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¿Cómo lidiar con una familia tóxica?

Veamos varias estrategias para afrontar los problemas ante una relación tóxica con la familia.

Leticia Martínez Val

Leticia Martínez Val

Cómo lidiar con una familia tóxica

La familia es nuestro primer contexto de socialización, aquel en el que aprendemos por primera vez a hablar y a comprender el lenguaje, y del que heredamos toda una serie de elementos culturales y comportamentales que dan forma a nuestra personalidad.

Sin embargo, también puede llegar a ser un espacio que genere malestar en nosotros en cualquier etapa de nuestras vidas, algo agravado por el hecho de que en la mayoría de los casos esas personas son muy importantes para nosotros, debido a lo que he comentado antes. No solo nos sentimos vinculados a esas personas a causa de la costumbre y la convivencia; además, desarrollamos una conexión emocional. Por eso, cuando nos vemos inmersos en una relación familiar tóxica, esto resulta especialmente doloroso.

En este artículo encontrarás algunas estrategias que te serán útiles a la hora de superar una relación tóxica en el ámbito de la familia, teniendo en cuenta que lo primero es tu salud física y mental.

Tengo una relación tóxica con mi familia: ¿qué hago?

Sigue estos consejos para mejorar la convivencia y/o comunicación y dinámicas de apoyo mutuo que mantienes con esa parte de la familia con la que mantienes una relación tóxica.

1. Establecer si se ha cruzado la línea que te convierte en víctima de maltrato

En primer lugar, es imprescindible que te detengas a pensar si tu posición es o no la de una víctima de maltrato ante esa parte de la familia con la que sientes que hay un problema. Es decir, si en el caso de intentar mejorar la relación con esas personas, te expones a sufrir malos tratos, ya sea mediante violencia física o violencia psicológica.

La clave está en centrar el foco en el presente y en lo que podría ocurrir en el futuro próximo a partir de lo que sabes que está pasando hoy; por ejemplo, muchas personas tienen una relación mala con sus padres porque en la generación de estos últimos era habitual pegar a los niños para intentar educarlos, pero si esto se produjo hace décadas, eso no tiene por qué significar que se siga sufriendo violencia hoy en día.

Por otro lado, en el caso del maltrato psicológico, puede ser complejo delimitar si eres o no una víctima, entre otras cosas porque en relaciones familiares muy conflictivas es relativamente común que se produzca un intercambio de acusaciones injustas, insultos ocasionales, etc. Es decir, que ambas partes enfrentadas realicen acciones que, vistas como algo individual, pueden ser entendidas como tratar mal al otro.

Lo que importa aquí es la globalidad de la relación, y concretamente, estos dos aspectos: si hay un claro desequilibrio de poder en el que una de las partes tiene claramente más capacidad de dañar a la otra persona y esta última se ve acorralada por ello y solo pueda adoptar un rol defensivo, por un lado, y si la intensidad y frecuencia de estos ataques dañan significativamente la calidad de vida de la persona que está a la defensiva, por el otro, o suponen una amenaza contra su integridad.

En el caso de que determines que eres una víctima de maltrato, es muy importante que renuncies a la pretensión de mejorar tu relación con ese miembro o ese conjunto de miembros de la familia y que priorices garantizar tu salud física y mental en primer lugar.

2. Aceptar la idea de tener que disculparte

Aunque las actitudes tóxicas por parte de la otra persona sea lo primero de lo que nos damos cuenta al valorar una relación, no hay que olvidar que aunque sea de manera inconsciente, también podemos haber realizado acciones injustas que han causado un dolor innecesario en esa parte de nuestra familia con la que queremos reconciliarnos.

Por eso, es importante que reflexiones sobre lo que has hecho, y analices hasta qué punto estaba justificado. En caso de que hayas caído en una o varias de estas acciones dañinas, asume que deberás disculparte, y que ello no es nada malo ni implica ser débil; todo lo contrario, muestra tu capacidad para reparar relaciones. Ahora bien, recuerda que una disculpa no es solo cuestión de palabra; también debes expresar una voluntad sincera de reparar el daño causado, al menos en la medida de lo posible. De esta manera mostrarás tu compromiso en hacer que ese vínculo funcione.

3. Dedicar al menos una charla a abordar el problema y proponer soluciones

Aunque el proceso de superar una relación familiar tóxica lleva un tiempo y debe desarrollarse a lo largo de semanas y meses, es necesario que en algún momento se produzca un cambio cualitativo en tu manera de afrontar esa relación. Es decir, un momento en el que quede claro que la manera de interactuar y de comunicaros va a cambiar. Este “empezar desde cero” supone un referente temporal que os motivará a ambas partes a esforzarse en mejorar la relación, dado que, ya que habréis generado las expectativas de que eso ocurra.

Superar una relación familiar tóxica

Si no se habla de un problema, es imposible solucionarlo. A veces en las familias se crea la dinámica del silencio y los miembros aprenden a actuar de una manera pasivo-agresiva. Es momento de romper el ciclo. Dedica un tiempo a escribir y ordenar tus sentimientos y cuando llegues a la causa genuina de lo que te provoca el malestar, encuentra un momento donde estéis todos tranquilos y en calma para poder hablarlo con firmeza y claridad. Tus sentimientos importan.

Así pues, fija fecha y hora para tener una charla seria en la que, sin prisas y sin nada que os distraiga, podáis hablar de cómo os habéis sentido, cómo os sentís, y qué podríais hacer para mejorar esa relación a través de acciones y rutinas que marquen la diferencia. Este también es el momento de disculparse y de mostrar que ambos tenéis interés en recuperar la confianza del otro, estableciendo metas que permitan demostrar que ese compromiso está ahí, no es pura ficción.

Esta charla debe servir para tres cosas: expresar vuestro punto de vista y reconocer los sentimientos de la otra parte, disculparse y proponer medidas de reparación, y fijar objetivos concretos que os comprometéis a cumplir en un periodo determinado para superar esa relación tóxica.

4. Apoyar a la otra parte

Cualquier cambio de rutina cuesta, y es posible que se vuelva complicado no “recaer” en las discusiones sin sentido o en las maneras inadecuadas de comunicaros. Ante esto, es importante que antes de que el conflicto vuelva a escalar, la otra parte ayude a quien tiene problemas a cumplir con su palabra, mostrando que lo hace no desde una actitud de reproche ni superioridad moral, sino como una muestra e interés por mejorar la relación y esperando que la otra persona haga lo mismo por uno si se da el caso de necesitar esa ayuda.

Por ejemplo, redirigiendo una discusión hacia la crítica constructiva en vez de permitir que se convierta en una lucha, o ayudando a la otra persona a calmarse, etc.

5. Acudir a psicoterapia

Si nada parece funcionar, la solución más eficaz será acudir a terapia psicológica.

Por un lado, las relaciones familiares complicadas o conflictivas pueden ser tanto la causa como la consecuencia de alteraciones psicológicas vinculadas a una baja salud mental. Por el otro, no hace falta haber desarrollado un trastorno psicológico para acudir al psicólogo: la terapia familiar es un contexto de intervención profesional que puede ayudar mucho allí donde hace falta mejorar las dinámicas de comunicación o de convivencia, así como para superar conflictos que han quedado enquistados durante mucho tiempo y facilitar que se produzca la reconciliación.

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Mi nombre es Leticia Martinez Val y soy psicóloga sanitaria especializada en la atención a adultos y adolescentes. Trabajo combinando estrategias y técnicas de intervención de la terapia cognitivo-conductual, el Mindfulness, las Terapias de Tercera Generación y la terapia sistémica familiar, y ofrezco sesiones presenciales y por videollamada.

  • Cobley, P. (2008). “Communication: Definitions and Concepts". En Donsbach, Wolfgang. The International Encyclopedia of Communication, Chichester, UK: John Wiley & Sons, Ltd.
  • Forsyth, D.R (2006). Group dynamics. Belmont, CA: Thomson-Wadworth.
  • Ochoa, I. (1995). Enfoques en terapia familiar sistémica. Herder: Barcelona.
  • Rueda, J. M. (1992). La intervención psicosocial. El psicólogo de la comunidad. Intervención psicosocial, 1: 27-41.
  • Trnka, R.; Balcar, K.; Kuška, M.; Hnilica, K. (2012). Neuroticism and Valence of Negative Emotional Concepts. Social Behavior and Personality: An International Journal. 40(5): pp. 843 - 844.

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