: complicaciones nerviosas, cardiovasculares y renales.

Principalmente podemos dividirla en cuatro grupos: diabetes de tipo I, diabetes de tipo II, diabetes gestacional y otros tipos. En este último grupo destacar el síndrome MODY, aunque también se encuentran las diabetes originada de forma indirecta, como por ejemplo por una infección en el páncreas o inducida por el tratamiento con fármacos.

1. Diabetes mellitus de tipo 1 (DM1)

Antiguamente llamada también “diabetes insulinodependiente” o “diabetes infantil”, representa cerca del 5% de los casos diagnosticados.

La diabetes de tipo I se caracteriza por la ausencia de la hormona insulina, que estimula la captación de glucosa en sangre por parte de las células. Esta desaparición se debe a la destrucción de las células β de los islotes de Langerhans del páncreas, lugar de producción de la hormona, por culpa del sistema inmune.

Este trastorno se desarrolla normalmente en niños o adolescentes, aunque hay casos de la aparición de la enfermedad en etapas adultas, que se conocen bajo el nombre de LADA (“Latent Autoimmune Disease in the Adult”, es decir, “enfermedad autoinmune latente en adultos”).

El riesgo de sufrir DM1 es algo complejo, ya que se trata de una combinación de una predisposición genética junto con la interacción de ciertos factores ambientales que desencadenen el problema (infección o dieta). Esto hace que sea difícil de prevenir la enfermedad.

Los síntomas que indican esta alteración del metabolismo son eliminación frecuente de orina, sed inusual, hambre continua, pérdida de peso, irritabilidad y cansancio. Aparecen de forma súbita y su único tratamiento es la suministración de por vida de insulina en el paciente, además de un riguroso control del nivel glucémico, ya que se tiende fácilmente al coma cetónico.

2. Diabetes mellitus de tipo 2 (DM2)

Anteriormente conocida como “diabetes no insulinodependiente”, es el tipo de diabetes más extendido, siendo entre el 85% y el 90% de los casos que se diagnostican. La hiperglucemia es causada por una resistencia del cuerpo a la insulina o una deficiencia en la secreción de insulina, pero nunca por un ataque autoinmune.

Los principales factores de riesgo se relacionan con el estilo de vida, como la falta de ejercicio, el sobrepeso, la obesidad o el estrés. Como se trata de una enfermedad compleja, hay otros factores relevantes como los genéticos o las alteraciones de la propia flora intestinal. Es una enfermedad crónica que aparece por lo general en etapa adultas (más de 40 años), aunque empiezan a verse casos en jóvenes.

Los síntomas son muy similares a la diabetes tipo I pero en menor medida, ya que es un proceso secuencial y no repentino. El mayor problema es que se diagnostica una vez que lleva un tiempo de desarrollo de la afección.

Los tratamientos iniciales suelen consistir en planes de ejercicios y dietas, ya que si no está muy desarrollada es posible revertir los efectos. En casos más graves es necesario una terapia con fármacos antidiabéticos, que reducen la glucosa en sangre, a pesar de que a la larga se termina necesitando inyecciones de insulina.

3. Diabetes mellitus gestacional (DMG)

Es una forma de prediabetes que puede aparecer durante el segundo o tercer trimestre del embarazo. Es detectada como una hiperglucemia en madres que antes de la gestación no estaban diagnosticadas con ningún otro tipo de diabetes.

Una de las causas posibles de este trastorno es que las hormonas que son producidas durante el embarazo interfieran en la funcionalidad de la insulina. Durante el primer trimestre del embarazo se pueden controlar los niveles de glucemia para descartar la DMG.

Algunos factores de riesgo son haber sufrido anteriormente DMG en otro embarazo, haber sufrido varios abortos o tener antecedentes familiares con diabetes.

Más que los síntomas, el mayor problema son las consecuencias de este aumento de glucosa que, a pesar de que no llegan a los valores establecidos para diagnosticar diabetes, son más altos de lo normal.

La diabetes gestacional puede desencadenar problemas en el parto por macrosomía (crecimiento excesivo del bebé) así como aumentar la predisposición tanto del hijo como la madre de sufrir la enfermedad. El tratamiento habitual es un control del estilo de vida, es decir, ejercicio y dieta.

4. El síndrome MODY y otros tipos

El último grupo es un cajón de sastre donde se agrupan todo tipo de diabetes cuya incidencia es mucho menor, como por ejemplo la tipo 3.

A pesar de ello, se puede destacar una por su incidencia, entre el 2% al 5% de los diagnósticos: se trata del síndrome MODY.

También llamada diabetes monogénica, las siglas significan en inglés “Maturity Onset Diabetes of the Young” (“diabetes de edad madura que se presenta en jóvenes”), porque se parece a una DM2 pero que se desarrolla en adolescentes no obesos. A diferencia del resto, este trastorno es de tipo monogénico (lo causa un único gen) y no se trata de una enfermedad compleja. El mayor riesgo es tener antecedentes familiares con este tipo de trastorno.

Hasta el momento se han encontrado hasta 6 genes diferentes que pueden desarrollar el síndrome. Todo ellos tienen en común que, cuando son mutados, las células β no sintetizan o liberan correctamente la insulina, generando diabetes. Se trata primeramente con fármacos antidiabéticos orales, a pesar de que a la larga se termina inyectando insulina como en la DM2.