La noción del entrenamiento en habilidades sociales ha ido evolucionando con el tiempo. En sus inicios se asociaba a intervenciones en personas con algún trastorno mental severo, y aunque aún se utilice este método para dichos casos, tras la aparición de las teorías del aprendizaje social, se convirtió en un instrumento para mejorar las destrezas de las personas en sus relaciones interpersonales.

Al igual que cualquier otra habilidad, estas capacidades de comunicación pueden aprenderse, practicarse y, por lo tanto, mejorarse considerablemente; sin la necesidad de que la persona deba de padecer ningún tipo de trastorno para poder beneficiarse de ellas.

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Habilidades sociales: ¿por qué son importantes?

No existe una descripción única y concreta de lo que son las habilidades sociales, sin embargo este concepto puede ser explicado como el conjunto de comportamientos y actuaciones adquiridas de manera natural, susceptibles de ser aprendidas y ejercitadas, que se dan a cabo en contextos interpersonales; teniendo en consideración las normas sociales de este y con el objetivo de conseguir soporte social o autorrefuerzo.

La importancia de las habilidades sociales viene dada por su relación con un mejor ajuste psicosocial de la persona, evitando así el aislamiento, la falta de afecto y posibles trastornos afectivos asociados.

La utilidad de las habilidades sociales en la vida diaria de la persona se refleja en los siguientes aspectos:

Propiedades del entrenamiento en habilidades sociales

Como se señala en el punto anterior, las habilidades sociales son conductas aprendidas a lo largo de la vida de la persona, por lo que es posible entrenarlas mediante experiencias de aprendizaje apropiadas.

La base o rasgo particular de este entrenamiento consiste en la observación de un tercero que realiza la conducta objetivo de forma adecuada, para posteriormente repetir, corregir posibles errores e ir poco a poco perfeccionándose. Para ello, la persona que trata de aprender recibe un refuerzo, tanto positivo como negativo, por parte del profesional.

La dinámica consiste en repetir y practicar la conducta o comportamiento ambicionado en el mayor número de situaciones, de la forma más variada y más real posible.

Las características principales del entrenamiento en habilidades sociales son:

  • Incremento y desarrollo del catálogo de conductas que posee la persona
  • Participación y cooperación activa de las personas implicadas en el entrenamiento
  • Estrategias entendidas como un aprendizaje para la persona, no como una terapia.
  • Son ejercicios susceptibles de realizarse en grupo, lo cual favorece su eficacia.

El listado de ventajas propias y comunes a los diferentes tipos de entrenamiento, que les han convertido en una intervención de referencia son:

  • Brevedad de la duración de la intervención.
  • La sencillez de las técnicas
  • Plasticidad y flexibilidad para ajustarse a la persona y sus necesidades
  • Efectos positivos inmediatos
  • Organización estructurada, sistematizada y clara
  • Sistema de actuación y aprendizaje semejante al de la obtención de otras habilidades

Técnicas para el entrenamiento de las habilidades sociales

Desde la psicología se han elaborado una serie de técnicas dirigidas a mejorar las destrezas de la persona en cuanto a su relación con otros. Estas técnicas, explicadas a continuación, no deben ser interpretadas como pasos en serie que siguen un orden concreto, sino más bien como elementos independientes que nos permiten alargarlos, ampliarlos o repetirlos.

Estos elementos se concretan en seis técnicas diferentes. Son las siguientes.

1. Modelado

En esta primera técnica, una persona dotada de las habilidades que se pretende aprender realiza una serie de conductas de forma adecuada, para que el aprendiz o aprendices las imiten.

Los modelos pueden ejercer las conductas en directo, o bien a través de grabaciones. El principal requisito del modelo para que la técnica resulte efectiva, es que este sea lo más parecido posible al observador. Tanto por edad, género, grupo de referencia, etc.

Un punto importante a tener en cuenta es que el modelo no realice la conducta de forma excesivamente hábil o experta, puesto que puede desmotivar al observador. La persona que ejerce de ejemplo a seguir debe expresarse de forma afable y cercana al aprendiz. La disposición anímica del observador es compensada con refuerzos positivos.

Asimismo, la efectividad de la técnica aumenta cuando la situación expuesta sea reproducida con la mayor claridad y precisión posibles, y siempre de forma en la que se gradúe, de menor a mayor, la dificultad de esta.

Es necesario que el espectador comprenda que su obligación es imitar al modelo, centrando el interés en el comportamiento de este, analizandolo y entonces ejercitar y ensayar dicha conducta.

2. Ensayo conductual

El ensayo conductual es el momento en el que la persona debe llevar a cabo las actuaciones que previamente han sido mostradas por el modelo. Estas pruebas pueden ser:

  • Reales: se lleva a cabo la conducta en contextos reales o simulados.
  • Encubiertos: el comportamiento se lleva a cabo mediante la imaginación en el lugar de entrenamiento.

Estas dos formas de proceder no son excluyentes, la persona puede primero hacer la prueba de forma encubierta y, una vez practicado lo suficiente, pasa a la prueba real.

Por lo que respecta a la intervención de los participantes, el monitor puede ejercer de interlocutor con el objetivo de controlar la situación. En el caso de que se esté realizando una intervención en grupo, el resto de participantes pueden representar tareas o representaciones auxiliares.

3. Retroalimentación

Tras el ensayo conductual es esencial que se de un periodo de retroalimentación. Esta retroalimentación se fundamenta en el suministros de información a la persona sobre cómo ha ejecutado las conductas objetivo, siendo esta lo más específica y concreta posible.

Es un requisito indispensable el tanto el reforzar aquello que la persona haya realizado correctamente, cómo comunicar en qué cosas debe mejorar; orientando acerca de cómo puede mejorar.

Para una mayor integración de la información, es fundamental que esta retroalimentación sea inmediata o incluso simultánea a la actuación de la persona.

4. Reforzamiento

En estos casos, el refuerzo positivo consiste en ensalzar y alabar los aspectos positivos de la actuación del aprendiz, siendo ésta la mejor forma para que la conducta se repita en el futuro. Un punto importante a tener en cuenta es que dichos refuerzos deben ser valiosos y deseados por la persona.

Se pueden llevar a cabo dos tipos de refuerzos:

  • Refuerzo material, este refuerzo hace referencia a recompensas tangibles
  • Refuerzo social en forma de elogios y aprobaciones.

Una vez se han administrado los refuerzos de manera continuada, se pasa al refuerzo intermitente de la conducta. La meta de este tipo de refuerzo es fortalecer la conducta y mantenerla a largo plazo.

5. Generalización

El fin primordial de todo este entrenamiento no es que la persona realice la conducta solamente en el espacio de prueba, sino que esta sea capaz de llevar a cabo en situaciones de la vida real.

Teniendo en cuenta esto, la ejecución de la o las conductas debe extrapolarse a todos los contextos o circunstancias en las que dicho comportamiento sea de utilidad para la persona.