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Revolución agrícola: qué fue y qué cambios produjo en nuestro modo de vida

Veamos cómo fue la revolución agrícola del siglo XVIII y lo que supuso para la humanidad.

Nahum Montagud Rubio

Nahum Montagud Rubio

Revolución agrícola

A lo largo de toda la historia han existido múltiples revoluciones agrícolas, es decir, cambios en la forma de trabajar la tierra que han supuesto una mayor productividad de los cultivos y, consecuentemente, más alimentos.

Sin embargo, el término “revolución agrícola” suele ser usado para referirse a la que ocurrió entre los siglos XVIII y XIX en Gran Bretaña y varios lugares de Europa. No es de extrañar, puesto que ha sido esta revolución la que nos ha llevado a vivir en la sociedad actual.

A continuación veremos el contexto histórico en el que se produjo la revolución agrícola, qué hizo que se produjera y cómo está relacionada con la revolución industrial.

¿Qué fue la revolución agrícola iniciada en Gran Bretaña?

Habitualmente, cuando hablamos de la revolución agrícola solemos hacer referencia a las transformaciones ocurridas en la Gran Bretaña de los siglos XVIII y XIX y que posteriormente se trasladarían al resto de Europa occidental.

Estas transformaciones implicaron cambios en la estructura de la propiedad de las tierras de cultivo y en su explotación, además de un incremento de la productividad de alimentos, mayor población y mejoras en el nivel de vida de muchas personas.

A lo largo de la historia han existido otras revoluciones agrícolas cuyos efectos han sido muy importantes para la humanidad, siendo de las más antiguas la que se inició hará unos 10.000 en Mesopotamia y Egipto. No obstante, la revolución agrícola contemporánea es la que más directamente nos repercute, puesto que fue ese proceso el que contribuyó en que se produjera la posterior revolución industrial, haciendo que vivamos como lo hacemos en los países occidentales modernos.

Contexto histórico

Una de las causas más importantes detrás de la revolución agrícola fue un cambio en la legislación británica con respecto a la gestión de las tierras de cultivo. Hasta ese momento la tierra había sido trabajada de forma tradicional, habiendo dos sistemas de explotación: el “open-field” (campo abierto) y el “common fields” (tierras comunales). El openfield consistía en varias parcelas con diferentes explotaciones no separadas ni cerradas por ningún medio, mientras que el commnofield eran unos sistemas de propiedad de baja productividad donde se usaba la técnica del barbecho.

El barbecho ha sido un sistema de cultivo muy usado a lo largo de la historia. Este consiste en cultivar una tierra, cosechar sus frutos y, tras ello, dejar la tierra uno o dos años sin cultivar nada hasta que recupere los nutrientes que la volverán a hacer fértil. Este sistema tenía como principal problema el hecho de que durante un largo período de tiempo un trozo de tierra no tenía producción alguna y, por lo tanto, no suponía beneficio en mucho tiempo.

En el common field, al ser trabajado a la vez por varios campesinos, se tenían que poner de acuerdo en cómo explotarlo. Esto hacía que la libre iniciativa que cada uno pudiera tener solo la pudiera aplicar a las parcelas de los campos abiertos, que no estaban para nada protegidos. Debido a esto, empezó a cobrar fuerza a lo largo del siglo XVIII un movimiento a favor de cercar o cerrar los campos, hacer “enclosures” o cerramientos de las tierras y fomentar la producción mediante el cultivo individualizado.

Es por este motivo que el parlamento británico aprobó nuevas leyes con ese fin, llamadas “Enclosures Acts”. Si bien la iniciativa de cercar campos se remonta al 1450, no fue hasta tiempos recientes en que se obligó cercar todos los cultivos y se introdujeron cambios en la propiedad de la tierra británica. A partir de ese momento los campesinos debían cerrar sus parcelas y explotarlas como quisieran, con los cultivos que desearan siempre y cuando fueran propietarios de las mismas.

Pero si bien esto benefició a algunos también perjudicó a otros. Debido a que las parcelas de un mismo terrateniente solían estar muy dispersas con las de los demás, el cerramiento de todas las parcelas supuso problemas para muchos propietarios al ver que no tenían acceso sin pedir permiso a sus vecinos. A este problema se le añadía el coste económico de tener que cercar sus tierras, algo que no siempre se podían permitir. Es por esto que muchos pequeños propietarios se vieron obligados a vender sus tierras a sus vecinos.

Por otro lado, tenemos la privatización de las tierras comunales. Antes de las Enclosure Acts estas eran de todos los campesinos que se pusieran de acuerdo para explotarlas. Sin embargo, con la nueva ley se pasó a privatizarlas, pasando a ser propiedad de terratenientes con holgura económica. Esto fue un problema especialmente grave para los jornaleros, como los cottagers, cuya única propiedad eran los ganados que pastaban por los campos abiertos y comunales. Al cerrarlos, los jornaleros no podían alimentar a sus animales y se vieron obligados a venderlos o ser contratados por terratenientes.

Consecuencias de estos cambios

El fenómeno de los enclosures perjudicó a pequeños propietarios, pero supuso un gran beneficio a nivel social y fue lo que provocó la revolución agrícola. Los terratenientes con más riquezas se encontraron en una situación especialmente ventajosa, dado que ahora tenían una gran cantidad de tierra que podían explotar a su gusto y experimentar tanto como quisieran con ella. Gracias a ello, muchos propietarios se motivaron a aplicar métodos innovadores y ver qué resultados daban, algo impensable antes con los common fields.

Las nuevas innovaciones dieron muy buenos resultados, traducidos en una mayor productividad, más cantidad de alimentos, bajada en el precio de productos de la tierra y la potenciación del comercio interno y externo. Entre ellas está la sembradora mecánica, inventada en 1730 por Jethro Tull. Esta nueva máquina posibilitó la siembra en línea y la utilización de máquinas excavadoras, siendo especialmente útil para trabajar en grandes superficies.

Otra de las grandes innovaciones de la época fue el sistema Norfolk, ideado por lord Townshed. Este noble británico había sido diplomático trabajando como embajador en los Países Bajos, lugar en el que cogió algunas ideas que acabaría aplicando en los campos británicos. Entre ellas estaba el sistema de rotación cuatrienal de cultivos, el cual acabaría sustituyendo al poco eficiente sistema de barbecho.

Mediante este novedoso sistema, se alternaba el cultivo de cereales, legumbres y plantas forrajeras, una combinación de plantas que dejaba nutrientes suficientes para la siguiente cosecha. El sistema cuatrienal se producía todos los años, en vez de tener un parón de uno o dos como sí era el caso del de barbecho. Entre otras de las mejoras introducidas por lord Townshed tenemos nuevas ideas para el drenaje de la tierra, mejores sistemas de irrigación, creación de prados artificiales para alimentar al ganado en invierno y otras nuevas técnicas agrícolas.

Como todas estas nuevas técnicas dieron muy buenos resultados, el resto de terratenientes británicos no pudieron resistirse a introducirlas en sus campos y, también, idearon las suyas propias. Así pues se fueron mejorando los arados y las segadoras, se fabricaron fertilizantes químicos más potentes, se mejoró la cría de ganados y se tuvieron mejores cultivos en general. Como consecuencia de esto, se incrementó notablemente la producción (90%) y, además, se abarataron los precios de las frutas y verduras. Esto supuso una mejora en la dieta tanto de humanos como de animales, puesto que había menor escasez de alimentos.

Relación con la revolución industrial

Al haber más alimentos, la gente vivía mejor y la mortalidad bajó, lo cual supuso un incremento demográfico notable. Sin embargo, los cambios en la forma de manejar la tierra y la propiedad hizo que fueran menos las personas que podían trabajar la tierra. Las mejores técnicas ahorraron permitían hacer más por menos, haciendo que muchos campesinos se quedarán sin trabajo y que la cada vez mayor población de los pueblos se vieran obligados a emigrar a las ciudades y trabajar en las fábricas.

Por el otro lado, los propios terratenientes fueron ganando mucho dinero, el cual no solo invertían en su campos sino también en fundar y mejorar sus propias fábricas. Esto supuso una muy interesante dinámica, puesto que los que habían tenido suerte teniendo tierras y aplicando mejoras agrícolas acababan siendo dueños de factorías en las que trabajaban quienes no habían tenido tanta suerte y habían tenido que vender sus tierras porque no las podían mantener.

Ya fuera en pueblos que habían crecido por el incremento demográfico o ciudades previamente fundadas, la actividad económica fue progresivamente trasladándose del campo a la ciudad y se pasó de una sociedad agrícola a una industrial. El campo seguía produciendo alimentos, pues eran necesarios para mantener a la población, pero la actividad de las fábricas y talleres en la ciudad se disparó. Los campesinos fueron convirtiéndose en obreros industriales y se dio paso a la siguiente fase de la historia en el siglo XIX: la revolución industrial.

Referencias bibliográficas:

  • G. E. Mingay (ed.) (1977), The Agricultural Revolution: Changes in Agriculture 1650–1880, p. 3
  • Peter Jones (2016), Agricultural Enlightenment: Knowledge, Technology, and Nature, 1750–1840, p. 7
  • Landes, David S. (1969). The Unbound Prometheus: Technological Change and Industrial Development in Western Europe from 1750 to the Present. Cambridge University Press. p. 18.

Graduado en Psicología con mención en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Postgrado de Actualización de Psicopatología Clínica en la UB.

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