Las apuestas deportivas combinan deporte, dinero y acceso digital inmediato. Aunque apostar alguna vez no implica desarrollar una adicción, los datos españoles muestran una presencia relevante del juego entre adolescentes. Entender sus mecanismos, la publicidad y las señales de riesgo permite abordar el problema sin alarmismo ni banalización.
Un partido de fútbol ya no termina necesariamente cuando pita el árbitro. Mientras se juega, un espectador puede apostar quién marcará el siguiente gol, cuántos córneres habrá o qué ocurrirá en los próximos minutos. El móvil permite hacerlo desde el sofá, repetir la apuesta inmediatamente y consultar cuotas mientras continúa el encuentro. La distancia entre mirar deporte y jugarse el dinero puede reducirse a unos pocos segundos.
Esta transformación resulta especialmente relevante entre los jóvenes. Hablar de una «epidemia silenciosa» puede resultar llamativo, pero no es una categoría científica y corre el riesgo de simplificar el problema. Lo que sí muestran los datos es que una parte significativa de los adolescentes juega dinero pese a que los menores no pueden legalmente participar en estas actividades. Además, las apuestas han entrado en el mismo ecosistema digital que videojuegos, redes sociales y otras formas de entretenimiento permanentemente disponibles. Veamos qué sabemos realmente sobre este fenómeno.

Javier Ares Arranz
Javier Ares Arranz
Psicólogo especialista en Depresión, Ansiedad y Pareja.
Las apuestas deportivas ya forman parte del paisaje digital juvenil
El Informe de Adicciones Comportamentales 2025 del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA), basado en la encuesta ESTUDES, ofrece una fotografía especialmente relevante. En 2025, el 24,4 % de los estudiantes españoles de entre 14 y 18 años declaró haber jugado dinero de forma online o presencial durante los 12 meses anteriores. El porcentaje ascendía al 34,7 % entre los chicos y se situaba en el 14 % entre las chicas.
El juego online, concretamente, pasó del 10,7 % en 2023 al 13 % en 2025. Y, entre los adolescentes que habían apostado por internet, las apuestas deportivas eran una de las modalidades principales: un 38,3 % de esos jugadores online declaró haberlas utilizado. La edad media declarada de inicio en el juego de azar online era de 14,3 años.
Los datos de cribado también merecen atención. El OEDA estimó un 4,9 % de posible juego problemático entre los estudiantes de 14 a 18 años mediante la escala Lie/Bet. La cifra alcanzaba el 8,4 % en chicos y el 1,4 % en chicas, y aumentaba con la edad hasta situarse en el 9,8 % entre los estudiantes de 18 años. Esto no equivale a decir que todas esas personas tengan un trastorno del juego: la escala detecta posibles situaciones de riesgo que necesitarían una evaluación más completa.
¿Qué hace diferentes a las apuestas deportivas online?
Apostar sobre deportes no es nuevo. Lo que ha cambiado radicalmente es la estructura del producto. Antes, alguien podía rellenar una quiniela y esperar días hasta conocer el resultado. Ahora es posible realizar decenas de apuestas durante un único partido.
Philip Newall, Alex Russell y Nerilee Hing revisaron las características estructurales de las apuestas deportivas modernas y señalaron elementos como las apuestas en directo, las combinadas, el cash out o la posibilidad de personalizar pronósticos. Algunas de estas funciones reducen enormemente el tiempo entre una apuesta y la siguiente y aumentan las oportunidades de continuar jugando.
Esto resulta importante porque las recompensas inciertas tienen una enorme capacidad para mantener la conducta. Ganar ocasionalmente puede reforzar el deseo de volver a apostar; perder puede generar, en algunas personas, el impulso de recuperar inmediatamente el dinero. A ello se suma una característica particular del deporte: el jugador puede sentir que sus conocimientos sobre fútbol, baloncesto o tenis le proporcionan cierto control sobre un resultado que continúa conteniendo un componente fundamental de incertidumbre.
No significa que cualquier aficionado que apueste termine desarrollando problemas. La vulnerabilidad depende de múltiples factores individuales y sociales. Pero la disponibilidad constante, la velocidad y la posibilidad de apostar sobre eventos que están ocurriendo en ese mismo instante pueden facilitar patrones mucho más intensos que formas tradicionales de juego.
Las apuestas dentro de una tendencia digital más amplia
Las apuestas deportivas no existen aisladas del resto de hábitos tecnológicos de los adolescentes. El mismo informe del OEDA encontró que un 19,4 % de los estudiantes de 14 a 18 años alcanzaba el umbral de posible uso compulsivo de internet y un 15,3 % el de posible uso problemático de redes sociales.
Estas cifras no significan que redes sociales, videojuegos y apuestas sean una misma adicción. Tampoco puede asumirse que una conducta digital cause necesariamente otra. Pero muestran un escenario en el que diferentes actividades potencialmente reforzantes se concentran en un dispositivo que acompaña al joven prácticamente durante todo el día.
La frontera también se ha vuelto menos evidente. Videojuegos con recompensas aleatorias, retransmisiones deportivas, pronosticadores en redes sociales, aplicaciones de apuestas y contenidos de streaming pueden convivir dentro de un mismo entorno. Una revisión sistemática sobre juego problemático online en adolescentes encontró una gran heterogeneidad entre estudios y herramientas de evaluación, pero confirmó precisamente la necesidad de estudiar el juego juvenil atendiendo a sus nuevas formas digitales y no únicamente al juego presencial tradicional.
Publicidad, deporte y normalización del juego
Las apuestas deportivas tienen, además, una particularidad: su producto está unido a una actividad enormemente popular. La exposición no ocurre únicamente cuando alguien entra deliberadamente en una casa de apuestas. Puede aparecer alrededor de partidos, pronósticos, redes sociales, patrocinios o contenidos relacionados con clubes y deportistas.
Una revisión española de 31 investigaciones sobre jóvenes y publicidad del juego encontró asociaciones entre una mayor exposición o recuerdo publicitario y actitudes más favorables hacia el juego, intención de apostar y determinados comportamientos de juego. Los autores advertían, no obstante, de que gran parte de la evidencia era observacional y que resulta difícil determinar los efectos a medio y largo plazo. Una revisión internacional publicada en Addiction en 2025 encontró igualmente que la publicidad ligada al deporte se asociaba con mayor frecuencia, gasto o probabilidad de apostar, aunque gran parte de los estudios procedía de Australia y predominaban diseños que no permiten establecer causalidad con certeza.
España endureció considerablemente la publicidad mediante el Real Decreto 958/2020. Actualmente, las comunicaciones comerciales de operadores de juego en medios audiovisuales están, con las excepciones previstas por la norma, restringidas a la franja de 01:00 a 05:00; durante retransmisiones deportivas en directo se aplica también esta limitación. La publicidad no puede dirigirse directa o indirectamente a menores y el patrocinio en camisetas y equipaciones deportivas continúa prohibido.
El marco, sin embargo, ha cambiado desde su aprobación. En 2024, el Tribunal Supremo anuló varios apartados del decreto, entre ellos restricciones relativas a promociones de captación y al uso de personajes públicos, por considerar insuficiente el respaldo legal para imponerlas reglamentariamente. En mayo de 2026, el Ministerio de Consumo abrió una reforma de la Ley del Juego para recuperar o reforzar algunas de estas limitaciones, incluyendo publicidad con famosos e influencers, promociones de captación y advertencias sobre riesgos. Según la información oficial más reciente localizada, se trataba todavía de una reforma en tramitación, no de una nueva regulación ya aprobada.
¿Cuándo deja de ser entretenimiento?
La frecuencia por sí sola no basta para determinar que existe un trastorno. Resulta más preocupante cuando aparece pérdida de control: apostar más dinero o durante más tiempo del previsto, intentar reducirlo sin conseguirlo o sentir que gran parte de la atención gira alrededor de las cuotas y los próximos partidos.
También pueden aparecer intentos de recuperar pérdidas aumentando nuevas apuestas, mentiras sobre el dinero gastado, préstamos, abandono de actividades, deterioro académico o laboral y conflictos con familiares o amigos. En adolescentes, los cambios económicos pueden ser inicialmente menos visibles porque disponen de cantidades menores de dinero, pero eso no impide que se genere un patrón problemático.
Precisamente, el OEDA encontró que, entre los estudiantes que habían jugado online, el 27,7 % alcanzaba el criterio de posible juego problemático de la escala Lie/Bet, frente al 23,5 % registrado en 2023. De nuevo, se trata de un instrumento de cribado y no de diagnósticos individuales, pero el aumento merece atención.
Prevenir no consiste únicamente en prohibir el móvil
Reducir el riesgo exige algo más que decir a los jóvenes que «apostar es malo». Conviene explicar cómo funcionan las cuotas, por qué la casa mantiene una ventaja estadística, cómo las pérdidas pueden favorecer nuevas apuestas y por qué saber mucho de un deporte no permite controlar resultados inciertos.
Las familias también pueden hablar abiertamente de publicidad, promociones y contenidos que presentan las apuestas como una extensión natural de ser aficionado al deporte. Cuando ya existe pérdida de control, ocultación, deuda o interferencia importante en la vida cotidiana, resulta recomendable una valoración profesional. El trastorno del juego es un problema de salud mental reconocido y cuenta con intervenciones psicológicas basadas en evidencia.
Las apuestas deportivas muestran además una transformación más amplia: el juego ya no necesita un lugar físico ni un momento concreto; puede acompañar cada partido dentro del bolsillo. Esa accesibilidad no convierte automáticamente a los jóvenes en personas adictas, pero sí cambia las condiciones en las que aprenden a relacionarse con el riesgo y el dinero. La prevención empieza precisamente ahí: ayudándoles a entender que apostar no es una habilidad deportiva ni una forma fiable de ganar, sino una actividad de azar diseñada para que, a largo plazo, el operador conserve la ventaja.

Javier Ares Arranz
Javier Ares Arranz
Psicólogo especialista en Depresión, Ansiedad y Pareja.









