Todos conocemos a alguien que se hace constantemente la víctima. Es esa persona en nuestra familia, grupo de amigos o círculo de conocidos que nos está recordando, una y otra vez, que le hicimos algo malo en el pasado, pese a que, también, son muchas las cosas buenas que hemos hecho por ella.

El victimismo es un tipo de mentalidad que, a niveles extremos, puede ser considerado patológico. Se han realizado varios estudios para tratar de abordar de forma más científica este constructo, y a continuación vamos a ver un poco más a fondo qué es lo que dicen y qué dimensiones se han propuesto para el victimismo.

¿Qué entendemos por victimismo?

La vida social está llena de ambigüedad. Por ejemplo, puede pasar que un día le enviemos un mensaje a nuestro amigo, lo vea y, en vez de contestarnos, no nos diga nada. También puede pasar que vayamos por la calle, nos crucemos con un desconocido, este nos mire como con cara asqueada y nos preguntemos por qué. Estas situaciones se pueden interpretar de muchas formas, en función de lo que nos haya enseñado nuestro contexto sociocultural y nuestras propias características de personalidad.

Puede que pensemos que nuestro amigo no nos ha contestado porque está enfadado con nosotros, o que le molestamos. También puede darse el caso de que el desconocido que nos ha mirado con mala cara le hayamos repugnado, no pudiendo evitar mostrarnos una mueca de desaprovación. Sin embargo, lo más probable es que nuestro amigo nos haya dejado en visto olvidándose de contestar y el señor desconocido ni se haya enterado de qué cara estaba poniendo o, si quiera, se haya percatado de nuestra existencia.

La mayoría de las personas tendemos a superar las situaciones socialmente ambiguas con facilidad, regulando nuestras emociones y sabiendo que no todo tiene por qué significar algo malo. Sin embargo, hay personas que tienden a verse a sí mismas como víctimas de todo tipo de desgracias, percibiendo el mundo como un entorno terriblemente hostil y negativo, y viendo malicia en todas las acciones que hacen aquellas personas que en algún momento les han hecho alguna ofensa.

El victimismo interpersonal ha sido definido por Rahav Gabay como el sentimiento de verse uno mismo como una víctima, generalizándose en muchos tipos de relaciones. Como resultado, la victimización se transforma en un elemento fundamental de su identidad individual. Las personas que poseen esta mentalidad tienden a manifestar un locus de control muy exteriorizado, es decir, atribuyen sus “desgracias” a fenómenos que no pueden controlar, como el destino, la (mala)suerte o el libre albedrío de otras personas.

Las investigaciones que han profundizado científicamente sobre este constructo, mayormente desarrolladas en el Estado de Israel, han planteado la existencia de cuatro dimensiones dentro del victimismo:

  • Búsqueda constante del reconocimiento del victimismo propio
  • Sentido de elitismo moral
  • Falta de empatía ante el daño y sufrimiento ajenos
  • Constante rumiación sobre victimización en el pasado

También han tratado de ver cómo el ser víctima (victimización) repercute en el grado de victimización. Un importante hallazgo ha sido que, aunque relacionados dos fenómenos, una persona que ha sido víctima de una ofensa grave, tanto a nivel físico como puede ser una agresión como a nivel mental como puede ser el maltrato psicológico no tiene por qué desarrollar una mentalidad victimista. No es necesario que una persona con tendencia hacia el victimismo haya sido víctima de una gran ofensa en el pasado.

Dimensiones del victimismo

Como hemos comentado, de acuerdo a las investigaciones llevadas a cabo por los grupos investigadores de Rahav Gabay, Emily Zitek y otros, serían cuatro las dimensiones dentro del constructo del victimismo.

1. Búsqueda constante del reconocimiento del victimismo propio

Las personas que puntúan alto en esta dimensión muestran una constante necesidad de que la gente conozca su sufrimiento, sea este realmente grave o simplemente una exageración de un daño menor.

Generalmente, cuando una persona sufre algún tipo de ofensa, busca apoyo y soporte emocional en su círculo más cercano. Esto se hace debido a que, tras la agresión o vejación, la visión que se tenía del mundo como un lugar justo y moralmente correcto se hace añicos. Para recuperarla, se hace necesario acudir a alguien que reafirme a la víctima que su daño ha sido injusto, y que las personas moralmente correctas ven en ello una ofensa grave.

Además, es totalmente normal que una persona que ha sido víctima de una ofensa quiera que el perpetrador de la misma pague por sus errores, reconociendo su culpa, arrepintiéndose y recibiendo el castigo que corresponda. La validación del daño recibido y reconocimiento por parte del ofensor se ha estudiado en pacientes, viéndose que, cuando quien lo ha hecho reconoce su error y el entorno de la víctima empatizas con ella, su proceso de recuperación en la terapia se acelera.

2. Sentido de elitismo moral

Altas puntuaciones en el sentido de elitismo moral implican un mayor grado de autopercibirse como una persona de recta e inmaculada moralidad, viendo a los demás como seres inmorales. Es frecuente que las personas victimistas acusen a los demás de ser personas incorrectas, injustas, egoístas e inmorales, viéndose a sí mismas como superiores a ellas y tratando de controlarlas mediante quejas y reproches a su conducta.

Se ha planteado que el elitismo moral se desarrolle como un mecanismo de defensa contra unos sentimientos profundamente doloroso, además de servir como vía para obtener y enaltecer una autoimagen positiva sesgada. Pese a que pueden tender a ser personas agresivas y con impulsos destructivos, las personas que puntúan alto en el elitismo moral proyectan estos rasgos en los demás, y siempre se ven como personas perseguidas, vulnerables y moralmente superiores.

3. Falta de empatía ante el daño y sufrimiento ajenos

Las personas que puntúan alto en esta dimensión están preocupadas con su propio victimismo, olvidándose que los demás también pueden ser víctimas. Se ha visto que las personas más victimistas que realmente han sido víctimas tienden a legitimar su conducta agresiva y egoísta con los demás, ignorando el sufrimiento ajeno o menospreciándolo.

De acuerdo con las investigaciones realizadas por el grupo de Emily Zitek, las personas con este tipo de victimismo creen haber sufrido tanto que ya no tienen la necesidad de respetar o sentir empatía hacia los demás. Incluso son capaces de rechazar ayudar a los demás porque consideran que no se lo merecen, que tampoco es para tanto. A esto se le ha llamado “egoísmo de victimismo”.

4. Constante rumiación sobre victimización en el pasado.

Es frecuente que las personas victimistas rumíen constantemente sobre las ofensas recibidas, por pocas y leves que hayan sido. Entran en un bucle sin fin en el que recuerdan lo que le dijeron, el daño que le hicieron o cualquier acción desagradable, en vez de pensar o discutir sobre posibles soluciones al problema o intentar evitarlo.

Además, se ponen en lo peor, pensando que eso puede volver a ocurrir y escenifican cómo van a responder cuando suceda. Se ha observado que las personas que más rumían sobre las ofensas recibidas menos propensas son a perdonar a quien les hizo daño, y más partidarias a vengarse.

Consecuencias de esta mentalidad

En un conflicto interpersonal todas las partes implicadas intentan mantener una autoimagen moral positiva. Es decir, tanto si se es víctima como si se es el agresor lo normal es que todos se vean a sí mismos como quienes tienen razón. Así pues se crean dos realidades subjetivas.

Por un lado, las personas agresoras tienden a minimizar el daño que han hecho, mientras que las víctimas tienden a maximizarlo, viendo en las acciones de sus ofensores algo arbitrario, sin sentido, inmoral y más grave de lo que son.

El grupo de Gabay detectó tres tipos de sesgos que se dan como consecuencia de poseer una mentalidad victimista: sesgo de interpretación, atribución de conductas dañinas y sesgo de memoria.

1. Sesgo de interpretación

El sesgo de interpretación tiene que ver con el grado en el que se percibe la gravedad de la ofensa en una situación social. Se ha visto que las personas más victimistas interpersonales ven todas las ofensas como auténticos ataques personales, por muy leves que sean. Es decir, las interpretan de forma más exagerada.

2. Atribución de conductas dañinas

Es un sesgo muy común entre las personas con victimismo interpersonal elevado atribuir intenciones dañinas a las acciones de los demás, combinadas con cierta paranoia. Es decir, piensan que el mundo les va a acabar haciendo daño.

3. Sesgo de memoria

Se ha visto que las personas con alto victimismo tienden a recordar eventos más negativos. Esto se ha estudiado experimentalmente viendo qué tipo de vocabulario se le viene a la cabeza a las personas que puntúan alto en este constructo cuando se le presentan diferentes estímulos, tanto sociales como neutros.

Se observó que tendían a recordar más palabras que representan conductas y sentimientos relacionadas con daño interpersonal, como “traición”, “ira”, “decepción”, y recuerdan emociones negativas más fácilmente.

Causas del victimismo

Los factores detrás de que una personas sea más victimista son varios. Como hemos comentado, el haber sido víctima de una ofensa no siempre implica acabar teniendo una mentalidad victimista, ni al revés. Lo que sí se ha visto es que estos dos fenómenos podrían estar relacionados y, en caso de darse juntos, incrementarían las conductas victimistas todavía más.

Se ha visto que un factor que podría estar detrás de desarrollar una mentalidad victimista es el poseer una personalidad ansiosa. Este tipo de personas tienden a ser muy inseguras y buscan la aprobación y validación de los demás. Al busca reafirmación continuamente, están llenos de dudas sobre su propio valor social, con lo cual al mínimo acto desagradable que les hagan los demás lo perciben como un ataque personal y su estabilidad emocional, que ya de por sí es poca, se desmorona.

Referencias bibliográficas:

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