En la actualidad el término “libido” se encuentra muy extendido en el lenguaje coloquial; en este contexto se entiende este concepto como un sinónimo del deseo o de los impulsos sexuales. 

No obstante, la definición de la libido creada por Sigmund Freud no se refiere sólo a la sexualidad sino que es más amplia, y resulta fundamental para comprender el resto de su teoría.

Definiendo la energía libidinal

Según la definición propuesta por Sigmund Freud, la libido es la energía de las pulsiones o instintos que dirige toda forma de conducta. Inicialmente afirmó que la libido siempre tenía un carácter sexual y que el resto de pulsiones eran secundarias a la de reproducción; sin embargo, a medida que desarrolló su teoría Freud incluyó otros tipos de energía en este concepto.

En el psicoanálisis freudiano clásico el término “libido” se utiliza generalmente para hacer referencia a un afecto (o emoción) vinculado a una pulsión concreta, que puede asociarse al Ello o al Yo. Más adelante este autor pasó a denominar “pulsión de vida” o “Eros” a los impulsos de estas clases, y añadió otro tipo diferente de pulsión: la de muerte o Tánatos.

La cantidad de libido de la que dispone la psique de un individuo determinado es limitada. Por tanto, los procesos mentales compiten entre ellos por tal de producirse, y algunos tienen un coste muy elevado, pudiendo llegar a interferir en otros; por ejemplo, Freud afirmó que el mecanismo de defensa conocido como represión es especialmente costoso para la mente.

El concepto de libido según Carl Jung

Carl Gustav Jung, fundador de la escuela de psicología analítica, identificó el concepto de libido con la energía psíquica en general. Se trataría de la manifestación de los procesos vitales, que con frecuencia toma la forma de un deseo. Su origen sería la oposición entre dualidades en la mente, como la que hemos mencionado entre el Ello y el Superyó.

Aunque las definiciones de ambos autores son similares, la concepción jungiana de la libido es uno de los principales puntos de colisión entre Jung y Freud: mientras que para el padre del psicoanálisis la energía libidinal es básicamente sexual, Jung y los autores que siguieron sus pasos creían que la libido tiene un carácter mucho más amplio e indiferenciado.

Jung tampoco estaba de acuerdo con Freud en la concepción de la mente como un producto del sustrato biológico del organismo. Por tanto, podemos decir que las ideas del más famoso de sus discípulos se caracterizan por un mentalismo aún más marcado; en este sentido es importante tener en cuenta la gran influencia que ejerció la religión sobre Jung.

El Ello, la libido y el principio de placer

La libido se encuentra contenida en el Ello, una de las tres estructuras de la mente descritas por este autor. Mientras que el Ello representa la parte más básica y primitiva de nuestro ser, el Yo y el Superyó surgen a lo largo del desarrollo para satisfacer las demandas del organismo y del entorno y para proveernos de una conciencia moral, respectivamente.

El Ello está regido por el principio de placer; esto significa que dirige el comportamiento hacia la obtención de placer inmediato. Además esta parte de la psique depende de procesos inconscientes, de modo que frecuentemente no sabemos cuáles son los impulsos que motivan nuestra conducta.

Por su parte, el Yo se ocupa de obtener gratificación teniendo en cuenta el principio de realidad. Esto significa que el Yo contiene la energía libidinal del Ello para que sus instintos puedan ser satisfechos de un modo adecuado en relación a las reglas y exigencias del entorno, lo cual incluye aspectos como el razonamiento a largo plazo y el juicio social.

El Superyó cumple la función de modelo de comportamiento para el Yo. En esta estructura residen las normas y los valores sociales interiorizados a través de la interacción con otros miembros del mismo grupo social, en particular los padres y otras figuras de autoridad. Así, la libido del Ello empuja al Yo a obtener placer mientras que el Superyó prioriza la moralidad.

Las etapas del desarrollo psicosexual

Según la teoría de Freud, la libido se expresa de formas distintas en función del estadio del desarrollo en el que se encuentre el individuo en un momento determinado. Así, este autor describió una series de fases evolutivas que serían comunes a todos los seres humanos; cada una de ellas se relaciona con una zona erógena concreta en la que se focalizaría la libido.

Freud describió 5 etapas del desarrollo psicosexual: la fase oral, en que el placer se obtiene a través de la boca; la fase anal; la fase fálica, caracterizada por el complejo de Edipo; el periodo de latencia, en que la libido se redirige a actividades no sexuales mediante la sublimación; y la fase genital, que se corresponde con la llegada de la pubertad y la madurez sexual.

En ocasiones la energía libidinal se estanca en un estadio del desarrollo anterior al actual; Freud se refirió a esto como “fijación”. Este fenómeno, origen del malestar y de la psicopatología, podría derivarse tanto de la frustración de las necesidades libidinales en el estadio en cuestión como de su satisfacción excesiva, que puede ser igualmente problemática.