El sistema nervioso es uno de los primeros componentes que empiezan a desarrollarse durante nuestro desarrollo, cuando aún somos fetos. A lo largo del primer mes de embarazo, de hecho, ya empieza a cerrarse el tubo neural que configurará nuestro cerebro y médula espinal.

Estos van a verse rodeados y protegidos por el cráneo y la columna vertebral. Sin embargo, en algunos casos se produce una malformación que impide que el tubo neural y la columna vertebral acaben de cerrarse, permaneciendo abierta en algún grado de manera que los haces nerviosos que contiene pueden sufrir diversos daños y lesiones. Estamos hablando de la espina bífida.

¿Qué es la espina bífida?

Entendemos por espina bífida un tipo de malformación producida durante el desarrollo fetal en el que parte del tubo neural no acaba de cerrarse por completo durante el primer mes de embarazo, de manera que la columna vertebral no protege totalmente los nervios que bajan a través suyo y la médula queda expuesta a lesiones y daños de severidad variable. En ocasiones esta abertura queda visible, si bien en otros casos está oculta por la piel.

La espina bífida puede no generar síntomas en algunos casos, pero dependiendo del tipo de malformación, su localización y la existencia de posibles daños en ella se pueden generar problemas severos peligrosos para el sujeto. Cuanto más cercana al cerebro sea la apertura, mayor gravedad de la sintomatología al estar dañados una mayor cantidad de nervios.

Algunos de los síntomas típicos de sujetos con espina bífida, concretamente debidos a la presencia de lesiones en la médula debido a esta malformación, pueden ser la presencia de alteraciones gastrointestinales,, falta de control de los esfínteres y la uretra, debilidad y falta de sensibilidad de los miembros inferiores o la zonas situadas por debajo de la lesión e incluso es posible que exista una parálisis total de dichas zonas.

Hay que tener en cuenta que en algunos casos la apertura del tubo neural está muy cercano al cráneo y que puede generar alteraciones como la hidrocefalia o la meningitis, con riesgo de mortalidad para el afectado. Pueden darse problemas de aprendizaje e incluso discapacidad intelectual en algunos casos.

Tipos de espina bífida

La espina bífida es un problema que se puede presentar de diferentes maneras, así que es posible establecer diferentes subtipos en función de sus características.

1. Espina bífida oculta

Se trata de la forma de presentación con menor repercusión para el sujeto, y es la forma de manifestación de espina bífida más común. 

En este caso una o más vértebras no se han formado correctamente y pueden tener aperturas, si bien el tejido nervioso permanece en su interior. La malformación se encuentra oculta por piel. El sujeto puede presentar hoyos o protuberancias en la espalda. No suele causar incapacidades graves, pero pueden existir deformidades, incontinencia, insensibilidad en alguna de las extremidades o debilidad.

2. Espina bífida quística o abierta

En este tipo de espina bífida parte de la médula o las meninges sobresalen fuera de las vértebras, teniendo un elevado nivel de peligrosidad para el sujeto que las padece al sobresalir el material nervioso y no estar protegido. Estas suelen formar un saco lleno de líquido cefalorraquídeo y del material sobresaliente que puede llegar a observarse externamente. 

Dentro de este tipo podemos encontrar dos subtipos.

Meningocele

En este caso nos encontramos con una malformación en la que las meninges propias de la médula sobresalen, pudiendo estar la lesión al descubierto o protegida por la piel. Sin embargo lo que sobresale es únicamente meninge y líquido cefalorraquídeo, estando los haces nerviosos aún dentro de la columna.

Mielomeningocele

Esta es la forma más grave de espina bífida. En ella la médula está expuesta y sobresale a través de la apertura de la columna. Dicho de otro modo, los haces de fibras nerviosas no cuentan con protección ósea, sino que que están expuestos en el exterior de la columna vertebral. Puede suponer graves parálisis que impiden la locomoción bípeda y la pérdida de sensibilidad y fuerza de las zonas inervadas.

Las posibles causas

La espina bífida es una condición congénita, aunque no hereditaria. Si bien los elementos y mecanismos que provocan que el tubo neural no termine de cerrarse son desconocidos, se trata de una alteración que se da durante el desarrollo fetal del individuo, y que suele asociarse a la presencia de niveles bajos de ácido fólico durante el embarazo. También se especula sobre la posibilidad de que haya algún tipo de influencia genética.

Existen otros elementos que pueden ser factores de riesgo, como el uso de ciertos psicofármacos durante el embarazo (por ejemplo el ácido valproico), la presencia de fiebres altas durante éste o la edad en la que se inicia el embarazo (adolescentes y personas muy mayores pueden tener mayor riesgo).

Tratamiento

La espina bífida es un trastorno que no tiene un tratamiento totalmente curativo, al menos en lo que respecta a los nervios dañados. Sin embargo sí que es posible realizar diversos tipos de cirugía que permitan recolocar la materia neuronal y protegerla.

En el caso de los sujetos con espina bífida oculta es posible que no sea necesario un tratamiento (de hecho en muchos casos no se detecta hasta edades avanzadas). Si bien pueden existir problemas de anclaje de la médula que durante el crecimiento pueden generar problemas. En este caso sí sería necesario realizar cirugía.

En los casos de espina bífida abierta o quística sí se hace necesario una intervención. En el caso del mielomeningocele es necesario cerrar el tubo y proteger los haces neuronales. En la actualidad es posible realizar la intervención incluso en la etapa fetal, de manera que se corrige el problema antes del parto de manera que se evitan más daños de los que ya existan, aunque se trata de tratamientos que pueden suponer cierto peligro tanto para el feto como para la madre.

Otros problemas de columna o óseos derivados de la espina bífida pueden requerir de tratamientos y cirugías más allá de las antes descritas. En los casos con hidrocefalia debe tratarse además el exceso de líquido cefalorraquídeo.

La prevención en el embarazo

Otra manera de evitar este problema es mediante la prevención. Se recomienda que durante el embarazo la futura madre incorpore a su alimentación ácido fólico, o bien tomen suplementos de éste. 

Es necesaria especial precaución con aquellas madres adolescentes o muy mayores, y en el caso de una persona epiléptica que tome ácido valproico que consulte con su médico o psiquiatra posibles efectos de este medicamento o la posibilidad de emplear otros anticonvulsivos como alternativa.