Durante las dos últimas décadas, el ritmo de vida en la sociedad se ha acelerado sobremanera, tanto que podría decirse que la filosofía del ser humano actual se ha convertido en conseguir todo tipo de objetivos de forma inmediata, ya sean de naturaleza material o no tangible. 

A simple vista, puede parecer positivo este significativo nivel de motivación para alcanzar un (supuesto) mayor bienestar (un trabajo mejor, una familia o pareja perfectas, unas actividades de ocio envidiables, el máximo número de amistades o contactos en las redes sociales, etc.). Sin embargo, cuando se pierde de vista el equilibrio entre dicha motivación y el exceso de autoexigencia, todo ello puede derivar en un efecto opuesto: los miedos y las preocupaciones continuas.

El temor y el control

En su obra, Guix (2006) hace notar la estrecha vinculación entre la existencia de miedos y la necesidad de controlar los distintos aspectos personales que conforman la vida del individuo, estableciendo una relación directa entre ambos: a mayor deseo de control más temores, preocupación y más ansiedad. 

Parece que, de forma interna, se ha interiorizado socialmente la obligación de "llegar" a todo lo propuesto y de no poder "fallar" en ninguna de los proyectos iniciados.

¿Es bueno tener miedo?

La respuesta es claramente sí. El miedo se define por ser una de las emociones primarias más necesarias para la supervivencia, por lo tanto altamente funcional. Antaño, esta reacción permitió escapar de criaturas salvajes activando al organismo y movilizándolo para la huida. 

Hoy, habiendo evolucionado el contexto, el ser humano sigue necesitando un sistema de aviso de potenciales peligros cuyo principal exponente es el propio ser humano. Así, la emoción del miedo debe entenderse como un fenómeno natural y adaptativo. Lo verdaderamente relevante, el punto clave donde debe recaer la atención, es en la gestión de esa reacción y como se produce el manejo de dicho miedo. 

Guix (2006) defiende que el hombre ha adoptado la errónea estrategia de ejercer el control como mecanismo principal en el afrontamiento de las preocupaciones. Esta metodología presenta diversos inconvenientes, puesto que el control puede hacerse con relativa facilidad sobre «cosas», pero no deviene tan sencillo realizar el mismo proceso cuando se ven implicadas otras personas, como por ejemplo ocurre en el terreno de las relaciones sociales

Cuando el resto de personas que del contexto cercano no responden como uno esperaría se produce, entre otras emociones, una reacción de miedo. Este, usualmente, lleva de forma clara al desarrollo de un sentimiento de desconfianza el cual cuya mella en el propio individuo condiciona directa o indirectamente otras relaciones interpersonales presentes y futuras. 

Debido a ello, tal sujeto adopta tal desconfianza como mecanismo de defensa contra la aparición de sufrimiento, dejando de ser consciente de su incipiente alejamiento emocional respecto de su entorno social que va creciendo paulatinamente.

Temor vs. Seguridad o Comodidad (Control)

Ejercer cierto nivel de control puede resultar beneficioso puesto que posibilita el aumento de confianza en uno mismo; el hecho de preservar cierto orden en las diferentes facetas vitales se relaciona con un autoconcepto positivo. 

El control genera una sensación de seguridad, ya que usualmente se vincula a un estado psicológico de confort, un estado de comodidad. Sin embargo, adoptando este tipo de filosofía, el individuo tendrá cada vez la necesidad de controlar más aspectos para mantener dicho nivel de seguridad subjetiva, viéndose inmerso en una escalada interminable e infinita de fuentes de preocupación que requerirán ser dominadas de inmediato. 

Parece obvio pensar que a mayor voluntad de seguridad, mayor es el temor a su pérdida. Así, la incertidumbre (la diferencia existente entre la expectativa y la realidad) deja de ser un fenómeno tolerable y pasa a ser un ente a evitar a toda costa. La problemática se encuentra en la imposibilidad de eliminar dicha incertidumbre, ya que es algo intrínseco al devenir, al tiempo futuro, tal como defiende Nardone (2012), un experto psicólogo en la materia.

Eligiendo filosofía de vida

Por todo lo anterior, al individuo le resta escoger entre ambas alternativas: optar por la comodidad u optar por la superación de los miedos y preocupaciones. 

De entrada, la primera opción alivia emocionalmente al sujeto, ya que se evita esa sensación tan desagradable como es el temor o la incomodidad. Sin embargo, elegir este camino a largo plazo, conlleva un mayor malestar psicológico. En cambio, la segunda opción, más compleja de poner en práctica sí consigue romper romper la espiral miedo-control-ansiedad-evitación mencionada. 

Para alcanzar este objetivo deberán modificarse creencias nucleares, patrones de comportamiento aprendidos y actitudes generalizadas respecto el objeto fuente de dicho temor.

Tipos de miedos

Guix (2007) en su obra distingue entre los miedos reales (cuando existe una amenaza real para la supervivencia física, por ejemplo estar atrapado en un incendio) y los miedos psicológicos (donde la supervivencia psicológica es la que se encuentra comprometida, por ejemplo el miedo a volar en avión). Estos últimos pueden clasificarse en:

  • Miedos construidos, basados en emociones sociales elaboradas mentalmente.
  • Miedos recordados, reacciones derivadas de experiencias pasadas.
  • Miedos existenciales, relativos a la vida y a la muerte.
  • Miedos del inconsciente.

Todos ellos tienen en común que poseen un objeto sobre el cual se refieren, un objeto que es conocido y que teme perderse, ya sea una relación de pareja a la cual se pertenece (independientemente de que sea satisfactoria o no lo sea), la preservación de la vida ante un accidente de coche o ante cualquier otra circunstancia que la pudiera poner en peligro. 

Las dos primeras se vinculan más estrechamente con la capacidad que posee el ser humano de crear algo inicialmente inexistente, lo cual se acaba viviendo como algo real, como algo que estuviera ocurriendo verdaderamente.

Vencer la inseguridad

A continuación puedes ver una serie de reflexiones e indicaciones que Guix (2006) propone en su obra como medidas de antídoto contra el virus del miedo y las preocupaciones:

1. Autoconocimiento

El primer paso que deberá realizarse es preguntarse a uno mismo si se desea o no superar estos temores. Aunque parezca una cuestión obvia, uno de los principales obstáculos que debe superar el individuo es elegir el deseo de afrontar sus propios miedos. Puede darse el caso, sin embargo, que la persona prefiera restar en su zona de confort (el hecho de mantenerse en sus miedos ya conocidos) evitando explorarse a sí misma. 

Este autoconocimiento significa e implica incertidumbre (“¿seré capaz de manejar aquello que voy a descubrir?” o “¿quiero realizar el esfuerzo de cambiar?”). La decisión entre tomar el camino entre seguridad y ausencia de temor es una de las barreras más costosas y determinantes que deben superarse.

2. Identificación de miedos

otra de las reflexiones que deben llevarse a cabo se refieren a aprender a identificar qué tipo de miedo (o miedos) se encuentran presentes y qué función están cumpliendo en la vida de la persona en cuestión. El hecho de conseguir que tal miedo deje de ser funcional es otro hito básico en el proceso.

3. Equilibrar el "hacer" con el "ser"

Cabe reflexionar sobre qué tipo de aspectos repercuten más en el bienestar emocional del ser humano: lo instrumental-material o más bien lo espiritual-intangible. Para ello, es fundamental invertir los principios en que se basa la organización social actual, el capitalismo, restando importancia a los logros y a la competitividad para otorgárselos a los aspectos relativos al ser y a la vida en comunidad.

4. Aceptación y tolerancia a la incertidumbre

La creencia de que todo está bajo control no es más que una ilusión construida mentalmente para generar sosiego: sólo es una creencia, no una realidad, y eso puede generar frustración.

Ello tiene la ventaja de que, al ser algo elaborado por uno mismo, podría desmontarse de igual manera como se creó. Sin embargo, el hecho de que dicha creencia fue precisamente cosecha propia, provoca mayor complejidad al individuo en la empresa de su eliminación. Es decir, podría decirse que la persona se acaba encariñando con sus propias creencias, aunque estas sean desadaptativas. 

Por otra parte, parece necesario abrazar la tolerancia a lo desconocido y al devenir, como algo natural e intrínseco a la vida del hombre. Y ello combinado con la limitación en la fijación de excesivas expectativas sobre tal incerteza. Finalmente, la aceptación de uno mismo como ser que puede (y "debe") cometer errores, el permiso para fallar o "no llegar", deviene otra de las creencias nucleares que deben trabajarse en combinación con lo anteriormente expuesto.

Referencias bibliográficas:

  • Guix, X. (2007): ¡Descontrólate! Ed. Granica: Barcelona.
  • Nardone, G. (1995): Miedo, pánico, fobias. Ed. Herder: Barcelona.
  • Nardone, G., De Santis, G y Salvat Farré, P. (2012): Pienso, luego sufro. Ed. Paidós: Barcelona.