Estudiar las relaciones entre los distintos sistemas biológicos del cuerpo, como el sistema inmune o el sistema endocrino, y el cerebro (y la mente humana) es el principal objetivo de una disciplina denominada psiconeuroendocrinoinmunología.

Esta ciencia nos ayuda a comprender aspectos tan importantes como el modo en que los factores psicológicos pueden influir en la evolución o el curso de una enfermedad, o cómo afecta el estrés a nuestra calidad de vida.

En este artículo te explicamos qué es y qué estudia la psiconeuroendocrinoinmunología, y te damos las claves para entender cómo afecta el estrés a nuestro sistema inmune y qué impacto tiene la mente en nuestra salud.

¿Qué es y qué estudia la psiconeuroendocrinoinmunología?

La psiconeuroendocrinoinmunología, también conocida como psiconeuroinmunología, es la disciplina que estudia las interacciones entre los procesos conductuales, neuronales, endocrinos e inmunológicos. Los investigadores saben que el sistema nervioso y el sistema inmune pueden comunicarse entre sí, pero no ha sido hasta hace relativamente poco cuando se ha empezado a comprender cómo lo hacen y qué significa para nuestra salud.

Uno de los aspectos básicos que esta disciplina asume es que mente y cuerpo son dos entidades inseparables. De ello se deduce que el estrés afecta a la capacidad del cuerpo para resistir enfermedades. Además, sabemos que el cerebro influye en todo tipo de procesos fisiológicos que alguna vez se pensó que no estaban regulados centralmente.

Existen efectos de los factores psicológicos en numerosas enfermedades, como la artritis reumatoide, la diabetes, la hipertensión, las enfermedades cardíacas o la enfermedad inflamatoria intestinal, entre otras. El objetivo de la psiconeuroendocrinoinmunología es estudiar, precisamente, qué papel juega el funcionamiento fisiológico del sistema neuroinmune en la salud y la enfermedad, así como las características físicas, químicas y fisiológicas de los componentes del sistema inmune.

Conexiones entre el cerebro y el sistema inmune

A medida que el campo de la psiconeuroendocrinoinmunología crece y se desarrolla, se descubren muchas vías discretas de comunicación entre los factores psicológicos y el sistema inmune.

En las últimas décadas, la profundidad de la integración entre el sistema nervioso y el sistema inmune se ha ido reduciendo lentamente, y uno de los aspectos clave ha sido entender mejor el funcionamiento del eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA) y el impacto que el estrés psicológico tiene en este sistema en particular.

El eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA)

El eje HPA involucra a tres pequeñas glándulas endocrinas que secretan hormonas directamente en la sangre. Las glándulas en cuestión son el hipotálamo y la pituitaria, que son vecinos neurológicos, y las [glándulas suprarrenales](glándulas suprarrenales), situadas en la parte superior de los riñones. Esta triada de tejidos controla las reacciones al estrés y regula procesos como la digestión, el sistema inmunitario, la sexualidad, el estado de ánimo y el uso de energía.

Una sustancia química notable en el trabajo del eje HPA es la hormona liberadora de corticotropina (CRH). El hipotálamo libera CRH en respuesta al estrés, la enfermedad, el ejercicio, el cortisol en la sangre y los ciclos de sueño y vigilia. Alcanza su punto máximo poco después de despertarse y disminuye lentamente durante el resto del día.

Sin embargo, en un individuo estresado, los niveles de cortisol se elevan durante períodos prolongados de tiempo. Durante el estrés, el cuerpo cree que está en peligro inminente, por lo que el cortisol desencadena una serie de cambios metabólicos para garantizar que haya suficiente energía disponible en caso de que sea necesario luchar o huir. Una de estas tácticas de ahorro de energía es suprimir el sistema inmunitario metabólicamente costoso, ahorrando glucosa vital para el evento que amenaza la vida.

Por supuesto, en los seres humanos modernos, los niveles de estrés pueden elevarse por varias razones, y muy pocas de estas situaciones implican una amenaza real para la supervivencia y la vida. De este modo, ese estrés continuo puede reducir las capacidades del sistema inmune, con consecuencias negativas para nuestra salud.

Por el contrario, existe evidencia de que la oxitocina, producida durante las interacciones sociales positivas, ayuda a amortiguar la actividad del eje HPA. Y además, se ha demostrado que esto promueve beneficios para la salud, como el aumento de la velocidad de curación de heridas.

Diferente estrés, diferente sistema inmune

En una disciplina como la psiconeuroendocrinoinmunología es muy importante la investigación clínica. En un metaanálisis de 300 estudios empíricos se encontró que ciertos tipos de estrés alteran diferentes aspectos del sistema inmune. Se compararon factores estresantes breves, como los exámenes, con factores estresantes crónicos, eventos que cambian la vida de una persona, como cuidar a un ser querido que padece demencia.

Los factores estresantes breves tienden a suprimir la inmunidad celular (el tipo que se ocupa de los invasores celulares, como los virus) al tiempo que preserva la inmunidad humoral (normalmente se ocupa de los patógenos fuera de las células, como los parásitos y las bacterias). Por su parte, los estresores crónicos tendieron a suprimir ambos tipos de inmunidad.

El estrés tiene un efecto medible en la fortaleza del sistema inmune y, por lo tanto, en su capacidad para protegernos. De una manera muy real, controlar los niveles de estrés puede ayudar a maximizar la potencia del sistema inmunológico. Las investigaciones han demostrado una y otra vez que las personas en situaciones estresantes tienen cambios medibles en las respuestas físicas a las lesiones. Ya sea que se ralentice la cicatrización de heridas, una mayor incidencia de infecciones o un peor pronóstico para la supervivencia al cáncer.

Durante muchos años, el sistema inmune se ha considerado un mecanismo autónomo e independiente, pero como ya sabemos ahora, no es el caso. El cerebro se comunica regularmente con las células del sistema inmune y viceversa, lo que nos indica que el estrés es tanto psicológico como físico. Por ello, aprender a controlar el estrés es una habilidad importante si queremos prevenir y reducir los problemas asociados a muchas enfermedades y tener nuestro sistema inmune en condiciones óptimas.

El impacto de la mente en nuestra salud

El efecto de los factores psicológicos en nuestra salud puede ser realmente significativo. En una disciplina como la psiconeuroendocrinoinmunología se ha tratado de investigar cómo influye la “mente” y la cognición en nuestro sistema inmune y en nuestra salud en general, y los resultados pueden ser sorprendentes.

A continuación, vamos a ver algunos ejemplos de lo que hasta el momento se sabe en este sentido:

1. El duelo psicológico

Son bastante comunes las historias de personas recientemente fallecidas que mueren poco después de su pareja, y no suelen ser apócrifas. En un estudio reciente que siguió a más de 90 000 individuos viudos se encontró que durante la primera semana después del duelo, la mortalidad fue el doble de la tasa esperada.

2. El intestino

En la actualidad está bastante bien establecido que existe una fuerte asociación entre eventos vitales estresantes sostenidos y la aparición de síntomas en trastornos gastrointestinales funcionales, enfermedades inflamatorias intestinales y el conocido como síndrome de intestino irritable.

3. Cáncer

Aunque no hay ninguna evidencia científica que relacione directamente pensar de forma positiva con la reducción del cáncer, los profesionales de la salud que trabajan con pacientes con esta enfermedad saben muy bien que la perspectiva, actitud y motivación del paciente y su cantidad y calidad de apoyo psicológico pueden afectar enormemente el resultado de su enfermedad.

4. V.I.H. (virus de la inmunodeficiencia humana)

Las investigaciones han encontrado evidencias significativas de que los niveles elevados de estrés y la disminución del apoyo social aceleran la progresión de determinadas enfermedades, incluida el V.I.H.

5. Problemas de la piel

Sabemos que afecciones como la psoriasis, el eccema y el asma se ven condicionadas por aspectos psicológicos. El efecto del estrés diario puede hacer que la persona tenga brotes o que sus síntomas se agraven.

6. Cicatrización de heridas

La velocidad a la que se cura un paciente quirúrgico se ha relacionado también con factores psicológicos. Por ejemplo, el aumento de los niveles de miedo o angustia antes de la cirugía se ha asociado con peores resultados, que incluyen estancias más largas en el hospital, más complicaciones postoperatorias y tasas más altas de rehospitalización.

Además, en un estudio en pacientes con heridas crónicas en la parte inferior de la pierna, los que informaron de niveles más altos de depresión y ansiedad mostraron una curación significativamente retrasada.

Referencias bibliográficas:

  • Kanba, S. (2001). Psychoneuroimmunology: A Dialogue between the Brain and Immune System. Journal of International Society of Life Information Science, 19(1), 141-145.

  • Pérez de Alejo Rodríguez, L. M., Moré Chang, C. X., González Álvarez, Y., & Alemán Zamora, A. (2019). La Psiconeuroendocrinoinmunología: reclamo de una visión integral en los estudios médicos. Edumecentro, 11(3), 254-261.

  • Sivik, T., Byrne, D., Lipsitt, D. R., Christodoulou, G. N., & Dienstfrey, H. (2003). Psycho-Neuro-Endocrino-Immunology (PNEI): A Common Language for the Whole Human Body. Psychotherapy and Psychosomatics, 72(5), 292.