Un repaso a las posibles causas del sentimiento de inferioridad, y posibles soluciones. Unsplash.

La autoestima es muy importante para el desarrollo de las personas, en todas sus etapas. Esta se comienza a establecer desde las fases tempranas del desarrollo y se consolida en la edad adulta, en la que el sujeto con una buena autoestima será capaz de afrontar las distintas adversidades que se le presenten.

Sin embargo, es relativamente habitual que las personas tengan problemas en este aspecto. "Me siento inferior a los demás" resulta un pensamiento frecuente, una consecuencia de que algo ha ido mal durante el establecimiento de la autoestima. En todo caso, con el hecho de haberlo notado ya hemos dado el primer paso a la hora de conseguir un autoconcepto más sano. A continuación veremos qué hacer en esto casos, y algunas de sus posibles causas.

¿Por qué me siento inferior al resto?

Cómo hemos visto antes, si me siento inferior a los demás, es porque el proceso de establecimiento de la autoestima se ha visto accidentado en algún punto. Existen varias formas en la que esto pudo haber sucedido, así que veamos las más comunes.

1. Actitud pesimista

La actitud pesimista es como una enredadera que se va haciendo más larga y fuerte a medida que pasa el tiempo y no se buscan maneras de afrontamiento adaptativas para esta disfuncionalidad del pensamiento.

Este tipo de actitudes se van traspasando de unas personas a otras. Si hemos crecido en un ambiente pesimista, es probable que de mayores tendamos a adoptar esta mentalidad. Pero nunca es demasiado tarde para romper con ese círculo negativo.

2. Conducta exagerada

Cuando exageramos las situaciones negativas de nuestra vida, estamos preparando el terreno para que nos sintamos sobrepasados por situaciones que realmente podríamos gestionar. Pensar que todas las cosas malas nos suceden a nosotros, o que siempre salimos desfavorecidos de cualquier evento, nos pone en una condición de minusvalía emocional.

Debemos evitar esta situación a toda cosa; es importante comprender que las cosas que nos pasen no siempre serán desagradables. Lo malo es temporal, y siempre vendrán momentos mejores en la medida que seamos capaces de cambiar nuestro pensamiento exagerado.

3. Comparaciones constantes

Las personas que pasan demasiado tiempo comparándose con otras personas suelen tener un mayor grado de inseguridad en sí mismas, y por lo tanto sienten que están a la sombra de los demás. Es común que el resultado que saquen de las comparaciones es que los otros son mejores que ellos.

Compararse con otras personas puede servir para aprender y tomar ciertos aspectos positivos de otros, pero no deberíamos hacerlo de manera obsesiva; cada quien es distinto y posee unas capacidades únicas.

4. La envidia

La envidia es un sentimiento nocivo para cualquier persona, dado que favorece que surja la angustia.

Debes protegerte ante la posibilidad de sentir envidia. Céntrate en ti y en las virtudes que tienes, úsalas para construir un puente hacia tus metas, sin que los logros de los demás te nublen la vista de tus propias capacidades. Se tú quien influya sobre el entorno, y no dejes que lo que sucede a tu alrededor te afecte de manera determinante.

5. La necesidad de aprobación

Cuando invertimos muchos recursos en tratar de agradar a los demás, inevitablemente nos estamos olvidando de nosotros mismos en el proceso.

Esta situación traerá como consecuencia que jamás nos sintamos conformes con lo que hacemos, teniendo en cuenta que no siempre se puede ser capaz de agradar a todo el mundo. Lo ideal es mantener tu esencia, siempre con educación ante los demás, pero nunca con alabanzas excesivas.

¿Cómo superar el sentimiento de inferioridad?

En las próximas líneas vamos revisar algunas maneras para superar la sensación de que somos inferiores a los demás.

1. Toma conciencia de que nadie es perfecto

El primer paso es mentalizarse de que ninguna persona es absolutamente buena en todo, y que así como tú tienes cosas que puedes mejorar, todos las tienen. Únicamente es una labor personal, de cada quien, hacerse cargo de ser la mejor versión de uno mismo.

2. Interpreta el fracaso como una oportunidad

Cambiar la percepción que tenemos de nuestros fracasos nos acerca a una mayor comprensión de nuestras capacidades. En lugar de deprimirte por haber fallado en algo, evalúa el por qué fallaste y aprende de los errores cometidos. Ve los fallos como oportunidades valiosas de aprender y conocerte mejor a ti mismo.

3. Encuentra tus virtudes

En caso de que aún no tengas claras cuáles son tus virtudes, debes tomarte el tiempo necesario para buscarlas y encontrarlas. Es completamente imposible que no existan virtudes en ti, enfócate en descubrir lo que disfrutas hacer y lo que se te da bien.

4. Evita la persistencia irracional

Este punto se refiere a ser capaces de aceptar que no siempre vamos a ser los mejores en las cosas que nos gustan. Eugar de sentir frustración por este hecho, comienza por hacer las cosas sin la necesidad irracional de ser el mejor en ellas, y hazlas porque disfrutas del proceso.

5. No odies tus defectos

Ten en cuenta que los defectos de cada uno de nosotros nos hacen distintos a los demás, por tanto son una parte importante de nosotros mismos, con la que debemos aprender a convivir el resto de nuestras vidas de una manera adaptativa.

Lo ideal es reconocer y aceptar nuestras limitaciones sin que estas nos quiten el sueño, siempre tratando de mejorar nuestros puntos débiles, pero entendiendo que no somos menos que ninguna otra persona por no ser tan buenos en algo.

6. Equilibra virtudes y defectos

Este equilibrio se refiere a que en lugar de destinar todos tus recursos en tratar de mejorar tus defectos, también seas capaz de ponerte manos a la obra para seguir mejorando en las cosas que se te dan con facilidad. En otras palabras, enfócate más en tu potencialidad y no tanto en tus defectos.

Referencias bibliográficas:

  • Greenberg, J. (2008). "Understanding the vital human quest for self-esteem". Perspectives on Psychological Science. 3 (1): 48–55.