El humor en la Edad Media: cómo era y cuáles eran sus características

Veamos las características del humor en la Edad Media y cómo era expresado en la cultura.

El humor en la Edad Media

¿Cómo era el humor en la Edad Media? El humor y la risa son fenómenos exclusivamente humanos y forman parte de todas las épocas y culturas. ¿De qué se reía la gente en época medieval? ¿Es cierto que la risa y el divertimento estaban mal considerados?

Características el humor en la Edad Media

La imagen oscura que tenemos de la Edad Media nos hace pensar, seguramente, que en época medieval el humor apenas existía. Sin embargo, este es uno de los muchos, muchísimos tópicos que pueblan el imaginario colectivo acerca de este periodo histórico, que ni fue tan oscuro ni tan triste como nos lo han pintado a lo largo de los siglos.

Veamos, pues, cómo era el humor en la Edad Media y qué concepción tenía la gente acerca de él.

Los monasterios y la “risa de los monjes”

En la Edad Media, la risa no está muy bien vista. En general, el humor y la risa son vistos por los padres de la Iglesia como una caída. De hecho, la risa es, junto a la pereza, uno de los grandes enemigos del cristiano, especialmente del monje. La explicación es muy sencilla: el valor monástico más apreciado es el silencio; el silencio es recogimiento, prudencia, fe, reflexión. Por tanto, los estallidos de risa representan una gravísima violación, y transforman el silencio en una orgía de ruidos.

Pero cuidado, porque, como siempre, y en especial en la Edad Media (esa época tan llena de contradicciones), las cosas no son blanco o negro. Si bien es cierto que el humor no tenía lugar entre las paredes monásticas, no por ello los religiosos dejaban de reír: famosas son la joca monacorum, o “risa de los monjes”, una serie de bromas de las que hacían gala los religiosos y que, en última instancia, servían para liberarse de la represión.

No solo eso; durante los primeros siglos medievales se distinguía claramente entre la risa exaltada y ruidosa (la que rompe el silencio) y la risa tranquila y contenida. Era esta la única risa que estaba permitida a los monjes; aunque, definitivamente, podemos pensar que, en la intimidad de sus celdas o en los corrillos del claustro, cada uno hacía lo que quería (o podía). Al fin y al cabo, los monjes también eran seres humanos.

La paulatina revalorización del humor y la risa en época medieval

A medida que la Edad Media avanzaba y se iba configurando un orden nuevo (el renacimiento de las ciudades, la consolidación de la burguesía, el auge del comercio), mejora la opinión que los eruditos tienen del humor y la risa. Así, el teólogo Hugues de Saint Victor, ya en siglo XII, distingue entre el gozo (gaudium, en latín) y la risa (el risus latino). Según este pensador, si bien el primero puede ser bueno o malo, dependiendo de las intenciones, la risa es siempre mala y, por tanto, debe ser condenada. Como vemos, sigue prevaleciendo la idea de la maldad de la risa, pero, al menos, se reconoce el gozo o la exaltación interior como algo positivo.

Por su parte, Pedro el Venerable, abad de Cluny, va más allá y sostiene que los monjes tienen derecho a momentos de relajación, en los que se cuenta el humor. Y ya en el siglo XIII, Santo Tomás de Aquino hace distinción entre la buena disposición al gozo, que considera virtud, del exceso de humor.

Así, vemos que, en la Edad Media, la intelectualidad no estaba en contra del humor y de la risa, sino del exceso de estos, que alejaban al cristiano de la virtud.

Y Cristo, ¿rió alguna vez?

Uno de los debates más acalorados que se sostuvieron en la Edad Media (y que se alargó durante siglos) fue el siguiente: ¿había reído Cristo alguna vez durante su paso por la tierra?

Ahora puede parecernos una cuestión absurda, pero para la mentalidad medieval era de suma importancia. Porque si Cristo, que disfrutaba de naturaleza divina y humana al mismo tiempo (y que, por tanto, poseía todas las capacidades del ser humano), no había reído nunca, ello quería decir que la risa era completamente ajena al comportamiento cristiano. Y también quería decir, por supuesto, que al buen cristiano no le hacía ninguna falta reír.

Pierre le Chantre, teólogo parisino del siglo XII, afirma que Cristo, al encarnarse y hacerse hombre, debía haber tenido por fuerza la facultad de reír, la famosa risibilitas. La cuestión, según este autor, no era pues si Cristo podía o no reír, sino si decidió hacerlo. Y como, en todo caso, en los Evangelios nunca se menciona que Cristo riera, la discusión estaba servida.

El humor medieval culto que desafía la norma

Hasta aquí, hemos dado una imagen de la Edad Media como una época poco propensa al humor y a la risa. Pero recordemos que esto era la teoría, lo que pregonaban teólogos e intelectuales. En la práctica, encontramos una realidad muy diferente, e incluso muchos intelectuales se sumaban al carro de la irreverencia.

Las parodias sacras

Sí, existían mofas a la religión. Sí, en la Edad Media. Las parodias o sátiras son relativamente abundantes en el Medievo, y un buen ejemplo de ellas es la Coena Cipriani, o sea, la “Cena de Cipriano”, escrita por Rábano Mauro en el siglo IX, en plena época carolingia.

¿Qué nos cuenta la Cena de Cipriano? El texto es una parodia de multitud de personajes de la Biblia. Un rey de Oriente ofrece un banquete nupcial, al que son invitados personajes bíblicos tan dispares como Eva, Abel, Abraham, Moisés, la Virgen la María o, incluso, ¡el mismísimo Jesucristo! La obra, de tono humorístico e irreverente, narra cómo se desarrolla la cena, en medio de la cual se descubre un robo. El rey prende al ladrón (Acar, hijo de Carmi), y lo manda ejecutar.

La sátira medieval

Un buen y conocido ejemplo de sátira medieval son los Carmina Burana, maravillosos cantos satíricos encontrados en el monasterio de Benediktbeuern, Alemania.

Carmina burana

El lugar, conocido como Bura en latín medieval, es el que da nombre a los cantos: Carmina Burana, “Cantos de Bura”. Estos poemas contienen una sátira feroz a los estamentos poderosos, incluido el clero; son los cantos de los goliardos, los irrespetuosos estudiantes universitarios de la época medieval, que recorrían tabernas y burdeles con sus bromas y picarescas. Este tipo de cantos eran muy comunes en la Edad Media; de nuevo, vemos que el tópico de la Edad Media triste y oscura es eso, solo un tópico.

La parodia caballeresca

Ya en la Edad Media, crisol de ese mundo de caballeros y damas que tanta literatura nos ha dejado, aparecen las primeras parodias a los libros de caballería. No, no fue El Quijote el primer libro crítico con este tipo de relatos. En la época medieval circularon parodias que se mofaban del ideal de caballero y todo lo que esto implicaba, aunque, eso sí, su crítica no es tan manifiesta como la de la obra magna de Cervantes.

Recordemos que, en la literatura “seria” profana, las novelas de caballería estaban de moda. Los jóvenes las devoraban, y soñaban con parecerse algún día a Perceval o Lancelot. Pues bien, obras como La mula sin brida y Aucassin y Nicolette, a pesar de conservar el esquema típico del Amor Cortés, tan en boga en la época, no dudan en usar un tono cómico e irreverente, lo que nos demuestra que la Edad Media era perfectamente capaz de reírse de sí misma y de sus valores.

El humor del pueblo en la Edad Media

Estas son las características del humor en la Edad Media entre los integrantes del pueblo llano.

Las bromas grotescas y las blasfemias

Según Mijaíl Bajtín, la cultura popular medieval es cómica y grotesca. Efectivamente; en el estrato bajo de la sociedad de la Edad Media abundan los chistes soeces, las bromas groseras e incluso las blasfemias. Es lo que este mismo autor llama “realismo grosero”, un tipo de humor que conecta con la parte más baja del ser humano, entendida como el vientre, el ano, los genitales. Así, las bromas del pueblo están relacionadas con este mundo terrenal que, por supuesto, tan poca gracia le hace la Iglesia y a los intelectuales.

Mueca en dibujo medieval

En la práctica, y a pesar de la religiosidad imperante, no era raro ver a estudiantes y artesanos lanzar blasfemias en las tabernas y en los mercados, blasfemias que la gente recibía con un coro de carcajadas sonoras. Obviamente, las bromas relacionadas con el sexo, la comida y las necesidades básicas del cuerpo (como el orinar y el defecar) estaban a la orden del día. De esta forma, el pueblo medieval se mantenía al margen del corsé que aprisionaba a “los de arriba”, y seguía su propia pulsión de amor y de vida.

La Fiesta de los Locos

Esta peculiar celebración se celebraba cada primero de enero, coincidiendo con la conmemoración de la circuncisión de Jesús, y era un auténtico trastocamiento del orden social. Durante la Fiesta de los Locos, se coronaba al necio, se aplaudía al cobarde y se denigraba al intelectual y al sacerdote. Porque sí, en este tipo de celebraciones medievales, el clero no salía tampoco bien parado. Se sabe que se realizaban parodias de misas y actos religiosos, donde la carcajada era general.

Al igual que el Carnaval, la Fiesta de los Locos bebe de las antiguas Saturnales romanas, donde los esclavos tomaban protagonismo y los amos les servían. Todas estas expresiones tienen en común un trastocamiento del orden, de la sociedad, la llegada de un caos alegre y festivo que liberaba a la gente de sus obligaciones y sus represiones diarias.

Esto, evidentemente, arroja una imagen diferente de la “triste y oscura Edad Media”. La Fiesta de los Locos, a pesar de no gustar a todos los ámbitos de la Iglesia, contó con una permisividad pasmosa durante siglos, hasta su definitiva supresión… en el siglo XVI, con la reforma de Trento. O sea, cuando ya habíamos entrado de pleno en la Época Moderna.

El Carnaval

Esta es una de las fiestas medievales más conocidas; en parte, porque pervive hasta nuestros días, si bien ha cambiado por completo su significado. Porque lo que ahora son, simplemente, disfraces y desfiles, en la Edad Media era un auténtico torbellino de irreverencia.

La base del Carnaval es el humor, la risa. El Carnaval es, como la Fiesta de los Locos, una supresión temporal del orden oficial, un momento para la liberación y la alegría. Una de las etimologías más probables de Carnaval es carnem levare, o sea, privarse de la carne, una clara referencia a la Cuaresma. Por tanto, el Carnaval, en el fondo, es una mofa de esa imposición religiosa.

Esperemos que este artículo os sirva para ver que la Edad Media no era una época tan triste como se ha dicho, y que el humor estaba muy presente; especialmente, entre las clases populares.

  • Bajtín, M. (1987). La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento, ed. Alianza Universidad, 1987
  • Eco, U. (2011). El nombre de la Rosa, ed. Debolsillo.
  • Horowitz, J.; Menache, S. (1994). L’humour en chaire: le rire dans l’Église médiévale, ed. Labor et Fides.
  • Legof, J. (1989). Reír en la Edad Media, Cahiers du Centre de Récherches Historiques, nº 3.

Periodista

Licenciada en Humanidades y Periodismo por la Universitat Internacional de Catalunya y estudiante de especialización en Cultura e Historia Medieval. Autora de numerosos relatos cortos, artículos sobre historia y arte y de una novela histórica.

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