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Técnica de la reversión del hábito: qué es y cómo se usa

Esta técnica es utilizada en el tratamiento de trastornos relacionados con el control de impulsos.

Nahum Montagud Rubio

Nahum Montagud Rubio

Técnica de la reversión del hábito

Los tics pueden ser unas conductas que, aunque simples, pueden implicar un grado significativo de malestar en la persona quien los manifiesta.

Es por este motivo que en psicoterapia se suele trabajar sobre ellos a partir de la técnica de la reversión del hábito, una herramienta que permite introducir una conducta que impida la aparición del tic o hábito no deseado. Veamos en qué consiste esta técnica.

¿Qué es la técnica de la reversión del hábito?

La técnica de la reversión del hábito es un tipo de terapia comportamental que se ha mostrado muy eficaz en la extinción de conductas repetitivas, hábitos perjudiciales y tics.

Esta técnica fue originalmente elaborada por N. H Azrin y R. G. Nunn, y se suele utilizar en aquellas personas quienes realizan acciones que son problemáticas tanto para su salud física como mental, además de implicar un alto grado de intromisión en su vida social. Entre estas conductas problemáticas podemos encontrar todo tipo de tics, arrancarse el pelo (tricotilomanía), morderse las uñas (onicofagia) o pellizcarse la piel. La terapia es apropiada para cualquier grupo de edad y origen socioeconómico.

Se trata de un procedimiento que consta de cinco fases que suman un total de once técnicas, de acuerdo con la propuesta planteada por Azrin y Nunn en 1973.

1. Toma de conciencia

En esta fase se hace que la persona se vuelva consciente de los estímulos y situaciones que pueden fomentar la aparición de un tic perjudicial, un hábito indeseado o un patrón de conducta que le supone algún tipo de daño a él y a los demás.

Es aquí que se hace una descripción detallada de la conducta a extinguir, y se fomenta un entrenamiento que haga que la persona tome solución voluntaria de la problemática.

Además, se entrena a la persona para que se vuelva consciente de cuándo está realizando el tic, y que sepa detectar los antecedentes que fomentan su aparición.

2. Entrenamiento en relajación

Los hábitos o tics pueden ser comunes cuando la persona se encuentra en un período de alto estrés.

Es por este motivo que puede ser de gran utilidad que aprenda habilidades que contribuyan a relajarse, como pueden ser la respiración profunda, la imaginación de lugares agradables, mindfulness o técnicas como el yoga y la meditación.

3. Entrenamiento en realizar una respuesta incompatible con el hábito

En esta fase se hace que la persona desarrolle una conducta no perjudicial que impida la aparición del hábito que se desea extinguir.

Para ello, la nueva conducta debe reunir las siguientes características:

  • Que impida que aparezca el tic/hábito.
  • Que dure por varios minutos.
  • Que incrementa la conciencia sobre la conducta problema.
  • Ser socialmente aceptable.
  • Ser compatible con la actividad normal
  • Que fomente los músculos antagonistas de la conducta tic/hábito indeseado.

4. Motivación

Esta fase está dirigida tanto al paciente como a su círculo cercano, usualmente su familia.

En ella se hace una revisión de los inconvenientes que supone el tic o hábito-problema, además de fomentar el apoyo social, haciendo que una o varias personas de su entorno se involucren y ayuden en el éxito de la terapia.

5. Entrenamiento en generalización

Implica la realización de ejercicios en los que el paciente debe imaginarse realizando la técnica en situaciones peligrosas identificadas en la primera fase.

Trastornos en los que se utiliza

La técnica de la reversión del hábito suele utilizarse en todo trastorno en el que hayan tics. Se debe entender que un tic es una serie de movimientos, más o menos involuntarios y repetitivos, o vocalizaciones inapropiadas que no son conductas típicas para el contextos en el que se están dando.

Los trastornos por tics representan un grupo de trastornos interrelacionados, en los cuales se incluyen el síndrome de Tourette, Trastorno Obsesivo-Compulsivo y otros trastornos de la ansiedad, como ansiedad generalizada, fobia social y trastorno por estrés postraumático.

Sin embargo, esta terapia es especialmente útil en la tricotilomanía y la onicofagia, conductas que, si bien en función del grado en el que se den pueden considerarse más o menos graves, son, en esencia, tics. Esta técnica se ha mostrado eficaz para evitar estas conductas, las cuales implican grados de perjuicio en la vida de la persona muy variables.

Uso en tricotilomanía

La tricotilomanía es un trastorno en el que la persona sufre una compulsión crónica por arrancarse el cabello, lo cual implica la pérdida, de forma notoria, de cabello, además de estrés y problemas a nivel social. En este trastorno conductual no solamente se arranca el cabello, sino que además se suele realizar un ritual con el pelo arrancado, como el comerse la raíz, palparlo con los labios, o arrancarse otro cabello que “reúna las características deseadas”.

Pese a que puede parecer un problema poco frecuente y un tanto raro, lo cierto es que es de las conductas patológicas más comunes, encontrándose una prevalencia entre el 0,6% y el 2,5% de la población general. Es especialmente alta en grupos de alto estrés como personas con psicopatología, estudiantes universitarios o personas muy neuróticas.

Es por esto que la técnica de la reversión del hábito suele utilizarse con personas quienes manifiestan estos tipos de tics. En este caso particular, se hace ver al paciente el por qué opta por arrancarse el cabello, relacionar cómo se dan las situaciones de estrés y qué hace que opte por esta conducta y no por una más sana, como podría ser masticar chicle o tratar de hacer relajación. Se trata de incorporar una conducta que impida que la persona se arranque el cabello.

Uso en adicciones

Esta técnica es utilizada también en situaciones en donde hay dependencia a sustancias, como es el caso de las adicciones, dado que el paciente, concienciado de que tiene un problema y debe superarlo, trata conscientemente dejar de consumir. Sin embargo, hay ciertas conductas que le cuesta superar, ya sea porque cree que no tienen relación con su problemática o porque las tiene tan automatizadas que no hay forma por parte suya de extinguirlas.

Entre estas conductas podríamos encontrar, por ejemplo, el encender un cigarrillo de la misma manera que lo hacía con un “porro”, entrar en los mismos bares en donde se emborrachaba, aunque ahora solo tomar el desayuno, mantener relación con aquellas personas que le introdujeron en la adicción...

Estos problemas suelen ser objeto de intervención en los tratamientos para las adicciones, pero muchas veces no son tenidos en cuenta en su debida consideración, con lo cual se están obviando o menospreciando una serie de factores que pueden hacer que la persona fracase en su lucha contra el consumo de sustancias.

Es por ello que la técnica de la reversión del hábito se puede mostrar útil en el abordaje terapéutico de estos patrones de conducta que inducen a recaer en la adicción. Si bien, como decíamos anteriormente, está enfocada más en los tics crónicos, también puede ser útil a la hora de extinguir aquellas conductas que predisponen a volver a consumir.

Se incorporan hábitos que impidan que la persona consuma, como puede ser el beber un vaso de agua cuando tiene ganas de beber o fumar, hacer que toque un instrumento, masticar chicle…

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