Sentir dolor en algún momento es algo que le ocurre a todo el mundo.

Nos damos un golpe, nos cortamos o simplemente hacemos un mal gesto y rápidamente nuestro sistema nervioso capta e informa de que hay un tejido lesionado y nos causa esa indeseable y molesta sensación aversiva que llamamos dolor. Indeseable pero adaptativa, ya que nos avisa de que algo mal y permite actuar para poner remedio.

Sin embargo, en ocasiones el dolor aparece sin que haya un problema real y deja de tener un sentido, como ocurre en las personas con dolor neuropático.

El dolor y su transmisión

La sensación de dolor es un mecanismo de nuestro organismo, principalmente somatosensorial, que detecta la presencia de una estimulación o situación que está dañando o tiene potencial para dañar nuestros tejidos. Y no solo nos afecta a nivel físico, sino también a nivel emocional y mental. La percepción del dolor permite poner en marcha una serie de actuaciones y comportamientos que harán que nos alejemos del estímulo nocivo o evitemos que éste nos dañe. Se trata pues de un mecanismo de origen innato aunque modificable mediante la experiencia y el hábito que permite nuestra supervivencia y evita nuestro deceso e incapacitación.

Así pues, aunque conozcamos al dolor primeramente a través de la experiencia subjetiva que produce, hay que tener en cuenta que este fenómeno no es algo que solo exista para nosotros, en nuestra imaginación. De hecho, por mucho que los primeros interesados en no sufrir dolor seamos nosotros, este proviene de un proceso material que puede ser investigado objetivamente a través de la observación y la medición. Gracias a esto conocemos ciertos aspectos objetivos y comprobables acerca del dolor en general y del dolor neuropático en particular; si no, no podríamos decir nada sobre ello.

Lo que sabemos sobre este proceso fisiológico y psicológico

A nivel neurológico, el dolor es experimentado ante la activación de una serie de receptores presentes en la gran mayoría de nuestro organismo, los nociceptores, que ante la rotura, pinzamiento o presión intensa se activan y envían señales al sistema nervioso.

Concretamente la señal es enviada a través de fibras y ganglios hasta el asta posterior de la médula espinal, con la que se comunican mediante el uso de glutamato y de la conocida como sustancia P. La médula provocará una respuesta inmediata en forma de reflejo mientras envía la señal de dolor al encéfalo (siendo la vía más conocida el haz espinotalámico). 

Sin embargo, no siempre que hay una lesión vamos a sentir dolor, habiendo un circuito de fibras nerviosas que puede inhibir la transmisión de señales. Este circuito es visible cuando el nivel de dolor disminuye cuando nos frotamos una zona golpeada o sus alrededores. Según se activen o no las vías excitatorias o inhibitorias del dolor, acabaremos por percibir una sensación dolorosa. Además una vez percibida la lesión el cerebro procede a enviar endorfinas que contrarrestan la percepción dolorosa, permitiendo que podemos ignorar el dolor y centrarnos luchar o escapar del estímulo.

Este sería el proceso que normalmente llevaría a la percepción de dolor, pero como hemos dicho hay personas que sienten dolor sin que exista ningún estímulo que debiera producirlo, las personas que padecen dolor neuropático. ¿Qué ocurre en estos casos?.

Dolor neuropático: ¿qué es y cómo se produce?

Se conoce como dolor neuropático al tipo de dolor que aparece en situaciones y contextos en que no existe una estimulación lo suficientemente intensa o lesiva como para que aparezcan percepciones de dolor. Estímulos que normalmente no provocan dolor lo producen. Así, pequeños roces e incluso algunos contactos generalmente agradables como una caricia o un beso pueden llegar a ser un verdadero suplicio para las personas con este tipo de problema, ya que sus sistemas nerviosos los perciben como algo extremadamente doloroso.

El tipo de dolor vivenciado puede variar enormemente según la causa del daño y el nivel de afectación y reactividad de las vías nerviosas. Es muy frecuente que aparezca en forma de dolor urente, es decir como si se sufriera una quemadura, o bien en forma de pinchazos o punzadas. En algunos casos también puede aparecer adormecimiento de la zona. Los dolores pueden ser mantenidos continuamente en el tiempo o bien ir apareciendo y desapareciendo.

El dolor neuropático supone graves dificultades para aquellos que lo sufren, manteniendo un nivel de malestar y frustración elevados. Muchas de las personas con este tipo de dolor pueden acabar sufriendo trastornos de ansiedad o depresiones graves, en algunos casos con ideación suicida. No es infrecuente que eviten en lo posible salir de su domicilio, el contacto físico con otras personas y limiten activamente su vida social, familiar y laboral, siendo una condición muy invalidante. También produce problemas de sueño, cosa que provoca que en muchos casos haya una gran fatiga y estrés.

El motivo de este trastorno es la presencia de un daño en el sistema somatosensorial, estando dañadas los haces nerviosos que transmiten la información somestésica al cerebro. Este daño puede estar localizado tanto a nivel de sistema nervioso central como del periférico. Como consecuencia de ello, las neuronas que transmiten dolor se vuelven hiperexcitables y reaccionan con una menor cantidad de estimulación, e incluso en ocasiones sin que haya una estimulación real.

Causas

El daño en las vías nerviosas que termina causando dolor neuropático puede provenir de una amplia cantidad de trastornos y condiciones, recibiendo el dolor neuropático diferentes nombres según su causa.

1. Enfermedades neurodegenerativas

Al producirse el dolor neuropático por un daño en las vías nerviosas resulta lógico pensar que trastornos en que haya una alteración o degeneración de los nervios puede aparecer este tipo de problema. Así, tanto en enfermedades como la esclerosis múltiple como en algunos procesos demenciales es posible que aparezca dolor vinculado a la degeneración de los nervios.

2. Diabetes mellitus

Las personas que padecen diabetes mellitus pueden con el paso del tiempo desarrollar alteraciones en las vías nerviosas, al debilitarse los nervios producto de alteraciones vasculares o de la falta o exceso de glucosa en sangre. En este caso estaríamos hablando de neuropatías diabéticas dolorosas. La más habitual es la neuropatía diabética periférica, en que se dan parestesias, sensaciones de quemazón o enfriamiento, pérdidas de sensibilidad y dolor en las extremidades.

3. Mala nutrición

La ausencia de nutrientes suficientes en el organismo puede provocar que las células nerviosas se alteren y debiliten, provocando a la larga que los nervios periféricos terminen reaccionando de forma anómala.

4. Infecciones víricas: Herpes y VIH

Algunas infecciones víricas pueden causar una alteración en las vías nerviosas que llegar a provocar dolor neuropático. Es común en el caso del virus del herpes zóster, en que suele aparecer dolor tanto en el torso como en la cara.

También en el caso del síndrome de inmunodeficiencia adquirida o SIDA, producido por el VIH, puede aparecer una degeneración del tejido nervioso que puede provocar que aparezcan dolores de este tipo.

5. Tumores

Algunos cánceres y tumores pueden dañar las vías nerviosas, tanto por efecto directo del tumor como por producir un posible pinzamiento de las fibras que conducen la información dolorosa.

6. Traumatismos, hemorragias y accidentes isquémicos

Sea debido a una asfixia parcial o completa de las neuronas o a su pinzamiento con otras partes del organismo, los accidentes cerebrovasculares y los traumatismos craneoencefálicos pueden ser en muchos casos origen de dolores neuropáticos.

Tratamientos

El tratamiento del dolor neuropático es complejo y exige un abordaje multidisciplinar. Se trata de un trastorno crónico, si bien es posible disminuir el dolor del paciente y mejorar en gran medida su calidad de vida. 

En ocasiones puede tratarse de una forma más o menos directa el motivo que causa el dolor y impedir que suceda un daño permanente del tejido nervioso, como en algunos casos de diabetes. Algunos de los tratamientos contemplados son los siguientes.

1. Antidepresivos

El uso de antidepresivos resulta frecuente para paliar tanto el nivel de dolor como los efectos psicológicos de éste. Sin embargo deben usarse con precaución, ya que se pretende disminuir el nivel de dolor y no sedar al paciente.

En el caso de los antidepresivos se ha comprobado que los que tienen un efecto que permite regular el nivel de dolor son los que afectan tanto a serotonina como la noradrenalina, con lo que los IRSN como la duloxatina suelen emplearse con cierto éxito. Parecen funcionar especialmente bien en algunos casos de dolor neuropático derivado de la diabetes.

2. Anticonvulsivos

Los medicamentos empleados para tratar la epilepsia también han manifestado ser de gran utilidad contra los dolores de tipo neuropático, tanto en casos derivados de esclerosis como de infecciones víricas, diabetes u otros. Por ejemplo, la carbamacepina es usada como tratamiento de elección para la neuralgia del trigémino, uno de los trastornos más dolorosos que afecta a los nervios de la cara.

3. Opioides y cannabinoides

Al igual que ocurre con el dolor producido por algunos tipos de cáncer, en el caso del dolor neuropático se han empleado sustancias como la morfina, la marihuana u otros derivados del opio y el cannabis para ayudar a reducir y gestionar el nivel de dolor.

4. Otras sustancias: Capsaicina

Además de las ya comentadas, se ha encontrado que otras sustancias como la capsaicina puede ayudar a combatir los dolores, sea por vía oral o aplicada a nivel cutáneo o subcutáneo.

5. Estimulación magnética transcraneal

La estimulación de los centros nerviosos y del sistema somático ha demostrado permitir reducir el nivel de dolor de los pacientes con este problema.

6. Cirugía

Si la causa del dolor es localizada y resulta viable su realización, puede aplicarse cirugía correctiva que ayude a la mejoría y subsanamiento del problema. Como último recurso podría realizarse la ablación del tejido nervioso dañado.

Además de ello, a nivel médico es posible realizar el bloqueo de la vía nerviosa dañada, sea por infiltración de fármacos o por radiofrecuencia.

7. Psicoterapia

El dolor neuropático produce a menudo que los pacientes presenten estrategias de afrontamiento desadaptativas para afrontar los sucesos del día a día, así como problemas de ansiedaddepresión. El tratamiento psicológico y la psicoterapia pueden contribuir en gran medida mediante programas y terapias que ayuden a afrontar y a aprender cómo gestionar el dolor, establecer rutinas y estrategias de actuación adecuadas y facilitar la expresión y comunicación de emociones y sensaciones que les produce su estado.

8. Fisioterapia

La rehabilitación y acondicionamiento físico del paciente puede ayudar a hacerse menos sensible al dolor y mejorar su calidad de vida, pudiendo reducir la intensidad y frecuencia de los dolores y mejorando su estado tanto a nivel físico como anímico.

Referencias bibliográficas:

  • Finnerup, N.N. et al. (2007). An evidence based algorithm for the treatment of neurophatic pain. Medscape Gen. Med; 9(2): 36
  • O’Connor, A.B. & Dworkin, R.H.(2009). Evidence-based treatment of chronic neuropathic pain using nonopioid pharmacotherapy. Continuum Lifelong Learning Neurol; 15(5): 70-83.
  • Pérez, I. y Ayuga, F. (s.f.) Dolor Neuropático. Servicio de Neurología del Hospital Virgen de la Salud de Toledo. SESCAM. Toledo.
  • Valverde, J.A. (2012). Recomendaciones de tratamiento farmacológico del dolor neuropático. Neuroeje, 25 (2).