Muchos fármacos, sobre todo los que están en su fases tempranas de desarrollo, pueden provocar diversos efectos secundarios.

Uno de los más extraños en el síndrome del conejo. A continuación descubriremos en qué consiste este fenómeno, cuál es la sustancia que lo provoca y cuáles son las bases neurológicas para que suceda.

¿Qué es el síndrome del conejo?

El síndrome del conejo, conocido con el término médico de temblor periodal, consiste en una serie de movimientos involuntarios que son repetitivos, verticales y rápidos (se estima que su frecuencia es de 5 ciclos por segundo, o 5 Hz) en la zona de la boca, asemejando el movimiento característico que realizan los conejos, por lo que esta patología toma de esa acción su nombre.

Está causado como efecto secundario de algunos compuestos farmacológicos (más adelante exploraremos en profundidad de cuáles se trata), y su aparición se suele dar tras mucho tiempo habiendo tomado el tratamiento, pudiendo ser tanto meses como años el factor temporal desencadenante de este trastorno.

El síndrome del conejo está dentro de los llamados síntomas extrapiramidales, o bien efectos secundarios extrapiramidales (puesto que son generados como un efecto no deseado por el consumo de un compuesto farmacológico neuroléptico o antipsicótico), que son aquellos trastornos que afectan al movimiento de una parte del cuerpo, bien por reducir la capacidad de mover cierta parte de la musculatura, o bien porque se generan movimientos involuntarios, como es este caso.

Síntomas

Los movimientos provocados por el síndrome del conejo comprometen a toda la musculatura labial y del aparato masticatorio.

Sin embargo, no estarían afectando a los músculos de la lengua, como sí hacen otros trastornos similares, como puede ser la disquinesia tardía, por lo que, en ese sentido, no supondría una traba para el sujeto que lo padece a la hora de tragar los alimentos, aunque sí para realizar otras acciones, como es el hecho de masticarlos.

Prevalencia

En cuanto a la prevalencia de este peculiar trastorno, sería de entre un 2,3% y un 4,4% de todos aquellos pacientes que han sido medicados con antipsicóticos, aunque existen algunos casos (muy pocos, eso sí), en los que los afectados por el síndrome del conejo no habían consumido neurolépticos anteriormente, por lo que serían otras las causas que estarían dando lugar a esta patología.

Causas

Al afectar a unas zonas musculares tan concretas (toda la que implica la acción mandibular y del movimiento de los labios, pero no de la lengua, como ya hemos visto), los estudios indican que la disfunción de estos movimientos provendría del área cerebral de los ganglios basales, en concreto de la estructura que conforma la pars reticulata dentro de la sustancia negra.

Toda esta parte de nuestro sistema nervioso es la responsable de conectar y mandar información desde los propios ganglios basales hacia otra estructura llamada colículo superior (encontrado en los manuales también como tectum o techo óptico), que estaría situada dentro del mesencéfalo.

Las causas para la aparición del síndrome del conejo, como ya se ha mencionado, provienen del consumo de ciertos tipos de fármacos, que podemos dividir en dos grupos, en función de aquellos que tienen una alta probabilidad de desencadenar este efecto secundario y aquellos que también pueden provocarlo pero en menor medida, por lo que es menos probable encontrarnos dicho síntoma.

El primer grupo de fármacos son los llamados de alta potencia. En esta categoría podríamos destacar tres diferentes, que serían el haloperidol (conocido comercialmente como Haldol), la pimozida (que se vende como Orap) y la flufenazina (cuyo nombre en farmacias sería Prolixina). Todos ellos son diferentes tipos de neurolépticos o antipsicóticos, utilizados en patologías muy diversas que van desde la esquizofrenia hasta el trastorno bipolar o el síndrome de Tourette.

Los otros tipos de compuestos médicos que, en menor medida, también podrían desencadenar el síndrome del conejo serían el aripiprazol, la olanzapina, la tioridazina y la clozapina. Igualmente, se trata de diversos tipos de fármacos antipsicóticos o neurolépticos, diseñados para trastornos como los vistos anteriormente (Tourette, esquizofrenia o trastorno bipolar), y también otros, como el trastorno esquizoafectivo, la psicosis, algunos tipos de tics, autismo, trastorno depresivo mayor, etc.

Existiría una última categoría, donde entrarían los fármacos que pueden llegar a provocar el síndrome del conejo como efecto secundario aún consumiendo pequeñas dosis de dicha medicación. Es el caso de la risperidona, otro antipsicótico más, en este caso orientado al tratamiento de patologías como el autismo, la esquizofrenia o el trastorno bipolar.

Tratamiento con anticolinérgicos

Ya hemos visto cuáles son los complejos químicos que pueden causar el llamado síndrome de conejo, pero, ¿cuál sería la forma de revertir ese proceso para lograr que el paciente deje de experimentar esos molestos movimientos involuntarios de su boca? Para ello habría que recurrir a otro tipo de fármacos diferentes. Se trata de los anticolinérgicos.

Los anticolinérgicos se utilizan para impedir que se libere un tipo muy concreto de neurotransmisores: la acetilcolina, ya que son los responsables de comunicar, desde las neuronas a los músculos, que deben iniciar el movimiento. Al impedir su dispersión, se estaría evitando, en este caso, que se llevasen a cabo movimientos involuntarios, como los implicados en el síndrome del conejo.

El problema es que los anticolinérgicos, a su vez, también pueden desencadenar diferentes tipos de efectos secundarios, siendo el más frecuente el conocido como antisialogogo, que se refiere a que disminuye la segregación de saliva en el paciente, por lo que puede tener constantemente la sensación de tener la boca seca. Igualmente, pueden tener un pequeño efecto de sedación, por lo que es una sustancia muy utilizada en operaciones, ya que ambos efectos son útiles en dichos procedimientos.

Pero no son los únicos efectos secundarios que pueden provocar los anticolinérgicos. También pueden generar problemas de coordinación a nivel motor, aumentar la tasa cardíaca, secar las mucosas de la nariz, impedir la sudoración, generar algunos problemas de visión como problemas de enfoque o visión doble, dificultades para retener la orina al dormir, reducción del movimiento intestinal, y otros.

En cuanto a la afectación transitoria del sistema nervioso central, los anticolinérgicos pueden hacerse notar provocando un estado de desorientación y confusión, sentimientos de agitación, un vaivén entre la disforia y la euforia, dificultades para concentrarse, alteraciones de la memoria o dificultad respiratoria, entre otros.

A pesar de esta larga lista de posibles efectos adversos, los anticolinérgicos no solo se utilizan para tratar el síndrome del conejo y otros trastornos, sino que algunas personas utilizan esta sustancia como droga, y generar el llamado síndrome anticolinérgico agudo. Puede ocurrir voluntariamente, buscando una experimentación, o por error, al tomar una dosis mayor a la prescrita.

Aparte de los efectos vistos antes, se pueden sufrir alucinaciones, una agitación a nivel psicomotor de carácter grave e incluso en casos extremos, cuando la dosis ha sido muy elevada o el paciente tiene unas condiciones que lo predisponen a tal efecto, un coma. Es importante, por lo tanto, tener en cuenta que todas estas sustancias son muy peligrosas si no se toman bajo unos estrictos criterios médicos, por lo que no se debe jamás experimentar por cuenta propia o tomar más cantidad de la prescrita por el profesional.

Disquinesia tardía

Aunque generalmente encontramos el temblor periodal o síndrome del conejo como un trastorno propio, algunos manuales prefieren incluirlo como un tipo concreto dentro de la llamada disquinesia tardía. La disquinesia engloba todas aquellas patologías caracterizadas por el padecimiento de movimientos involuntarios.

La disquinesia, o discinesia, puede manifestarse de formas muy diversas. Por ejemplo, con temblores que pueden ir desde zonas muy concretas del cuerpo (a nivel labial y mandibular, como es el caso del síndrome del conejo) o bien de otras zonas, e incluso a nivel global. Pero también puede darse la corea, el movimiento descoordinado y constante de las extremidades, en lo que se conoce popularmente como el Baile de San Vito.

También pueden darse ciertos tipos de tics, más o menos severos, e igualmente pueden manifestarse en zonas diversas de la musculatura del sujeto. Igualmente, se incluyen en las disquinesias las contracciones involuntarias de diversos grupos musculares, como las distonías o las mioclonías.

Y, dentro de las disquinesias, las de tipo tardía, que es la que nos ocupa, por incluir el síndrome del conejo, harían referencia a aquellas causadas por el consumo de fármacos neurolépticos, es decir, de antipsicóticos, como hemos detalladamente antes.

Referencias bibliográficas:

  • Rebello, P.; Rao, P.P.; Nayak, P.; Mascarenhas, J.J.; Mathai, P.J. (2018). Risperidone induced rabbit syndrome. Neurology India. Publication of the Neurological Society of India.
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  • Villeneuve, A. (1972). The Rabbit Syndrome a Peculiar Extrapyramidal Reaction. Canadian Psychiatric Association Journal.
  • Yassa, R.; Lal, S. (1986). Prevalence of the rabbit syndrome. The American journal of psychiatry.