La intolerancia a la lactosa se define como un trastorno que aparece en el paciente después de que este ingiera algún producto con lactosa (un disacárido que está presente en los productos derivados de lácteos).

Se trata de una condición ampliamente distribuida en el mundo, pues según el grupo etario y la etnia analizada, hasta el 65 % de la población puede llegar a presentarla. Resulta interesante conocer que la prevalencia de esta intolerancia depende ampliamente de la etnicidad del individuo, pues las personas afroamericanas, asiáticas y latinas tienen mayor predisposición a sufrirla. Esto se debe a factores genéticos que veremos posteriormente.

Se calcula que únicamente en Estados Unidos existen de 30 a 50 millones de personas intolerantes a la lactosa. No es de extrañar, por tanto, que se hayan realizado incontables investigaciones en lo referente a esta patología desde su descubrimiento en los años sesenta.

Acompáñanos en este viaje de revisión por el mundo de la intolerancia a la lactosa, pues esta condición se remonta a tiempos ancestrales y presenta ciertas características que te sorprenderán.

Las bases biológicas de la intolerancia a la lactosa

Antes de evaluar la situación mundial de este trastorno y cómo se reparte por la población, tenemos que asentar ciertas bases en lo que a las causas de la enfermedad se refiere.

Como ya hemos dicho, la intolerancia a la lactosa es una patología que se produce cuando el individuo afectado no puede digerir los azúcares presentes en la leche, lo que le produce malestar intestinal, hinchazón abdominal, gases y diarrea.

Es interesante conocer que la lactosa es el carbohidrato primario que compone la leche (incluida la de origen humano). Fisiológicamente hablando, este azúcar disacárido no puede ser absorbido por el intestino de nuestra especie, por lo que requerimos de la actuación de la enzima lactasa, un tipo de β-galactosidasa que se encarga de disgregar a este azúcar complejo en los monosacáridos glucosa y galactosa.

Esta importantísima enzima se sintetiza en los bordes de cepillo de las células de las vellosidades (villi) en el intestino delgado, pero por desgracia, se ha observado que en los mamíferos se produce un descenso fisiológico de la secreción de lactasa con la edad. Esto responde a un mecanismo claro a un nivel evolutivo: la leche es el primer alimento que ingerimos al nacer, pero es natural que a lo largo de los años un individuo adulto recurra cada vez menos a esta fuente de nutrientes tan difícil de conseguir en un mundo no industrializado. Por esta razón, es normal que el cuerpo se ahorre energía saltándose la producción abundante de esta enzima.

Tipos

La deficiencia de la enzima lactasa puede ser congénita o adquirirse a lo largo de los años. Dependiendo del motivo subyacente a la patología, se pueden describir cuatro tipos de intolerancia a la lactosa:

1. Deficiencia primaria de lactasa

Es la causa más común de intolerancia a la lactosa. Estudios epidemiológicos reflejan que, por ejemplo en México, el 30 % de los adultos presentan este tipo de deficiencia. Los síntomas comienzan a aparecer tras la ingestión de productos lácteos en la etapa adolescente o durante la edad adulta, pues el descenso de la enzima lactasa comienza en la infancia y continúa a lo largo de la vida del individuo.

A pesar de que se trate de una condición adquirida, es de esencial importancia destacar que se trata de un desorden con carácter genético, es decir, que existe una predisposición desde el nacimiento del paciente a él, aunque no se manifieste durante los primeros años de desarrollo.

2. Deficiencia secundaria de lactasa

Diversas enfermedades pueden dañar a la mucosa del intestino delgado, lo que naturalmente se traduce en una disminución de producción de enzima lactasa. Algunas patologías que pueden desencadenar esta deficiencia secundaria son las gastroenteritis, la celiaquía, la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerativas o el uso de ciertos fármacos y la quimioterapia.

3. Otras causas

Podemos listar otras dos causas, que si bien son mucho menos comunes, están presentes en la población. La deficiencia congénita es un caso especial en el que el recién nacido no es capaz de digerir los productos lácteos por una mutación de carácter autosómico recesivo.

Por otro lado, la deficiencia durante el desarrollo encuentra su causa en los infantes que nacen de forma prematura, pues su intestino delgado no se ha terminado de formar del todo y la actividad de hidrolización de la lactosa se ve comprometida.

¿Cómo afecta a las distintas poblaciones en el mundo?

Estamos ante un tema de especial interés para cualquier epidemiólogo, pues pocos trastornos se manifiestan con un patrón tan claro según el grupo étnico estudiado. Por mucho que el concepto de “raza” en el ámbito humano se encuentre en desuso por la falta de consenso y aplicación moral, el hecho de que nuestra especie reporta variaciones genéticas según el lugar de desarrollo y la estirpe familiar es innegable.

Es por esto que se han observado, durante los últimos 10.000 años, una serie de mutaciones en ciertos grupos poblacionales que permiten a sus integrantes secretar lactasa en los niveles adecuados durante su vida adulta. La variante del gen que codifica la actividad lactasa se hereda de forma mendeliana dominante, por lo que no es de extrañar que esta resistencia se encuentre muy presente en ciertas regiones.

Resulta fascinante conocer que esta serie de mutaciones se han visto propiciadas en las poblaciones que han estado en contacto con el ganado lechero de forma íntima durante miles de años de evolución. Debido a este mecanismo de selección natural, la intolerancia a la lactosa se reparte de la siguiente manera:

  • Las poblaciones del norte de Europa solo presentan un 15 % de integrantes intolerantes a la lactosa (como máximo).
  • En ciertos grupos poblacionales de descendencia asiática e indoamericana la prevalencia de este trastorno se eleva casi al 100 %.
  • Se estima que el 65 % de la población mundial es intolerante a la lactosa.

Como podemos ver, esta serie de datos evidencian que el consumo de productos lácteos a lo largo de los siglos parece ser un factor importante a la hora de cuantificar la producción de lactasa en un individuo adulto. Se trata de un claro mecanismo de selección natural desde un punto de vista teórico, pues las mutaciones útiles se fijan a lo largo de las generaciones, y las deletéreas desaparecen.

Desde el papel, las teorías basadas en un mecanismo de selección natural tienen todo el sentido del mundo: los adultos capaces de digerir correctamente la leche del ganado obtendrían más calorías con menos esfuerzo que el resto, por lo que es de esperar que tuvieran más y mejor descendencia de forma general y estas mutaciones genéticas se presentaran en las siguientes generaciones.

La intolerancia a la lactosa en tiempos antiguos

Más allá de los datos de sumo interés expuestos con anterioridad, reportes científicos han demostrado que la intolerancia a la lactosa ya estaba presente en los humanos que protagonizaron la edad de bronce, hace unos 3000 años.

El estudio del ADN de los restos óseos de 14 individuos pertenecientes a esta época permitió a los científicos modernos descubrir que, efectivamente, estos seres humanos no portaban las mutaciones pertinentes para una correcta producción de lactasa en el individuo adulto.

Otros estudios señalan que los primeros granjeros europeos tampoco presentaban estas mutaciones hace 8.000 años. La teoría más aceptada es que estas variaciones genéticas se fueron extendiendo a lo largo de la población a medida que se instauraba la ganadería como práctica general y se consumía de forma cada vez más recurrente los productos lácteos. De todas formas, estos nuevos reportes señalan que pasaron al menos 6.000 años entre los primeros ganaderos y el desarrollo generalizado de la resistencia a la lactosa (al menos en la poblaciones analizadas), hecho muy difícil de explicar.

Resumen

Como hemos podido ver, la intolerancia a la lactosa es un trastorno que va mucho más allá del malestar gastrointestinal del paciente. Se trata de una patología de sumo interés tanto epidemiológico como evolutivo, pues resulta muy difícil de explicar el hecho de que ciertos grupos humanos comenzaran a beber leche de forma asidua como adultos si, claramente, no estaban preparados para ello como especie.

Estudios como los que hoy te hemos mostrado plantean más preguntas que respuestas, pues explicar el origen exacto de las mutaciones que permitieron el desarrollo de tolerancia a la lactosa y su papel en las distintas sociedades es cuanto menos complejo. Desde luego, espacios como este no hacen más que evidenciar las miles de incógnitas que sigue encerrando el cuerpo humano.

Referencias bibliográficas:

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