Un repaso a las características de este trastorno.

Los trastornos mentales son objeto de estudio de la psicología clínica. Uno de los más incapacitantes es la esquizofrenia, un trastorno crónico y grave cuya prevalencia a lo largo de la vida se sitúa entre el 0,7 y el 1,5%.

Dentro de este concepto se han planteado diversos subtipos. En este artículo hablaremos de uno de ellos, la esquizofrenia simple. Este diagnóstico ha causado cierta controversia en relación a si incluirlo a no como un diagnóstico independiente en los diferentes manuales de salud mental de referencia (DSM, CIE,...)

En la actualidad sólo existe como categoría diagnóstica en la CIE-10, como veremos más adelante. Esta controversia ha surgido a raíz del cuestionamiento de la validez descriptiva y la fiabilidad del concepto, además de por su uso infrecuente.

Síntomas de la esquizofrenia

Para conocer la esquizofrenia simple antes vamos a ver los tres tipos de síntomas más característicos en la esquizofrenia, que son los siguientes.

Positivos

Aparición o exacerbación de alguna función psicológica. Por ejemplo, alucinaciones, ideas delirantes, lenguaje desorganizado y comportamiento desorganizado.

Son los típicamente conocidos como comportamientos psicóticos. El paciente puede “perder el contacto” con la realidad.

Negativos

Ausencia o reducción de alguna función, por ejemplo aplanamiento afectivo, disminución de la fluidez y del pensamiento, apatía, abulia, reducción del habla, etc. Así, están asociados con la interrupción del comportamiento y de las emociones consideradas normales.

Es importante realizar un diagnóstico diferencial respecto a la depresión u otros problemas del estado de ánimo.

Cognitivos

Reducción o afectación de algunos procesos cognitivos como la atención, la memoria y las funciones ejecutivas (memoria de trabajo, velocidad de pensamiento,...).

Así, el paciente puede mostrar dificultades de atención y concentración, dificultad para comprender la información y tomar decisiones, etc. También puede aparecer falta de conciencia de la enfermedad (anosognosia).

¿Qué caracteriza a la esquizofrenia simple?

La esquizofrenia simple es una categoría clásica que permanece únicamente en la CIE-10 (Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS). La CIE-6 la incluyó por primera vez en 1948, así como el DSM-I en 1952.

El DSM-III eliminó este subtipo, y el DSM-IV-TR (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) la incluye dentro del apartado Criterios y ejes propuestos para estudios posteriores, con el nombre de trastorno deteriorante simple, considerándolo un trastorno que requiere de más estudios para su posible inclusión. En el DSM-5, sin embargo, no aparece.

Sus características consisten en un inicio insidioso y progresivo de un comportamiento extravagante, de una disminución en el rendimiento general y una incapacidad para satisfacer las demandas sociales. No existe evidencia, en ningún momento, de la presencia de alucinaciones o delirios.

Es decir, los síntomas son únicamente negativos, sin que aparezca en ningún momento un episodio psicóticos, que es el elemento que marcaría la diferencia con el tipo residual (en los que ha habido un episodio psicótico, pero en el momento del diagnóstico no existen síntomas positivos, sino manifestaciones continuas en forma de síntomas negativos).

Los síntomas implican alteraciones en las relaciones personales, así como un empeoramiento significativo de la actividad laboral o académica. Pueden aparecer asociados episodios fugaces de delirio autorreferencial, humor depresivo y aislamiento social.

Es necesario que los síntomas estén presentes durante un período de al menos 1 año de duración. Su pronóstico es muy malo; de hecho es el subtipo de esquizofrenia con el peor pronóstico, junto a la esquizofrenia hebefrénica o desorganizada.

Origen del término: Eugen Bleuler

La esquizofrenia simple fue planteada por Eugen Bleuler. Este autor planteó cinco formas clínicas de esquizofrenia. Tres de ellas coincidieron con los subtipos de Kraepelin: paranoide, catatónico y hebefrénico. La última se trataba de una esquizofrenia “latente”, compensada o paucisintomática.

Bleuler introdujo el término “esquizofrenia” (mente escindida) y caracterizó el cuadro a partir de su rasgo psicopatológico más importante, que era la escisión del yo. Así, a diferencia de Kraepelin, se centraba en la psicopatología nuclear, y no tanto en la sintomatología y evolución.

Este autor distinguió los síntomas esenciales (fundamentales y comunes a todos los trastornos esquizofrénicos) de los síntomas accesorios (más llamativos pero menos importantes).

Diagnóstico diferencial con la esquizofrenia residual

El diagnóstico diferencial se realizará con otros subtipos de esquizofrenia, así como con otros trastornos afectivos, de personalidad, trastornos mentales orgánicos, etc. Sin embargo, vamos a centrarnos en la esquizofrenia residual, ya que puede hacernos dudar del diagnóstico, por su similitud.

Como ya hemos visto anteriormente, la esquizofrenia residual se caracteriza por síntomas negativos y síntomas positivos atenuados. Pueden haber aparecido síntomas positivos importantes en el pasado, pero en el momento de la exploración el paciente sólo presenta síntomas negativos. En la esquizofrenia simple, en cambio, nunca han existido síntomas positivos.

Tratamiento

El tratamiento de la esquizofrenia simple consiste en un abordaje interdisciplinar entre médicos y psicólogos clínicos. Normalmente, se fundamenta en la psicoterapia y el uso de psicofármacos como apoyo.

Referencias bibliográficas:

  • Jiménez, M., Ramos, F., Sanchís, M. Las esquizofrenias: Aspectos clínicos. En Belloch, A., Sandín, B., Ramos, F. (1996). Manual de psicopatologóa. McGraw-Hill, Madrid.
  • Novella, E. y Huertas, R. (2010). El Síndrome de Kraepelin-Bleuler-Schneider y la Conciencia Moderna: una aproximación a la historia de la esquizofrenia. Clínica y Salud, 21(3), 205-219.
  • National Institute of Mental Health (2015). La esquizofrenia.