Una persona sostiene un instrumento hecho para fumar tabusco. Gtresonline

Según las estadísticas, seis de cada diez drogodependientes padecen también alguna clase de trastorno mental.

Si bien es cierto que pueden ser consideradas como dos afecciones separadas, en realidad las personas son víctimas de una enfermedad crónica conocida como patología dual.

Estos pacientes pueden llegar a sufrir una gran cantidad de síntomas, hasta el punto de que su situación personal y familiar se ve completamente desbordada, convirtiéndose en una circunstancia insostenible para ninguno de ellos.

¿Qué es la patología dual?

Dentro del ámbito de la salud mental se denomina patología dual a aquella afección que combina, de forma concomitante, una adicción con algún tipo de trastorno mental.

Existe un amplio abanico de tipos de trastorno mental que pueden sufrir estas personas, yendo desde un trastorno de ansiedad; hasta trastornos psicóticos o esquizofrénicos, trastornos del estado de ánimo como la depresión o el trastorno bipolar; y los distintos rasgos patológicos de la personalidad.

Asimismo, al tiempo que la persona padece algún tipo de enfermedad o afección psiquiátrica, también sufre una adicción a cualquier tipo de sustancias tóxicas. Esta adicción puede ser a cualquier sustancia aceptada por la sociedad como el tabaco, el café, el alcohol o ciertos medicamentos; o bien a algún tipo de narcótico o estupefaciente como la cocaína, anfetaminas o cannabis.

En algunos casos se han registrado también adicciones de tipo comportamental como ludopatías o adicción a internet y a las redes sociales.

Causas de la patología dual

Desde una perspectiva teórica, existen diferentes vínculos de causa-efecto entre los dos diagnósticos propios de la patología dual. Estas posibles causas son:

1. Trastorno mental como factor de riesgo

Padecer algún tipo de trastorno mental supone un factor de riesgo a la hora de desarrollar algún tipo de adicción. Las enfermedades psiquiátricas constituyen un factor premórbido en la patología dual, debido los diferentes rasgos de los trastornos tales como impulsividad, el estado de ánimo depresivo o la reclusión y el retraimiento social.

2. Consecuencia del consumo de sustancias

Los rasgos patológicos de personalidad también pueden considerarse una secuela o efecto de un trastorno de uso de sustancias (TUS). Estos efectos pueden ser debidos a las consecuencias o efectos que la droga tiene sobre el organismo, o a los agentes estresores relacionados con el consumo.

3. Elementos causales comunes

Otra de las posibles causas de la patología dual es que existan factores de vulnerabilidad comunes que rodean a la persona, los cuales pueden facilitar tanto la aparición de un trastorno mental como de una adicción.

4. Independencia de los trastornos

Finalmente, existen casos en los que ambos trastornos son independientes, no pudiéndose hallar entre ellos ningún tipo de asociación de causa-efecto. En estos casos la conexión entre ambos diagnósticos vendría dada por el propio diseño de los clasificaciones diagnósticas, los cuales dan lugar a que se puedan solapar las valoraciones de las diferentes categorías.

Manifestaciones clínicas o síntomas

Además de los síntomas propios de cada uno de los trastornos, los pacientes con algún tipo de patología dual suelen presentar una serie de manifestaciones clínicas comunes. Estos síntomas o manifestaciones características son:

1. Inestabilidad emocional

Además de ser un síntoma propio de cualquier trastorno de personalidad, la inestabilidad emocional y el estado de ánimo depresivo son manifestaciones muy habituales en personas con trastorno de consumo de sustancias.

2. Desorganización cognitiva

La desorganización cognitiva, es decir, la tendencia a que el pensamiento se transforme en pensamientos desorganizados o tangenciales, también es propio de algunas enfermedades mentales. Sin embargo, es un síntoma bastante común entre las personas que padecen de patología dual, independientemente de su diagnóstico de alteración mental.

3. Impulsividad y agresividad

Los pacientes diagnosticados de patología dual, tienden a presentar conductas impulsivas y/o violentas. Esta conducta colérica se puede dar tanto en forma de autoagresividad, provocándose autolesiones, como en forma de agresividad hacia los otros expresada de manera repentina e impulsiva.

Tratamientos de la patología dual

En la actualidad no se ha elaborado un tratamiento específico para las personas con patología dual. El protocolo de actuación consiste en abordar por una parte el trastorno mental y, además, realizar una intervención paralela para el trastorno de consumo de sustancias.

Estos tratamientos consisten en una combinación de intervención psicológica, la cual es considerada como el tratamiento de elección en prácticamente todos los casos, con la administración de psicofármacos, los cuales presentan una eficacia más limitada pero son de gran utilidad para la disminuir la sintomatología que interfiere con la evolución del paciente.

Asimismo, es necesaria también la intervención con familiares del paciente, con la finalidad de facilitarles el manejo de la convivencia y el afrontamiento de los síntomas y conductas del paciente.

En los casos en los que el trastorno por consumo de sustancias sea subyacente a la enfermedad psiquiátrica, el tratamiento de la drogodependencia será prioritario al del trastorno mental. Dado que es muy probable que al disminuir los síntomas del primero, mejoren también los del segundo.

Otra las de las intervenciones que han resultado de gran utilidad en el tratamiento de la patología dual son las técnicas psicoeducativas encaminadas a concienciar sobre los efectos y peligros del consumo de sustancias, así como las entrevistas motivacionales.

Trastornos de la personalidad asociados

Tal y como se menciona anteriormente, son muchos los trastornos o afecciones mentales que pueden aparecer o formar parte de una patología dual. Sin embargo, existen dos de ellos que destacan por su grado de aparición. Son el trastorno antisocial de la personalidad y el trastorno límite de la personalidad, para los cuales existe un tipo de intervención más específica.

Trastorno antisocial de la personalidad

Habitualmente, se dan dos tipos de dificultades en la intervención con estos pacientes. Una de ellas es que no es habitual que el paciente asista al tratamiento por propia determinación, por lo que tanto el personal sanitario como el terapeuta son percibidos como “enemigos”.

La segunda complicación es que el consumo de drogas tiende a permanecer y resistirse al tratamiento psicológico, hecho que genera unos altos niveles de frustración en el clínico.

A causas de esto dos factores, es aconsejable seguir una serie de pautas ordenadas de manera jerárquica. A lo largo de las cuales se han de ir implantando una serie de modificaciones cognitivas y conductuales. Esta serie de pasos son:

  • Dado que las conductas del paciente tienen como meta la obtención de recompensas o la evitación de castigos, se debe realizar junto con él, un análisis de ventajas e inconvenientes de la realización de ciertas conductas.
  • Una vez que el paciente sea consciente de las consecuencias de sus actos y de los resultados que esta pueda tener sobre los otros, se procede a guiarle en torno a las consecuencias de sus conductas a largo plazo, utilizando técnicas como la imaginación guiada, de probada eficacia.
  • Actuar sobre la persona para que este asimile el respeto y aprecio a las normas y a la consideración para con los demás.

Trastorno límite de la personalidad

De forma muy parecida al trastorno antisocial de la personalidad, las personas con trastorno límite de la personalidad son difíciles de tratar en tanto en cuanto siente una baja tolerancia a la frustración, es muy complicado que aprendan de sus propios errores, y además persisten en el consumo de sustancias.

Asimismo, presentan una gran variedad de distorsiones cognitivas y una tendencia al pensamiento dicotómico que dificulta la intervención psicológica del profesional.

Uno de los pasos a seguir en el tratamiento de estos pacientes es el de trabajar y facilitar las herramientas para mejorar sus habilidades sociales, así como a saber cómo gestionar la frustración. Mediante la reestructuración cognitiva, la terapia ocupacional y la terapia familiar se han conseguido grandes avances en el tratamiento de este tipo de patología dual.