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Los terrores nocturnos, junto con el sonambulismo, están entre los trastornos del sueño más impactantes. Muy probablemente, además, conozcamos casos destacados de pavor nocturno o incluso hayamos sido protagonistas de uno de estos episodios en algún momento de nuestra vida. Son experiencias que no se olvidan fácilmente: se viven como momentos de mucha perturbación y confusión, y a quien los sufra le pueden parecer eternos (si bien en realidad duran unos pocos minutos). 

Estamos hablando de un estado de parálisis en una situación en la que la consciencia y la inconsciencia se confunden y todo lo que percibimos está empañado por el miedo: los episodios de terror nocturno lo tienen todo para resultar aterradores. Sin embargo, más allá del la carga emocional que acarrea el terror nocturno cada vez que se experimenta, es difícil saber mucho más acerca de este fenómeno. ¿Por qué se produce? ¿Cuál es el origen de estos terrores? ¿Hay alguna causa orgánica o psicológica? ¿Qué dice la ciencia ante esto?

Terrores nocturnos y trastornos del sueño

Hablar de terrores nocturnos es hablar de trastornos del sueño, grupo en el cual se incluyen los primeros. Dentro de la clasificación de los trastorno del sueño se encuentra el grupo de las parasomnias, el cual se divide en tres grupos:

  • Parasomnias del despertar
  • Paransomnias asociadas al sueño REM
  • Otras parasomnias

Los terrores nocturnos se encuentran en el primer grupo. A diferencia del sonambulismo (que también es una alteración del despertar), los terrores nocturnos suelen estar caracterizados por un miedo y terror extremo asociado a la parálisis de la persona que lo sufre, manteniéndola en un importante estado de tensión. Suelen presentarse entre las 2 o 3 primeras horas después que la persona empiece a dormir. 

¿Cuál es la diferencia entre los terrores nocturnos y las pesadillas?

La principal diferencia con las pesadillas es que estas últimas se producen enteramente dentro de la fase REM de sueño y producen un despertar completo. El terror nocturno, sin embargo, es un despertar a medias: somos conscientes de ciertas cosas del mundo de la vigilia, pero no terminamos de ser capaces de independizarnos del sueño y, muy probablemente, cuando termine el episodio seguiremos durmiendo hasta el punto de olvidar lo sucedido.

Velayos (2009) explica que los terrores nocturnos son episodios de lloros y gritos que aparecen de forma repentina durante las frases del sueño profundo, en plena noche. Además, también se expresan en la cara mediante una expresión facial de fuerte terror. Al igual que en el sonambulismo, este trastorno suele presentarse en la niñez, entre la edad de 4 a 7 años, y son menos comunes después de esta edad. En la etapa adulta pueden aparecer en cualquier momento, y a veces es posible que se repitan varios episodios durante una misma noche. Sáez Pérez afirma que durante un episodio de terror nocturno en la niñez se suelen presentar síntomas como abundante sudoración. ritmo cardíaco elevado, confusión y llantos. Esta sintomatología no varía ni en la adolescencia ni la etapa adulta.

Causas de los terrores nocturnos

Poco se sabe acerca de los aspectos neurológicos y fisiológicos de lo que produce los terrores nocturnos. Sin embargo, algunos especialistas de la salud mental creen que existen algunos factores que pueden desencadenar este trastorno, entre los cuales destacan:

Diagnóstico

Para obtener un diagnóstico es recomendable acudir a un profesional de la salud mental para que pueda evaluar el problema a fondo. Cabe señalar que existen otros trastorno con sintomatología muy parecida a la de los de terrores nocturnos y que solo el profesional calificado será capaz de diferenciarlos y dar un diagnostico final. Entre los trastornos con síntomas similares están:

Tratamiento para los terrores nocturnos

La ciencia avanza, pero en lo que se refiere a los orígenes de los trastornos del sueño no se ha podido ofrecer explicaciones acerca de su lógica y funcionamiento. Es un enigma todavía por estudiar, y el terror nocturno no es una excepción a esta norma. A día de hoy no existe un tratamiento específico para los terrores nocturnos. Al igual que con el sonambulismo, ciertos profesionales recomiendan técnicas alternativas como meditación, hipnosis, yoga, etc. Siempre y cuando sirvan de complemento a una intervención psicológica o psiquiátrica.