Aqueos: ¿quiénes fueron y qué sabemos sobre esta cultura de la Antigüedad?

Esto es lo que se sabe acerca de esta misteriosa tribu vinculada a la Antigua Grecia.

Nahum Montagud Rubio

Nahum Montagud Rubio

Aqueos

En muchas fuentes de la Antigua Grecia y algunas de Egipto, Anatolia y territorios cercanos aparece un pueblo que se les conoce como los aqueos que se les atribuye haber participado en la famosa guerra contra Troya, la misma donde se usó un caballo de madera para derrocarla.

Sin embargo, pese a que se habla mucho de ellos tanto en la Ilíada y la Odisea no queda claro quienes eran y exactamente dónde se podía decir que vivieron.

¿Quiénes eran los aqueos? ¿Eran un linaje de griegos? ¿un grupo étnico balcánico? ¿una etnia del Peloponeso? ¿micénicos? Todas estas son preguntas que muchos historiadores se han hecho en base a la arqueología, diversas fuentes y testimonios de la Grecia Clásica, preguntas que surgen al tratar de conocer a este pueblo.

¿Quiénes fueron los aqueos?

Los aqueos (del latín “Achaei” y este a su vez del griego “Ἀχαιοί”, “Akhaioí”) es el nombre que reciben diferentes pueblos de la Antigüedad Clásica. Es uno de los nombres colectivos utilizados para referirse al conjunto de los griegos en la Odisea y en la Ilíada de Homero, junto con otros dos términos para referirse a los habitantes de la mayor parte de lo que hoy en día es Grecia: dánaos y argivos. Además de en estas fuentes griegas, los aqueos aparecen en la Biblia aunque referidos con el nombre de acaicos.

Pero a parte de en la literatura, los aqueos existieron o, al menos, fue el nombre que se usó para referirse a los habitantes de Acaya, una región que se encuentra al norte del Peloponeso. Las ciudades-estado de esta región formaron una confederación llamada la Liga Aquea, una alianza que fue realmente influyente entre los siglos III y II a. C.

En origen los aqueos era un pueblo indoeuropeo que habitó el sur de los Balcanes a partir del 2000 a. C. y que, posteriormente, daría lugar a la civilización micénica, aunque en la historiografía académica se prefiere referirse a ellos como “micénicos” propiamente dichos. Se cree que este pueblo de la Edad de Bronce partió de los Balcanes hasta Grecia en torno el 1800 a.C., siendo de los primeros pobladores indoeuropeos en llegar a esta península.

Allí se constituirían distintos reinos, siendo destacables los de Micenas y Tirinto. Más tarde, cerca del 1400 a.C., estos aqueos conquistaron “pacíficamente” la isla de Creta e introdujeron algunas innovaciones, fundamentales para la posterior civilización griega: el carro de combate, los caballos, las armas forjadas en bronce y una mayor suntuosidad y protocolo en las ceremonias funerarias de los nobles.

Los aqueos del Peloponeso tenían una organización social que giraba en torno a la familia a través del parentesco y se gobernaban con un sistema político dirigido por un príncipe guerrero. Entre sus divinidades más importantes se encuentran la diosa Potnia y el dios Poseidón, rey de los mares.

Mito de la aparición de los aqueos en Acaya

En la mitología griega las divisiones culturales percibidas entre los griegos clásicos se representaban como líneas legendarias de descendientes que se identificaban en grupos de parentesco, viniendo cada línea derivada de un ancestro que daba nombre a esa línea. Cada “etnia” griega se nombraba en honor a uno de sus antepasados heroicos:

  • Aqueos la de Aqueo.
  • Dánaos la de Dánao.
  • Cadmeos la de Cadmo.
  • Eolios la de Eolo.
  • Jonios la de Ion.
  • Dorios la de Doro.
  • Helenos la de Helén.

El mito cuenta que Cadmo de Fenicia, Dánao de Egipto y Pelops de Anatolia se hicieron un hueco en la Grecia continental, siendo asimilados y transformados en griegos. Helén, Graikos, Magnis y Macedonia eran hijos de Deucalión y Pirra, que fueron los únicos supervivientes del gran diluvio. La etnia llevaba en origen el nombre del hijo mayor, los graikoi de Graikos (la palabra “griego” viene de aquí) pero más tarde fue rebautizada por otro de sus hijos, Helén, quien había demostrado ser el más fuerte.

Los hijos de Helén y la ninfa Orséis fueron Doro, Juto y Eolo. Los hijos de Juto y Creúsa, hija de Erecteo, fueron Ion y Aqueo quien este era el creador de la raza de los aqueos. Cuando el tío de Aqueo, Eolo en Tesalia, murió, Aqueo se hizo señor de Ftiótide, que pasó a llamarse Acaya.

Los aqueos y los micénicos

Algunos expertos han identificado a los aqueos como los micénicos, una cultura relacionada con los griegos y que de hecho se tiene pruebas de que hablaban un dialecto muy antiguo de la lengua griega. Otros opinan que los aqueos no entraron en Grecia antes de que ocurrieran las invasiones dorias del siglo XII a.C.

Según lo descrito por Homero, los aqueos eran un pueblo que procedía de las islas continentales y occidentales de Grecia como la isla de Creta, la de Rodas y otras islas cercanas, exceptuando las islas Cícladas. Resulta curioso que estas islas coincidan precisamente con aquellas donde se desarrolló la cultura micénica entre los siglos XIV y XIII a.C. de acuerdo con la opinión actual de la arqueología moderna.

Otro de los motivos por los que se opina que micénicos y aqueos debieron ser lo mismo es el hecho de que estos tuvieran como capital administrativa de sus territorios de influencia precisamente la ciudad de Micenas, que así la consideraban los pueblos colonizados como los cretenses. La influencia de los micénicos se extendió por Asia Menor, la Península Ibérica y el Antiguo Egipto.

Características culturales de los aqueos-micénicos

Tomando la idea de que los aqueos fueron micénicos, las principales ciudades de este pueblo fueron Micenas, su capital administrativa, Tirinto, Pilos, Atenas, Tebas, Yolcos y Orcómeno, además de poseer asentamientos en Macedonia, Epiro y algunas islas egeas. En base a la historia y parte del mito, la hazaña más renombrada por los aqueos sería su asedio de 10 años de Troya, ciudad que ostentaba gran poder militar y económico y que suponía una seria amenaza para Micenas.

Los aqueos se organizaban en tres clases sociales, no muy distintas a las del resto de culturas de Grecia. El estamento más privilegiado era el de los altos cargos administrativos en palacio quienes ejercían el poder político-militar; debajo de ellos se encontraban los ciudadanos, los únicos a los que se les exigía el pago de impuestos pero que tenían algunos derechos; y el de los esclavos, que eran usados exclusivamente en palacios y edificios religiosos.

Los aqueos-micénicos enterraban a sus nobles con todo tipo de tesoros y los sentaban en unos curiosos sepulcros de forma hexagonal, distribuidos a modo de panal. El enterramiento de la clase guerrera era más humilde, llevándose simplemente las armas y armaduras que habían usado en vida. No obstante, quienes habían sido héroes de guerra eran incinerados y sus cenizas eran puestas en urnas que se decoraban con brillantes y hermosas máscaras de oro.

Debido a que la época de esplendor de la cultura micénica y la de la minoica coincidió en el mismo siglo los historiadores creen que ambos grupos étnicos se enfrascaron en algún conflicto que daría lugar a la posterior desaparición de los aqueos, aunque esto es también tema de debate. De lo que sí se sabe es que tras la caída de Micenas a causa de la acción de los dorios los supervivientes se dispersaron por varias islas griegas y también llegaron a la península de Anatolia, actual Turquía.

¿De dónde surge su nombre?

Hoy en día los griegos se refieren a sí mismos como “helenos” y, de hecho, el nombre oficial de su país, la Grecia moderna, es el de la República Helénica. Los helenos modernos comparten rasgos e identidad comunes que los definen como una nación bastante homogénea, teniendo la mayoría de ellos como lengua materna el griego además de una rica gastronomía, costumbres y tradiciones, compartidas por sus antepasados y que han sobrevivido a la influencia turca a la que durante tantos siglos estuvieron sometidos.

Sin embargo, esta idea de una sola nación no ha existido desde siempre. En la antigüedad clásica la cultura griega estaba dividida en un conjunto de ciudades-estado y sus habitantes, aunque conscientes de ser parecidos, no tenían una idea de nación o grupo étnico unido tal y como lo entendemos hoy. Así pues, para referirse a ellos mismos usaban distintas denominaciones como jonios, dorios, eolios y, también, aqueos, designando con estas palabras a los habitantes de los distintos territorios de la civilización griega clásica.

No obstante, la idea de que “aqueos” fuera usado como sinónimo de los griegos de la época es controvertida. Hay testimonios que indicarían que más que otra denominación usada para llamar al conjunto de los griegos como lo hacía Homero debía ser una cultura propia, un pueblo que dio la casualidad que vivía en tierras de la actual Grecia y que compartía rasgos griegos pero no eran exactamente eso. De hecho, existen documentos de otras civilizaciones que dan cierta fuerza a esta hipótesis.

Los hititas

Los hititas fueron un pueblo que se asentó mayormente en la península de Anatolia, en un país que ellos llamaron Hatti. En algunos de sus textos se menciona que al oeste se encontraba una nación llamada Ahhiyawa. Una carta es el primer documento en el que se menciona a este país, en la cual se resume las violaciones del tratado del vasallo hitita Madduwatta que también se le llama Ahhiya.

Otro documento importante es el de la carta de Tawagalawa, escrita por un rey que la historiografía no ha conseguido averiguar quien era pero debió vivir entre los siglos XIV y XIII a. C. La carta iba dirigida al rey de Ahhiyawa, tratándolo como un igual y sugiriendo que Mileto, llamada en hitita Milawata, estaba bajo su control. También se refiere a un episodio de Wilusa anterior, que implicaba hostilidades por parte de Ahhiyawa.

Esta Ahhiya ha sido identificada con los aqueos de la Guerra de Troya y Wilusa sería el nombre con el que se referían los hititas a la ciudad de Troya. De hecho, hay cierta similitud entre los nombres de la acrópolis de Troya, Wilion (Ϝιλιον), posterior Ilion (Ίλιον) y el nombre de Wilusa en hitita.

Igualmente, esto sigue siendo un debate abierto puesto que, más allá de las similitudes fonéticas entre el término Ahhiyawa hitita y Akhaioi griego (pronunciado /ajéi/), no se tienen todavía pruebas del todo concluyentes, incluso tras haberse descubierto que el micénico Lineal B era en realidad una antigua forma del griego y, por lo tanto, los micénicos hablaban este idioma, pudiéndose clasificar como griegos lingüísticamente hablando.

Los egipcios

Otra civilización que aparentemente estableció contacto con estos acadios fue la egipcia. Durante el quinto año del reinado del faraón Merenptah se menciona en varias fuentes la existencia de una confederación de pueblos de Libia y del norte que habrían atacado el Delta occidental. Entre los nombres étnicos de los invasores está el de “Ekwesh” que, según algunos historiadores, habrían sido ni más ni menos que los propios aqueos.

De hecho, Homero menciona un ataque de los aqueos en el Delta egipcio. Heródoto, otro gran pensador clásico, afirma en su primer libro que Helena había sido llevada a Egipto durante la Guerra de Troya y que, después, los griegos fueron a la nación africana para recuperarla.

La Liga Aquea

No podemos acabar de hablar de los aqueos sin mencionar una de las alianzas políticas más importantes de la Grecia Clásica. La Liga Aquea ( en griego “τὸ Ἀχαϊκόν”, “tò Achaïkón”) fue una confederación de ciudades de la región de Acaya. En su apogeo la Liga llegó a controlar toda la península del Peloponeso, exceptuando el sur de la región de Laconia. Esta alianza sociopolítica llegaría a su fin con el dominio romano sobre las tierras griegas, conduciendo a su disolución en el año 146 a.C. tras la Guerra Aquea.

La existencia de esta liga es bastante dilatada. Existió una primera en el siglo V a.C., fruto de la unión de cuatro ciudades y apenas intervino en conflictos armados durante este siglo. Más tarde, en tiempos de Heródoto (484-425 a.C.), la liga ya era un poco más extensa consta de doce ciudades-estado: Egira, Egas, Hélice, Ripes, Bura, Egio, Pelene, Patras, Faras, Dime, Óleno y Tritera. Ripes y Egas desaparecieron prácticamente de inmediato, siendo sustituidas por Cerinea y Leontio. No se sabe cuáles eran las relaciones entre estas ciudades y seguramente era una liga religiosa más que política.

En principio la Liga Aquea tenía como sede la ciudad de Hélice y como dios tutelar (como un santo-patrón) a Poseidón. No obstante, cuando esta ciudad fue destruida por un maremoto en 373 a.C. la sede fue trasladada a Egio y se perdió la devoción hacia el dios de los mares, siendo sustituido por Zeus y Deméter como nuevos dioses tutelares.

En el 338 a.C. durante la batalla de Queronea la liga luchó al lado de Atenas y Tebas, pero fue vencida por los macedonios. Tras ello quedó muy debilitada, tanto que no pudo aprovechar ni siquiera el ventajoso acontecimiento que fue la muerte de Alejandro Magno y el inicio de la guerra lamiaca. De hecho, era tan débil ya que no pudo resistir mucho más y acabó disolviéndose. Demtrio Poliorcetes y Casandro de Macedonia impusieron guarniciones a las ciudades y las ciudades acabaron siendo políticamente separadas.

Resumen

Los aqueos despiertan bastante misterio en la historiografía porque no se sabe muy bien qué fueron. Como hemos podido ver, unos consideran que era una de las tantas denominaciones que se usaban para referirse al conjunto de los griegos, mientras que otros le atribuyen una existencia puramente literaria y otros creen que aqueos y micénicos eran términos sinónimos y otros solo ven como algo “aqueo” el nombre que recibió la liga político-religiosa constituida al norte del Peloponeso

Sea como sea, su nombre pasó a la historia y mucho se ha escrito sobre su posible origen, sus rasgos culturales, en qué creían, en qué grandes eventos históricos participaron y si de verdad eran o no lo mismo que los micénicos. El debate sigue abierto y eso aviva todavía más las llamas de la curiosidad y el deseo de saber más sobre los aqueos verdaderos.

Referencias bibliográficas:

  • Hernández, Gonzalo Fernández. La historia de Grecia desde sus orígenes a las invasiones dorias., p.38, en Boletín Millares Carlo 27 (2008): 35-52.
  • Joachim Latacz (2003), Troya y Homero: hacia la resolución de un enigma, p.181. Barcelona: Ediciones destino. ISBN 84-233-3487-2.
  • Huxley, G. L. Achaeans and Greeks (1960); Güterbock, Hans G. "The Hittites and the Aegean World: Part 1. The Ahhiyawa Problem Reconsidered" American Journal of Archaeology 87.2 (abril 1983), pp. 133-138; y Machteld J. Mellink, "Part 2. Archaeological Comments on Ahhiyawa-Achaians in Western Anatolia", pp. 138-141.

Graduado en Psicología con mención en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Postgrado de Actualización de Psicopatología Clínica en la UB.

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