La antropología estructuralista es una de las principales corrientes antropológicas que sostiene que los fenómenos sociales pueden ser abordados como sistemas de signos o símbolos.

Uno de sus máximos referentes fue el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, quien consideró que en todas las culturas humanas existen estructuras profundas e inmutables, evidenciadas con el hecho de que en la mayoría existen términos que hacen referencia a conceptos opuestos.

A continuación vamos a tratar de ver un poco sobre esta escuela de pensamiento, algunos de sus referentes y mayores influencias además de qué es lo que se opina acerca el parentesco y la prohibición del incesto como reglas universales.

¿Qué es la antropología estructuralista?

En su idea más general, la antropología estructuralista es una corriente teórica de la antropología que sostiene que los fenómenos sociales pueden ser abordados como sistemas de signos o símbolos, por lo cual el antropólogo debe tener cuidado en no tratarlos ni única ni principalmente como sucesos, sino también como significaciones. Algunos de los referentes de esta corriente son Claude Lévi-Strauss, Rodney Needham y Edmund Leach.

No es posible hablar de antropología estructuralista sin mencionar la obra de Claude Lévi-Strauss, quien es considerado como el fundador de esta escuela o, al menos, se le reconoce que esta corriente bebe mucho de la filosofía de este antropólogo francés. Él consideraba que existen en todas las culturas humanas profundas e inmutables estructuras que hace que en todas ellas se puedan encontrar pares de conceptos opuestos homólogos en todas las culturas, como por ejemplo la idea del bien y del mal o alto y bajo.

Influencias y referentes

Dentro de la antropología estructuralista liderada por Lévi-Strauss son varios los grandes referentes que han servido de influencia para esta escuela del pensamiento. Entre ellos se encuentran los lingüistas estructuralistas, incluyendo a Ferdinand de Saussure, Roman Jakobson, Émile Durkheim y Marcel Mauss (Escuela de Praga). Saussure argumentó que los lingüistas necesitan ir más allá de simplemente registrar la “parole”, esto es, los actos del habla individual, y pasar a comprender la “langue”, que vendría a referirse a la gramática de cada lengua, ideas y conceptos que las palabras no transmiten por separado.

Lévi-Strauss destacó esta distinción en su búsqueda de las estructuras mentales que subyacen a todos los actos de la conducta humana. Consideró que de la misma manera que cuando hablamos no estamos pendientes todo el rato de las reglas gramaticales pese a que las estamos aplicando también tiene sentido que los seres humanos no seamos conscientes del trabajo que ejercen las estructuras sociales en nuestra vida diaria. Estas estructuras serían la “gramática profunda” de la sociedad y son inconscientes.

De acuerdo con Lévi-Strauss, dentro de la categoría social existen otros fenómenos muy específicos que requieren ser abordados de una manera particular, algo que la sociología de Durkheim había introducido y que se desarrollaría posteriormente con la etnología. Durkheim consideraba que los fenómenos sociales en las sociedades “primitivas” eran “casos privilegiados”, en el sentido de que eran casos más sencillos de analizar. En estas culturas las relaciones entre los hechos son más aparentes que en aquellas sociedades más desarrolladas, aparentemente más simbólicas.

Por otra parte Marcel Mauss, discípulo y sobrino de Émile Durkheim, consideraba que existen los hechos sociales en sí mismos. Sin embargo, estos hechos poseían ciertas especificidades en función del ámbito en el que se encontraran y que solo algunos de ellos son capaces de movilizar diversas dimensiones de la vida de una sociedad, es decir, que sean lo suficientemente importantes como para que un cambio en ellos suponga algún tipo de alteración en el conjunto de la sociedad. A estos actos Mauss los denominó “actos sociales totales” y opinaba que eran el objeto de estudio más prometedor de la sociología.

¿Qué es una estructura?

Lévi-Strauss habla explícitamente de la “estructura” como un patrón teórico que reconstruye o acopla elementos constantes pero que, a su vez, da lugar a cambios, alteraciones, diferencias y similitudes en diferentes culturas.

Estas estructuras eran aspectos como la estructura cerebral, el comportamiento del “espíritu” humano, las distintas lenguas, los vínculos de parentesco...

Para entenderlo, se podría decir que las estructuras son aquellos aspectos propiamente humanos que se encuentran presentes en todas las culturas aunque varíen en apariencia y que explican cómo se comporta y conforma la diversidad cultural del planeta. Todas las culturas tienen lenguas, todas tienen un sistema de vínculos de parentesco, todas tienen una religiosidad, pero no todas comparten la misma lengua, forma de ver el parentesco y creen en los mismos dioses.

Lévi-Strauss consideraba que estos elementos tenían un alcance universal y que habrían existido durante toda la historia de la humanidad, estando entre ellos la capacidad de los seres humanos de percibir y describir la realidad de forma dicotómica en múltiples cuestiones, aspecto que veremos más a fondo a continuación.

Sobre los sistemas binarios

Se considera que el punto de vista antropológico estructural de Lévi-Strauss emergió como resultado de haber profundizado sobre las dialécticas de Karl Marx y Friedrich Hegel. Hegel consideraba que cada situación puede presentar dos cosas o conceptos opuestos, idea que sería retomada por Lévi-Strauss quien sostuvo que las culturas también se rigen por una estructura conceptual con categorías opuestas.

Estas ideas opuestas pueden encontrarse en todas las sociedades y son percibidas como conceptos antagónicos que o bien luchan entre ellos o bien se complementan, pero cuyo significado no es posible entenderlo sin la existencia de su concepto rival. Algunos ejemplos de ello serían: alto y bajo, bien y mal, hombre y mujer, ética y émica, intelecto y emoción, calidad y cantidad… Por medio de este tipo de ideas, en especial los conceptos referentes a ética y religión, se habrían establecido los códigos que rigen el matrimonio, la mitología y los rituales en las sociedades (p.ej., hacer el bien y no el mal).

Desde la antropología estructuralista se sostiene que la gente piensa en términos binarios mayormente opuestos y que cada cultura puede ser entendida en base a estos términos contrarios. Ya sea formando ideas más de tipo ética y social, como son la religión o el matrimonio que acabamos de comentar, o influyendo en la forma de interpretar el mundo, a lo largo de la historia las comunidades han creado etiquetas que son mutuamente exclusivas, pese a que se podrían transformar en sistemas con diferentes grados.

Esta visión binaria es “traducible” a otras culturas y lenguas. En todos los idiomas del mundo es esperable que tengan palabras para “alto” y “bajo”, puesto que son dos conceptos antagónicos muy evidentes, pero lo que no es esperable es que haya más términos para designar la altura, a pesar de que la altura en sí no es una cualidad dicotómica. Es decir, las personas no somos o altas o bajas, sino que podemos ir de más alto a más bajo e, incluso, podríamos crear un sistema de siete categorías para designar la altura: muy alto, alto, medio-alto, medio, medio-bajo, bajo, muy bajo.

Sin embargo, nuestra mente prefiere pensar en términos dicotómicos y por este motivo no tenemos en ninguna lengua con, por ejemplo, siete palabras distintas para designar siete grados diferentes de altura. Directamente nos valemos de las palabras “medio” y “muy” como es este caso para ser más específicos. Esto es aplicable al resto de términos binarios expuestos anteriormente. Está claro que la vida no es en blanco y negro, pero para facilitarnos la percepción e interpretación del mundo las culturas optan por usar términos dicotómicos y, si es necesario, precisar después.

Átomo de parentesco según la antropología estructural

Desde la antropología estructural se habla del “átomo del parentesco” como la unidad básica de la sociedad que gira en torno al matrimonio. Este átomo estaría compuesto por hombre y mujer unidos por el matrimonio, su descendencia más directa y el hermano de la esposa. La presencia de estos cuatro elementos implica la formación de diferentes tipos de vínculos: Los hijos están vinculados a sus padres por la filiación, los esposos por el lazo conyugal y entre el esposo y el hermano de su esposa por una relación de alianza.

En todas las culturas se establece un valor y unas reglas a seguir para cada uno de estos elementos con respecto al átomo de parentesco, entre ellas la prohibición del incesto como método de presión para que los hombres de dos grupos diferentes “intercambien” a las mujeres de esos mismos grupos extendiendo la red social y evitando la aparición de problemas congénitos

En la inmensa mayoría de culturas el incesto está mal visto, especialmente entre hermanos. Esta cuestión ha sido investigada por el estructuralismo antropológico, partiendo de que el matrimonio es la base de las sociedades y que es el medio que permite establecer vínculos entre diferentes grupos a través de la unión de sus miembros. El análisis antropológico que se hace sobre esta cuestión se ha denominado la teoría de la alianza.

Mientras que para los funcionalistas estructurales la importancia del parentesco se encontraba en la descendencia de un matrimonio y las reglas que definen la herencia en cada sociedad, para los antropólogos estructuralistas la esencia del matrimonio es en sí la alianza matrimonial. Que un hombre y una mujer se casen no implica solamente un lazo conyugal entre ellos dos, sino también la creación de vínculos entre sus familias que lleva a una alianza estratégica entre dos grupos de personas diferentes.

Esta alianza no sería posible si la unión la realizaran hermanos o primos, siendo este el principal motivo por el que las sociedades tipificarían como delito y/o acto inmoral los matrimonios entre parientes, además de ser una unión estratégicamente inútil. El matrimonio tendría una función de crear, fomentar y solidificar relaciones entre los grupos de personas que forman parte de una sociedad, haciendo que el tejido social se fortalezca.

El matrimonio entre hermanos y primos no es positivo ni beneficioso para la sociedad en su conjunto. Si las familias solo casaran a sus hijos y sobrinos entre ellos estas familias pasarían a convertirse en linajes aislados los unos de los otros que difícilmente apoyarían a las demás en cuestiones económicas, sociales o legales. Al no haber nexo con grupos de desconocidos, cada grupo se las tendría que apañar por su propia cuenta haciendo que con el paso del tiempo la población no fuera más que un conjunto de grupos que van por libre y, por lo tanto, la sociedad estuviera muy fragmentada y careciera de cohesión social.

Referencias bibliográficas:

  • Cucchetti, Humberto y María Virginia MELLADO (2001). «Estructuralismo y religión: Lévi-Strauss y el análisis de la vida religiosa». En Revista de Ciencias Sociales, (011): 158-170. Iquique: Universidad Arturo Prat.
  • Harris, Marvin (1987). El desarrollo de la teoría antropológica: una historia de las teorías de la cultura. Madrid: Siglo XXI de España.
  • Héritier, Françoise (1994): Les deux sœurs et leur mère : anthropologie de l’inceste. París: Odile Jacob.
  • Korsbaek, Léif (2003). «La antropología y la lingüística». En: Ciencia ergo sum 10(2): 159-172. Toluca de Lerdo: Universidad Autónoma del Estado de México.
  • Lévi-Strauss, Claude (1977)[1961]. Antropología estructural. Buenos Aires: Eudeba.