Desde el inicio de la pandemia de COVID-19 hemos ido incorporando todo tipo de hábitos en nuestro día a día para protegernos y reducir el número de contagios. Las mascarillas, el distanciamiento social y el lavado de manos frecuente se convirtieron en conductas que hacíamos cada día.

Con el paso del tiempo, el miedo de principios de la pandemia se ha ido transformando en agotamiento, cansancio por vivir en una crisis que está durando demasiado y que hemos vivido con mucho estrés.

La gente ha empezado a ser menos cuidadosa en los últimos meses pese a que ya estamos en la segunda ola de la pandemia. Parece que ya no se toman tan en serio las medidas sanitarias, mezcla de desconfianza hacia las autoridades y el hartazgo de no poder recuperar nuestra antigua vida normal: ha llegado la fatiga pandémica. Veamos en qué consiste.

¿Qué es la fatiga pandémica?

Tras casi 10 meses de pandemia, cuidándonos de todas las formas posibles para evitar el contagio por COVID-19, no pudiendo hacer vida normal y enfrentándonos a importantes pérdidas económicas, muchas personas han empezado a descuidarse un poco y ya no se toman tan en serio las medidas para evitar contraer el coronavirus.

Pese a que los datos indican que estamos viviendo la segunda ola de la pandemia, muchas personas están empezando a pensar eso de “si no me he contagiado antes, ¿por qué debería contagiarme ahora?”.

La Organización Mundial de la Salud ha empezado a hablar de un nuevo término para describir la situación psicológica y la dejadez sanitaria que muchas personas están empezando a manifestar: la fatiga pandémica. Se trata de la desmotivación para seguir las recomendaciones de protección y prevención, desmotivación que va en aumento a medida que va pasando el tiempo.

Según los expertos la fatiga pandémica es una respuesta natural a la crisis. El confinamiento, la distancia social, tener que llevar mascarillas y no poder realizar muchas de las cosas antiguamente normales ha supuesto un cambio muy profundo en nuestras vidas. Como la crisis se ha ido alargando, más larga es su capacidad para afectar a nuestra salud mental, lo cual ha dado como consecuencia esta situación de desmotivación y desinterés por qué hacer para evitar el virus o cómo está yendo la situación en general.

La OMS ya ha realizado varias encuestas para conocer en qué porcentaje la población está manifestando los síntomas propios de la fatiga pandémica. En el caso europeo se ha visto que cerca del 60% de la población manifiesta este problema como consecuencia de la adversidad sostenida y no resuelta que está suponiendo ser la crisis del coronavirus, habiendo datos que apunta que el desgaste emocional es todavía peor de lo que era en el pico de marzo.

Síntomas de la fatiga pandémica

Como hemos comentado, la fatiga pandémica puede definirse como el desgaste emocional producido por la situación de pandemia actual, en especial a casua de las preocupaciones que surgen en torno a las restricciones y las medidas impuestas para reducir los contagios por COVID-19. Esta fatiga lleva consigo pérdida de la motivación por mantenernos informados sobre la pandemia e, incluso, podemos dejar de seguir las medidas preventivas para mantenernos sanos.

La principal consecuencia de la fatiga pandémica es que la población está relativizando el riesgo del COVID-19. Es decir, son cada vez más las personas que no ven como algo tan grave contraer el virus o no creen que haya muchas posibilidades de que se contagien, pese a que los datos epidemiológicos a nivel mundial indican justo lo contrario. Como la población deja de seguir las medidas para evitar contagios o no las cumplen a rajatabla, estas medidas propuestas e impuestas por los gobiernos están perdiendo efecto.

Pese a que la idea de la fatiga pandémica se podría considerar como algo bastante reciente, ya se ha propuesto una serie de síntomas que la definen:

  • Tristeza y preocupación
  • Frustración e irritabilidad
  • Alteraciones del sueño: dormir mucho más o mucho menos de lo habitual
  • Falta de concentración
  • Nerviosismo
  • Pérdida de motivación
  • Pensamientos negativos frecuentes

Fatiga pandémica y estrés

Como comentábamos, tanto en una pandemia como en cualquier otra situación de crisis es normal que, a la larga, haya una pérdida de interés y los ánimos estén bajos con sintomatología propiamente depresiva. Si la crisis es muy larga es normal que la población empiece a tomarse menos en serio la situación, aunque no dejen de vivirla con preocupación y su salud mental se vea afectada.

Al principio de la pandemia los sentimientos más comunes eran el miedo, porque no se conocía cómo iban a evolucionar los acontecimientos; la resignación, al ver cómo todos nuestros planes y estilo de vida se desmoronaban; y la sorpresa, puesto que prácticamente nadie se imaginaba a principios del 2020 que íbamos a vivir una larga pandemia mundial.

Sin embargo, con el paso de los meses el temor inicial ha sido sustituido por la fatiga y un cierto descuido, combinado con el enfado puesto que la gente está harta de tener que reducir los contactos sociales, especialmente ahora que se acercan las Navidades.

Pero pese a que han sido varios los sentimientos y las posturas que han cambiado a lo largo de la pandemia ha sido una emoción la que ha estado todo el rato a nuestro lado: el estrés. De hecho, ha sido el estrés el causante de la fatiga pandémica que estamos experimentando en estos momentos.

El estrés es un mecanismo que se pone en marcha cuando una persona vive una situación altamente demandante, en la cual tiene que poner muchos recursos físicos y mentales y se pone tensa tratando de superar de la mejor manera el problema al que se enfrenta. Si el problema que despierta esta respuesta se mantiene por largo tiempo, la persona va desgastándose física y mentalmente, haciendo que cometa más errores y se vuelva más vulnerable a los daños que esa situación pueda ocasionarle.

En nuestro caso, el problema ha sido la pandemia, la cual todavía no se ha solucionado. Hemos vivido estresados durante estos últimos 10 meses, un estrés que se ha combinado con otros de tipo más personal que teníamos de antes, convirtiéndose en una auténtica bomba de relojería para nuestra salud mental. Es un círculo vicioso: cuanto más tiempo dure el estrés, más fatiga habrá y, consecuentemente, más cansancio, agotamiento e irritabilidad, unido a menos ganas de cumplir con las medidas sanitarias.

¿Cómo evitarla?

Los gobiernos y las autoridades sanitarias están en la obligación de evitar la fatiga pandémica en la población aplicando medidas, educando a la ciudadanía y tomando la suficiente prevención con la intención de asegurarse de que la gente no se toma demasiado a la ligera el gran peligro en el que se ha convertido el COVID-19.

Teniendo en cuenta esto y recomendado por la OMS en Europa, los gobiernos deberían tener en cuenta lo siguiente para evitar los efectos de la fatiga pandémica.

  • Identificar y entender por qué la población experimenta fatiga pandémica.
  • Hacer partícipe a la población como parte de la solución para la pandemia.
  • Permitir que se haga vida normal mientras se reduce el riesgo de contagio.
  • Identificar cuáles son las dificultades a las que se enfrenta la población a causa de la pandemia.

Debemos entender que cuanto menos en serio nos tomemos las medidas de protección y prevención, como llevar bien puesta la mascarilla, lavarnos frecuentemente las manos, salir solo para lo imprescindible y reducir los contactos sociales, más vulnerables seremos al COVID-19. Igualmente, para evitar que esta situación se dé, debemos seguir las siguientes recomendaciones que ayudarán a que no sintamos fatiga pandémica y, por lo tanto, no dejemos de ser responsables para con nuestra salud y la de los demás.

  • Dormir entre 6 y 8 horas al día.
  • Tener buenos hábitos de alimentación y alimentarse saludablemente.
  • Realizar ejercicio cada día.
  • Evitar sobreexponerse a demasiadas noticias sobre el COVID-19.
  • Practicar técnicas de relajación, respiración, meditación y/o yoga.
  • Respetar la distancia social al salir a la calle.
  • Optar por contactar con familiares y amigos por vía telemática antes que quedar presencialmente.
  • Aceptar que se está estresado y recurrir a un profesional.

Pero lo que es más importante de todo esto es educar sobre el estrés, principal factor de riesgo para presentar no solamente fatiga pandémica sino cualquier otro problema psicológico. Tratando adecuadamente el estrés y adquiriendo estrategias para hacerle frente se está obteniendo una importante protección no solo frente a la fatiga pandémica sino también frente al virus, puesto que como íbamos diciendo cuanto menos bajemos la guardia menos probabilidades habrá de contagiarse.

Debemos entender que acudir a un psicólogo no es nada malo, y mucho menos ahora que estamos viviendo una situación tan estresante, únicamente comparable con la Segunda Guerra Mundial. Que todo el mundo esté pasando por lo mismo no significa tampoco que aquel que pide ayuda sea débil, sino más bien al contrario, es una persona fuerte que busca mantenerse sana y sobrevivir a esta pandemia que tanto daño está haciendo a nivel económico, social, sanitaria y psicológicamente.

Referencias bibliográficas:

  • García, M. (2020). Fatiga pandémica por el Covid: ¿cuáles son sus síntomas y cómo se supera?. España: redacción médica.
  • Chavarrías, M. (2020). Fatiga pandémica; qué es, cómo se manifiesta y cómo tratarla. España: elDiario.es.
  • Uricare, J. (2020) Fatiga pandémica: ¿qué es y cómo tratarla? Venezuela: eldiario.