El amor y la autoestima en tiempos del narcisismo

En los últimos años, es muy frecuente confundir autoestima y narcisismo en las relaciones afectivas.

El amor y la autoestima en tiempos del narcisismo

Se habla mucho de éxito, pero poco de autorrealización personal. Ya lo decía Abraham Maslow cuando en 1943, creó su teoría sobre la motivación humana representada como una pirámide de necesidades. Desde la más básica (la supervivencia), hasta la más elevada como la autorrealización.

Después de la necesidad de autoestima, de autorreconocimiento y de reconocimiento por parte de los demás, necesitamos autorrealizarnos. Darle un sentido a las acciones que realizamos. La autorrealización es la última escala de la pirámide. Es la motivación de crecimiento, la “necesidad de ser”.

La importancia de no confundir autoestima y narcisismo

Hasta ahora está de “moda” tener autoestima, pero no se ha dicho cómo hacerlo. En EE. UU., hubo un movimiento a favor de fomentar la autoestima, pero no se dejó claro cómo llevarlo a cabo. Esto hizo que incrementase el porcentaje de personas con rasgos narcisistas. Estamos favoreciendo el individualismo sin empatía, en lugar del amor propio teniendo en cuenta a los demás.

No obstante, en nuestro país, venimos de dos modelos opuestos y no integrados de crianza. El autoritario, donde hay que ser duro, fuerte, minimizar u ocultar las emociones y reprimirlas. Fomentando la autosuficiencia. Y el sobreprotector, que potencia la dependencia emocional, la obediencia, ponerse en un segundo plano y amar al prójimo por encima del amor a uno mismo. Las personas podemos tener dificultades al identificar qué es una autoestima sana.

El narcisista tiene una imagen idealizada de sí mismo. Es egocéntrico, no empatiza. Sólo lo hace en caso de reciprocidad negativa, es decir, cuando se trata de obtener un beneficio a expensas de la otra parte.

Cuando nos piden que describamos a nuestra pareja ideal, probablemente digamos rasgos que pueden tener los narcisistas: seguros de sí mismos, extrovertidos, que luchen por lo que quieren, que tengan muchos intereses o aficiones… Sería más adecuado preguntarnos. ¿Cómo nos hace sentir esa persona? En vez de fijarte en las cualidades, observa cómo te hace sentir. ¿Cómo son tus emociones cuando estás con alguien? ¿Estás calmado o tranquilo? o por el contrario ¿estás alerta, te sientes mal o a la defensiva?

El narcisista busca seguidores (followers). Si buscamos sólo personas a las que admirar, escuchar o centrarnos en ellas probablemente nos topemos con muchos. Buscan personas excesivamente empáticas. La empatía es una cualidad, pero como todos los rasgos de la personalidad, hay que mantenerlo equilibrado. Si la persona siempre antepone al otro antes que, a ella misma, va a bajar su autoestima, y no va a sentir que se le tenga en cuenta. Si, por el contrario, se da una excesiva importancia y obvia qué necesita el resto, peca de egocentrismo. Hay personas que se rinden pleitesía a sí mismas. Así pues, como decía Aristóteles “In medio Virtus”. La virtud está en el equilibrio, ni en el exceso ni en el defecto.

¿Qué es realmente una buena autoestima?

Hoy en día se confunde el empoderamiento y una buena autoestima, con una actitud defensiva, altiva, egoica. Cuando una persona se siente bien consigo misma, es muy natural. No anda presumiendo. Cuando hay autoestima hay empatía equilibrada.

La autoestima es un “yo-tú”. Si soy un “yoyo”, voy a buscar que me admiren, que me sigan, que me endiosen. Voy a tener una autoestima inflada, en definitiva, falsa, porque en el momento en que me critiquen, me voy a enfurecer, o voy a minimizar al otro. Cuando soy un “tú-tú”, entonces voy a actuar como un mártir, siempre sacrificado por los demás, y voy a sentir que no se me tiene en cuenta, que no se me considera, que no soy importante.

Cuando la autoestima está equilibrada hay un “yo-tú”. Yo importo igual que tú. Ambos somos importantes. No hay relaciones de poder ni desigualitarias.

Estableciendo relaciones sanas

Cuando nos vinculamos con alguien, ya sea como pareja, amistad u otro rol, tenemos que ver de qué manera lo hacemos. Si nuestro apego es ansioso, vamos a endiosar a nuestra pareja o a los demás. Nos vamos a considerar menos que el otro y vamos a tender a culparlos por no darnos lo que necesitamos. Pregúntate: ¿acaso tú te conoces y sabes qué necesitas y quieres? ¿Acaso tú no estás responsabilizando al otro de cómo te sientes? ¿Acaso tú sabes estar en intimidad? ¿O cuando estás en la intimidad te pones en un segundo plano?

No sólo hay que centrarnos en qué nos pasa con los demás, sino en ver cómo nos vinculamos. Qué roles seguimos. Si nos vinculamos con narcisistas es que tenemos el rol de seguidores, empáticos, centrados en los demás. Tienes que romper con eso.

Y si somos los que nos comportamos desde la postura defensiva, egoica, anteponiendo todo lo nuestro por encima del resto, observemos que, aunque en un primer momento nos sigan o nos admiren, luego se cansan de nosotros. El otro no es una extensión de ti, tiene identidad propia. Cuando hay una autoestima equilibrada, como se dice en Análisis Transaccional, una teoría humanista de la personalidad y de las relaciones humanas, tenemos la posición existencial de: “yo estoy bien y tú estás bien”. Yo me acepto y te acepto a ti, aunque tú no pienses, o sientas o te comportes igual que yo.

Cuando hay narcisismo, “yo estoy bien y tú estás mal”. Te minimizo, porque tengo que quedar por encima de ti. Por el contrario, cuando la autoestima está baja, “yo estoy mal y tú estás bien”. Tus necesidades si importan, y las mías no. ¿Y tú? ¿Desde qué posición existencial te vinculas?

Artículos relacionados